domingo, 5 de septiembre de 2010

LUIS NONES, EL MARIDO QUE PERDÍ

A Luis Nones, por la historia que nunca terminó de escribirse.





Luis Nones es uno de esos escritores con algo de talento, que mendiga sin éxito en el ciberespacio, la fama y la fortuna para la que genéticamente están negados. Es gay. No lo acepta, pero lo es. Tiene una novia a la que engaña conmigo (y con muchos chicos más) pues a veces nos acostamos, me la mete o deja que se la meta, o deja que se la mame en el malecón. Hace poco me dijo que ya no podía verme con tanta frecuencia pues el trabajo y su novia no le dejaban tiempo. Le dije que todo estaba bien y... que me lea el lunes. (Hoy, lo debe estar haciendo)


Luis está obsesionado con parecerse al escritor Jaime Bayly que innegablemente es un amor, pero es una pena, si de algo puedo estar seguro, es que eso nunca podrá ser posible. No por que yo lo diga, claro está, sino que resulta siendo evidente la antonimia no solo física, también intelectual que existe entre los dos. Es un vulgar imitador de sus poses, sus frases y hasta su risa, algo así como un Oscar Gayoso. Lucra con el nombre del escritor y sin consentimiento alguno, tiene cuentas sociales en donde ofrece, al mero estilo de un vendedor ambulantes, libros, fotografías, camisetas y un sinfín de productos relacionados con el escritor. Pase, pase caserita, que le sirvo.

Se cruzó en mi camino en el programa de Bayly al que asisto, igual que él, todos los domingos religiosamente desde hace tres años. Nunca le tomé importancia. Siempre me pareció un sujeto parlanchín y jactancioso, de poco nivel cultural y económico. Lo escuchaba hablar de Jaime, o de las cosas que hacía Jaime, o de las cosas que pensaba Jaime como si fuese él mismo. Me causaba gracia. No me causaba rencor, para mí, simplemente, no existía. En el programa las adorables chicas de producción Carmen y luego Ana, siempre me sentaban en primera fila y para él que siempre fue un asistente de medio pelo, estaba reservado siempre un lugar en la segunda o en la tercera. Esto, supongo, lo hacía odiarme o preguntarse qué coño había hecho yo para que me sentasen adelante suyo. Yo no había hecho nada. Solamente asistir fielmente al programa, ser prudente, educado y divertirme con Jaime, osea, comportarme como siempre.

Lo vi siempre rodeado de mocosos presumiblemente en edad infantil y de mentalidad escolar, a los que llevaba al programa con el fin de demostrarles que él conocía a Bayly, que él les conseguía las entradas (que en ese tiempo, y valgan verdades, eran difíciles de conseguir. Coño, pregúntenme a mí como hice para ir por primera vez) y que seguramente lo leían y lo alaban con el mismo ánimo y la misma imparcialidad con la que lo hubiese hecho su madre. En ese tiempo nunca lo leí. Es más sería mentir si digo que sabía de que escribiera. Pero él sí sabía que yo escribía. Obviamente en un blog, aunque modesto, más leído que el suyo. Y afirmo esto, ya que en varias ocasiones, y con la maldad y envidia que luego descubrí habitar en él, comentó varios de mis artículos, tildándolos de todo: desde primariosos hasta Baylysístas. ( Y mira quién lo dice, don Jymmi Jr.) Comentarios que como pueden suponer los que me conocen, me valieron siempre un huevo. Así es señores comentaristas camuflados en el anonimato que les da su miserable vida: Sus comentarios me valen un huevo, no solo los de Luisito, todos, absolutamente todos, hasta los que me felicitan. Sería un tonto si me los creo. Ni soy un buen escritor ni pretendo serlo. Y muchos menos ando pregonando como Luis, lo tan buen escritor o lo tan premiado que soy.

Mi vida no tendría nunca que haberse mezclado con la suya pero un día en el baño del canal y a pocos minutos de que comiencen a grabar el programa, Luis me habló. Me preguntó si yo era Diego. No, soy Yola Polastri, le dije. Sonrió. Tu tienes un blog ¿no? Pajas. Ahmm sí, dije tímidamente y pensé: ahora saca el cuchillo y me mata por que este tiene una pinta de homofóbico reprimido. Pero no me mató. Me dijo que me leía, que le gustaba como escribía. Es un imbécil, pensé de al instante. Me dí cuenta de inmediato que quería ligar conmigo y lo peor que puedes hacer para ligar conmigo es darme bola. (Con cualquiera, creo)

Salí corriendo del baño. Pero algo en mí cambió luego de esa cita: me dí cuenta que Luis era un roedor al que podía manipular a mi antojo las veces que sea. Y decidí tirarmelo.

Me lo tiré no al mucho tiempo. En un hotel bonito que está al final de la avenida Brasil. Acordamos en vernos seguido y en que los dos llevaríamos la vida de siempre: novias, novios, alcohol, drogas, todo igual. Y respetamos el acuerdo hasta que apareció Luciana, una púber deseosa de ser penetrada por cualquier varón abyecto que desee cortejarla. Ese supuesto varón abyecto fingió ser Luis.(Y sigue fingiendo ser) Hasta ese momento todo fue bien: yo seguía jugando con Luis, seguíamos haciendo el amor dos veces por semana, Luis seguía dándome algo del dinero que ganaba vendiendo camisetas; pero un día Luis me tuvo que dejar plantado. Hay se jodió el Perú, bueno exagero, en ese momento se jodió Luis Nones.

La culpa quizá la tiene mi mami. De verdad, no se rían. Mi mami desde niño de dijo que yo era un principito al que nadie podía dañar o dejar plantado y ese día, cagando de frío en el malecón de Miraflores, Luis no me hizo sentir como el principito que mami siempre me dijo que era. Allí se jodió todo, frente al mar de Miraflores.

Luis hoy sigue con su novia. Le dice que la quiere, que la ama, que nunca la engañará. No lo juzgo, yo a Fiorella le decía lo mismo, pero cuando veía una pinga sabrosa al frente todo el amor que sentía por ella se esfumaba. Lo mismo le está pasando a Luis. Es una pena, pero suerte chicos, les deseo lo mejor y bueno cuando quieras podemos hacer un trio. Llámame, tienes mi móvil.

lunes, 30 de agosto de 2010

ELEFANTES COLOR DE ROSA


Y entre tragos y tal vez por su vergonzoso estado, me preguntó por qué lo miraba tanto. Me gustas, le dije. Nos besamos torpemente. Avergonzados. Evitando ser vistos. Pero a esa hora, las seis de la mañana, a muy poca gente le importaba quién o qué se besaba a su lado.




Salgo de mi casa de madrugada y no llego hasta muy entrada la mañana. Mi mamá piensa que ando en malos pasos, se lo ha dicho a mi papá. A mi papá le valió un huevo. No ando en malos pasos, estoy enamorado de un cantante.



DIA 1

Salgo con unos amigos a una discoteca de Barranco. Es raro que salga, sobre todo un miércoles, pero me gusta el ambiente de ese lugar, me gusta la gente que se intoxica incesantemente a mi lado, me gusto yo dentro de esa discoteca. Tomo una limonada, evito la cerveza y los cigarros. No bailo, solo muevo mis hombros al ritmo de una salsa pegajosa. En la mesa del lado hay un homosexual que me mira con descaro. Lo miro mal, es un feo de campeonato, por gente como él existe la homofóbia. Mis amigos bailan con chicas de las que yo desconfío. En general yo desconfío de todo mundo, pero de estas chicas con pinta de peperas desconfío mucho más. Ellas les preguntan por mí, mis amigos les piden que eviten hablarme o ser graciosas conmigo, le dicen que no soy educado. Yo sonrío cuando leo sus labios desde mi mesa. Ya son más de media noche y acaba de entrar la primera orquesta, la discoteca es una locura, hay gente de tope a tope. Creo que soy el único que esta sentado, los mozos retiran algunas mesas para que las parejas bailen con mayor comodidad y a pesar que la gente reprueba mi ociosidad, yo sigo sentando, sumamente cómodo sobre estas enormes posaderas con las que me bendijo el Señor. Todo es igual, todo es lo mismo, nada me parece raro hasta que veo el movimiento pelvico de uno de los cuatro cantantes de la orquesta de salsa. No es exagerado, es simplemente excitante. Me lo como con la mirada. Pocas veces he visto a una persona con tanta desesperación, con tanta necesidad. Les pregunto a mis amigos por él y vaya que Dios existe, uno de ellos me dice que lo conoce, que se llama Anthony, que es su amigo, que estudiaron juntos, que se la come doblada. Hoy como carne, pensé. Ahora ya sabía como se llamaba y por lo menos ya me había visto directamente a los ojos unas cuatro veces. No podía pedir más. Sí podía. Le pedí a mi amigo que le pasará la voz, que lo saludara. Lo hizo, Anthony lo miró, le sonrió y le dijo que ya bajaba. Preséntamelo now. Al terminar la canción el cantante bajó a darle un abrazo a mi amigo. Me puse de pie para que nos presentaran. No quiero parecer una fan enamorada pero estoy sumamente nervioso. Toque la mano sudosa de Anthony sin el mayor asco, por el contrario, esos micro segundos traté de alargarlos al máximo pues pensé que sería la ultima vez que estaría tan cerca de él. No fue así.

Cuando Anthony volvió al escenario todo fue distinto. Al interpretar sus canciones se la pasó mirándome a mi. Después y para mi sorpresa mi amigo me enseño un mensaje en su celular: Termino de tocar a las 4, esperenme Anth. Yo te esperaría toda la vida, le escribí desde el celular de mi amigo. Algo que debió confundirlo y lo noté cuando leyó el mensaje en el escenario mientras cantaba, porque no firmé el mensaje. Terminó de tocar y se fue con su orquesta a otra discoteca. Lo esperaríamos, ya estaba disidido.

Anthony llegó. Subimos a VIP, algunos de mis amigos se despidieron. Al final solo quedamos un amigo, Anthony y yo. Estaba cansando, sin voz y su nariz era una aspiradora de coca en grandes proporciones. Me ofreció. Paso, le dije. Y entre tragos y tal vez por su vergonzoso estado, me preguntó por qué lo miraba tanto. Me gustas, le dije. Nos besamos torpemente. Avergonzados. Evitando ser vistos. Pero a esa hora, las seis de la mañana .a muy poca gente le importaba quién o qué se besaba a su lado. Anthony estaba pasadaso. Le dije que lo llevaba a su casa. Vivo en Barrio Altos, me dijo. Entonces te quedas en un hotel, yo pago. Solo nica, dijo. No te vas a quedar solo, va a ver muchas parejas tirando a tu lado, le dije. Entonces yo también quiero tirar, me respondió. Sonreí. Creo que lo complací como todo buen caballero que soy.




DIA 2

No sé a qué hora me acosté. Han pasado varias semanas desde que nos vimos por primera vez en Barranco Bar. Solo estoy seguro de que hoy no quiero ir a trabajar. Solo quiero dormir, dormir bastante por que en la noche tengo que ir a recoger a Anthony de una discoteca en Zarate. No sé donde exactamente queda Zarate, pero no importa, yo no soy taxista, no necesito saberlo. Anthony hoy toca hasta las tres de la mañana. Quiere que vaya a verlo, pero le dije que no, que lo espero afuera. Le llevo una bufanda y comida en un taper. Anthony sale, espera entrar al taxi para besarme. Me agradece la comida, no te hubieras molestado. No es molestia, le digo, en mi país le llaman amor.



Hace semanas que hago eso. Pero no me incomoda, me agrada. Y si antes no dormía nada ahora ya solo me acostumbré a dormir con él, a soñar con él. Esta es la razón por la que nunca paro en casa mami. No es como Miguel de Menudo, es Anthony, toca en la mejor orquesta de timba de Perú y es mi chico, mi elefante color de rosa.
 
Diego Alonso,

domingo, 25 de julio de 2010

EL ULTIMO INTENTO

A JP, por enseñarme que pequeño es el mundo (o Lima).


Mientras Erick decía eso, Diego ya estaba frotando su sexo que poco a poco iba creciendo. Erick beso a Diego fuertemente. Parecía que desde hace mucho no estaba con un hombre. A Diego le gustaba estar así, besando a un hombre prohibido, a un hombre de Dios.






Cierra los ojos y ábrele tu corazón al señor -dijo Erick.

Diego cerró los ojos y trató de concentrarse. No pudo. No sabía como abrirle su corazón al Señor pero se moría por abrirle la bragueta al bello muchacho que lo discipulaba.

Diego fingió concentrarse. Erick le pidió que repitiése las mismas cosas sin sentido que él decía. Diego lo hizo. Trataba de no reírse.

Qué coño hago acá, pensaba Diego.

Llora si deseas -dijo Erick.

Pero Diego no deseaba llorar; deseaba a Erick, deseaba que Erick lo haga llorar. (o gemir)

Erick era un chico joven y apuesto que además de ser músico era uno de los doce líderes de una iglesia cristiana. Diego, el chico problema, le fue asignado a él para su evangelización y su reconversión al cristianismo. Diego intentó creer en Dios como la ultima opción para salvar su vida. Estaba huyendo de su pasado y de las cosas que lo estaban destruyendo.

Diego trató de fingir sollozos. Erick lo abrazo como consuelo. A Diego le gusto que lo abrazara y ahora fingía más.

Siempre estaré a tu lado para ayudarte - dijo Erick- confía en el Señor y Él te protegerá.

Diego cogió la mano de Erick, a esas alturas ya la tenía dura.

Erick, quiero confesarte algo - dijo Diego- A veces pienso en chicos y creo que estoy mal.

Pero no tiene nada de malo pensar en chicos, yo también pienso en ti, en Jean Piersito, en Julio, en todos mis discipulos -dijo Erick.

Claro, pero creo que no me entiendes. Yo aveces pienso en chicos y los imagino conmigo, sobre mi -dijo Diego, a sabiendas que el comentario incomodaría a su interlocutor.

Hijo, yo no soy nadie para juzgarte -dijo Erick sonrojado - Por ultimo, yo también he cometido errores. Muchos errores. Pero el Señor es bondadoso y siempre me perdona.

¿Acaso a ti también te han gustado los hombres? -preguntó impertinentemente Diego.

Alguna vez, hace mucho -respondió Erick.

Pero eso no se puede curar, morirás con eso -dijo Diego, casi convencido de que Erick era un gay reprimido.

A veces uno recae, pero todo es cosa de luchar. Yo hace mucho que no pienso en eso, me dedico a ustedes y a Dios - dijo Erick.

Es una cabrazo, pensó Diego.

Apostaría a que recaes - dijo Diego, tratando de probarse así mismo.

No sé si este bien que hagamos eso, Diego...

Mientras Erick decía eso, Diego ya estaba frotando su sexo que poco a poco iba creciendo. Erick beso a Diego fuertemente. Parecía que desde hace mucho no estaba con un hombre. A Diego le gustaba estar así, besando a un hombre prohibido, a un hombre de Dios.

Erick paró bruscamente y le dijo a Diego: ni una palabra de esto a nadie. Diego asintio con la cabeza y se dirigió directamente a buscar el sexo ergido de su lider.

Lo beso con pasión hasta cansarse. Luego Erick entró en él.

Al terminar Erick le pidió a Diego orar.

Diego lo miro a squeado y le dijo. Anda ora con tu vieja, maricón concha de tu madre.

Diego salió de la casa de Erick sabiendo que nunca más volvería ni a su casa ni a su iglesia. Y que nunca sería cristiano y mucho menos un buen hijo de Dios. Amén.

Diego Alonso.

miércoles, 21 de julio de 2010

GUSTOS

A Luis,





No soy un buen amigo y tampoco un buen amante. No me gusta hablar mucho por teléfono y mucho menos gastar mi saldo haciéndolo. No me gusta que me hables de tu vida, de tu vieja o tus amigos a los que sin conocer ya detesto. Me gusta que respetes mis silencios y que conserves el don de la prudencia y el buen gusto. Me gusta que me escuches hablar de política y que me celebres que quiera ser presidente y que me digas que presidente me queda chico, que yo podría ser hasta rey. Te adoro. Detesto que me levantes a las ocho de la mañana para decirme: gordito, te quiero. Y detesto más aún que me leas.

Adoro que mis amigos me alaben, que eleven mi ego al cubo. Detesto que mis amigos, o los que dicen ser mis amigos que son casi todos, me digan que escribo bien. Sé que mienten. No me gusta que me corrijan y sobre todo que me enamoren. Me gusta sentirme solo pero más me gusta pensar que me siento solo. Me gusta decir que no tengo amigos y detesto saber que de verdad no los tengo. Me gustan mis amigos. Me gusta acostarme con ellos.

Detesto que me digas como vestirme y peor aún que me digas con que no vestirme. No me gusta que uses faldas. Siento envidia. No me gusta celarte pero me encanta que me celes. Me gusta escribirte y preferiría que no me escribas. No lo haces tan bien. No me gusta lamer tu sexo ni que lamas el mío. Me fascina hacerte el amor. Ojo, no más de tres veces. El cuerpo ya no me da.

Me gusta tener amigos lejos, verlos a lo mucho dos veces al año y eso. De lo contrario no podrían ser amigos míos, pasarían primero a ser mis amantes y luego, como es obvio, mis enemigos. No me gusta que mis amigos me llamen y mucho menos que los que no me llaman den el numero de mi celular a los que quieren llamarme. No me gusta prestar plata. Me gusta pagar por servicios. (Espero que me entiendan)

Me gusta que me digas antisocial. Ya fui muy social en el colegio, linda. Me gusta que me digas pastrulo pero detesto que te fumes el porro sola. Me gusta decirte cosas sucias al entrar en ti. Detesto a veces pensar en otra persona cuando estoy contigo. Me gusta contarte cosas sobre mis ex novias o novios. Adoro que me hables de tus exs. Detesto hablarte de mi vida privada. Prefiero que la leas en mi blog.
Detesto que confien en mí. Evitenlo, porfa. Detesto que mis amigos supongan que debo guardar sus secretos íntimos y que estoy condenado de por vida a serles fiel y leal. Yo no soy fiel ni leal ni confiable. No lo soy, lo siento. Pero los quiero, qué hago, los re-quiero.

Detesto que me lleves a discotecas. Me encanta que tú vayas a discotecas y que te agarres a chicos lindos y al día siguiente me lo cuentes todo bañada en lagrimas. Me gusta que me hagas el amor pensando en ellos. Me gusta que me digas que me amas sobre todas las cosas y que me perdonas todo. Hasta escribir.
No me gusta que mis amigos me inviten a sus cumpleaños y que supongan que debo acordarme de ellos o enviarles algún regalo. No me acuerdo bien del propio cumpleaños de mis padres y muchos menos, por el amor de Dios, podría acordarme del de ellos. No me gusta que me hagan prometerles que esta vez no fallaré. Coño, sí fallaré. Pero me encanta decir siempre a todo que sí. Sobre todo a las invitaciones aún sabiendo que no iré.

Me gusta que quieras tirar en el cine. Me gusta decirte que no a todo y que tu me digas: gordo aburrido. Me gusta decirte, llámame luego, estoy trabajando. Me siento importante. Me gusta decirte: te amo pastrula. No me gusta que me digas: no dejes la universidad, no seas huevón. Me gusta decirte: no te metas en mi vida, la tuya está suficientemente jodida como para que te metas en otra. Me gusta pedirte perdón cuando fui muy duro al hablar. Que es casi siempre.

Me gusta que mis amigos me pregunten cosas que ellos no saben. Me gusta que me digan: señor intelectual, que planes pal sabado. Me gusta que me digan, oe cuándo publicas?. No me gusta que me digan: cuando escribres sobre tu cache con el profe de historia?. Me gusta fumar hierba con mis amigos, pero me gusta más si la hierba les ha costado a ellos y no a mí. No me gusta presentar a mis amigas. Me gusta hacerme el maricón con ellas para despues poderlas ver calatas cuando se bañan.

Me gusta amarte. No sé si me gusta que me ames. Me da miedo. No quisiera dañarte. No soy una buena persona y lo sabes. Solo espero no fallarte.

Detesto contar que me acoste con mis amigos, con casi todos. Pero estoy condenado hacerlo. Ojala me sepan disculpar. Y si no, da igual, me gusta tener enemigos.

Alonso.

martes, 9 de febrero de 2010

LA REPUBLICA INDEPENDIENTE DE MI ENTREPIERNA

Gracias Jaime.

"El pene es la maquina perfecta, es la unica que trabaja cuando se para."





La república independiente de mi entrepierna es rebelde y soberana. Se maneja con absoluta independencia de mis deseos y antojos. Es ella quien decide a quien debo tirarme, o por quien me debo de dejar tirar o simplemente pensando en quien debo masturbarme. Es opresiva y dictatorial, siempre anda emancipada o en busca de posibles víctimas. No distingue raza ni sexo ni condición social y mucho menos religión. Es una república sumamente bélica y conflictiva, que anda siempre maquinando un plan para hacerle daño a alguien. Es ella quien me manipula y me obliga a escribir artículos que yo no quiero hacer; es ella quien se aprovecha de mi debilidad mental y me somete a sus perversiones y me presiona para que cuente las depravadas historias que me toco vivir con personas igualmente confundidas que yo, pero que a fin de cuentas tampoco tienen la culpa de serlo.

La república independiente de mi entrepierna desde hace mucho que se desprendió de la razón o de mis sentimientos, ahora ella se maneja con total autonomía, se rige con sus propias reglas y suele ser sumamente dura con las personas que la lastiman o que juegan con ella. Es de por sí el ser mas vengativo que cohabita conmigo. Cuando no fabrica espermas lo único que hace es planificar venganzas, elaborar historias ciertas o falsas que vinculen a las personas que la hirieron o que no le permitieron invadirlas. Yo simplemente soy un esclavo de mi entrepierna y soy consciente que siéndolo he perdido amigos, amantes y más que eso, pero yo no puedo luchar contra eso, ya me canse de luchar contra eso, lleve muchos años de mi vida tratando de ganarle la batalla a mi entrepierna y no pude, fue una batalla sangrienta llena de llantos y lamentos, un batalla en la que muchas de las personas que quiero o que quise se inmolaron heroicamente tratando de ayudarme o tratando de hacerme entrar en razón, pero no pude, mi entrepierna me venció; así que simplemente me he dejado conquistar y he cedido a sus antojos, me desvivo por complacerla, por procurarle el placer que siempre le fue esquivo o que mejor dicho, siempre traté que le fuera esquivo. Invierto para ello mucho dinero, busco la manera de conseguir personas cada vez más arriesgadas y peligrosas, intento darle en gusto en todos sus caprichos y cuando de un día para otro me pide que escriba sobre alguien con quien hice el amor, lo hago, así pierda amigos o mejor dicho, supuestos amigos que se acostaron conmigo pero que hoy no se acuerdan de nada y se horrorizan al leerme o así toda la comunidad cristiana se moleste conmigo.

Yo solo pido que respeten la decisión valiente que he tenido de confesar que me dejo manipular por mi entrepierna más que por mi lógica o mi razón, y así como algunos se dejan manosear por líderes de sal que lo único que hacen o intentan hacer es lucrar de una manera escandalosa, yo me dejo gobernar por un ser sumamente frio y calculador, pero no por eso poco inteligente, yo diría que mucho más inteligente que mucha de la gente que me critica, y siento mucho si peco de soberbio, pero es la verdad, si le tomamos una prueba de coeficiente intelectual a mi pene y a algunos de los individuos sin secundaria completa que balbucean comentarios chapuceros contra mí persona o contra las cosas que escribo, les aseguro que mi entrepierna se los lleva de encuentro.

La única diferencia entre ellos y yo, es simplemente el hecho de que yo digo en público lo que hago o lo que hice, sin temor al qué dirán o al que pensarán, en cambio ellos, que aún siguen en el closet y que seguramente seguirán allí, nunca lo harán, porque se cagan de miedo y porque nunca tendrán los huevos que me jacto de tener para hacerlo. Seguirán jodidos, confundidos, enojados conmigo y me odiarán y me seguirán odiando porque reconocen en mí, la persona que ellos nunca podrán ser.

Es válido dejarse manipular por alguna parte del cuerpo. Hay gente, la más tonta creo yo, que se deja manipular por el corazón o los sentimientos, esa gente, normalmente, es la gente que siempre termina siendo dañada por alguien o la que busca cierta gente para manipular a su antojo. Los que se dejan manipular por la razón o la lógica siempre andan buscándole tres pies al gato, siempre andan buscándole un motivo o un fin para lo que hacen, algo que no siempre tiene que ser así, porque las verdaderas cosas importantes de la vida nunca tienen un motivo, siempre suceden porque sí, porque así debieron suceder. Yo me dejo manipular por mi entrepierna, que es de por sí la manera más fría de ver las cosas, una manera de actuar por instinto sin dejar de lado el cálculo y la felicidad.

Y a pesar de que muchos se arrepientan de habérsela cruzado en su camino y simplemente hoy la nieguen y pretendan limpiar su imagen, todos muy bien saben quienes fueron víctimas de la república independiente de mi entrepierna y si es que no, pues para esto estoy yo y con esa finalidad creé este blog, para difundir las ideas, no sé si validas o invalidas, pero ideas al fin, que se le ocurren a mi entrepierna.

Diego Alonso Granadino.

lunes, 1 de febrero de 2010

LA MIERDA QUE LLEVO DENTRO

A mí.

No hay placer mas exquisito, que cagar bien despacito.




Si de algo puedo estar seguro es que estoy completamente lleno de mierda. Sé que mucha gente coincidirá conmigo en lo que afirmo, es más, la gente que nunca ha coincidido conmigo, que se entiende es gente honorable y sumamente culta, hoy, después de leerme, estará por primera vez de acuerdo con lo que escribo.

Desde hace algunas semanas lo único que he hecho es expulsar mierda de mí, mierda en demasía, mierda excesivamente pestilente. La causa de este extraño fenómeno, dicen algunos, es la falta de afecto o mis conocidas ganas por llamar la atención, pero ahora, para variar, nuevamente se equivocan queridos amigos míos porque la causa del deplorable estado en que me encuentro es justamente una causa o puede ser un ceviche o quizá una papa rellena o es tal vez el resultado de una vida llena de excesos gastronómicos como la que he vivido tratando de emular a mi tío Gastón Acurio.

De niño normalmente no solía ir al baño a menudo. Iba a lo mucho dos veces por semana y eso. Era el extreñidito de la familia, al que le procuraban una mayor cantidad de yogurt, su abundante ración de salvado de trigo y cuanto tratamiento casero que apareciera en Hola Perú. Nada de eso tuvo efecto pues mi vida siempre ha estado contra el tiempo, siempre he procurado estar activo las veinticinco horas al día y sentarme a cagar (así como dormir) me parecía una grandiosa pérdida de tiempo. Así que por ello lo evitaba y le dedicaba los pequeños entretiempos de mi agenda semanal.

Pero ahora mi aparato excretor ha colapsado y quizá estoy cagando todo lo que no cague nunca. No puedo creer que tenga tanta mierda dentro, me parece increíble tener que sentarme en cinco inodoros diferentes en el día. Debe parecerles gracioso, pero ojala que nunca les pase, no saben lo que es tenerte que bajar del taxi en el que te vas a estudiar para meterte a cualquier grifo a evacuar el vientre porque sabes que con el tráfico del Javier Prado no llegarás al baño de la facultad y terminarás cagándote en el pantalón.

Esta es mi agenda diaria:
Apagar el primer despertador programado para las cinco y media de la mañana.
Apagar el segundo despertador programado para las cinco y cuarenta de la mañana.
Apagar el tercer despertador programado para las seis en punto de la mañana.
Bañarme y desayunar. (No soy dogmatico: a veces no me baño y a veces tampoco desayuno)
Cagar por primera vez en el día (si no lo hago en casa porque es tarde, aprovecho el tráfico de la Javier Prado y me meto a algún grifo)
Clases en la universidad.
Me fumo un porro.
Cago por segunda vez, normalmente a las doce del día. (dicen algunos que es producto del porro que me fumé (Dengue))
Almuerzo algo a la volada (normalmente una causa, un ceviche o una papa rellena)
Corro a mi trabajo. (y si no corro yo, obligo al taxista o al conductor de la combi a que corra él)
A las cuatro y media aproximadamente cago por tercera vez. (horario variable dependiendo de mi ánimo y del trabajo que tenga)
A las nueve salgo de trabajar y me voy a comer algo con mi novia. ( o a comérmela a ella)
A las doce y media estoy llegando a mi casa desesperado porque necesito cagar por cuarta vez.
A la una de la mañana comienzo a leer o escribir y normalmente me estoy acostando a las tres de la mañana no sin antes programar a mis sufridos despertadores a los cuales golpeo, cuando se les ocurre sonar como no he golpeado a nadie nunca.

Así que cago cuatro veces al día y siempre en cantidades considerables, porque sé que algunos dirán bueno pero cagará por pedazos o de a poquito, y a esos yo les respondo: ¡No! Yo nada de lo que hago lo hago de a poquito, todo lo hago bien, completo, sin dejar residuo alguno. Mis deposiciones no tienen que ser la excepción de la regla.

Cagar de esa manera no tendría que ser un problema, el problema radica en que nunca puedes tener tanto papel higiénico como para limpiarte el culo de una manera honrosa y tienes que agenciarte otros medios, bastante bajos, por cierto, pero que en momentos de emergencia nunca están de más. (hablo de las separatas de la universidad, las guías telefónicas, tus cuadernos y ya si eres más fino y tu potito y se puede raspar usa tu santa biblia). Aunque con eso no estás contribuyendo a la lucha por salvaguardar el medio ambiente. (el papel lo hacen de los pobres arboles del amazonas)

Pero Si de algo puedo estar orgulloso son de mis mierdas y aunque muchas veces me ponen en aprietos por ejemplo cuando quieres hacer el amor y acabas de cagar o sientes que dentro de muy poco cagarás, ya me iré acostumbrando a tener que dejar un poco de mí ser en todas partes, como me acostumbré a escribir mierda o a tener amigos que son una reverendas mierdas.


Diego Alonso Granadino.

miércoles, 27 de enero de 2010

LO QUE YO DESEARÍA

A Claudio Zola y su mujer.

Los deseos se cumplen, solo si los deseas. Mi abuela


Yo desearía que la Constitución Política del Perú prohibiera que en las universidades particulares se dicten clases a las siete y media de la mañana, es más, desearía, si no es mucho pedir, que en las universidades particulares no se dicten clases nunca (por algo son particulares, digo no).

Yo desearía dormir unas cuantas horas más al día, que significaría aumentarle más horas al día o disminuir las labores que realizo al día.

Yo desearía, y ojala Diosito me escuche, que mi profesor de Realidad Nacional (un tal Pastor Talledo) sea confundido con un director de algún penal de Lima y sea asesinado de tres certeros balazos en la cabeza, el corazón y los huevos.

Yo desearía que Jean Carlos A. deje de fingir ser un cristianito arrepentido y reconozca, si es que en verdad tiene huevos (y sí que los tiene, yo los probé), que se acostó conmigo y que le llega al orto ser cristiano y que todo este teatro simplemente lo hace para no perder el apoyo de sus padres.

Yo desearía que el hijo de Karol P. no llegue a conocerla nunca, que Dios, en un acto preventivo la recoja de esta tierra de una manera bonita (para que no sufra la pobre); no sé, tal vez puedo sugerir un infarto, una bala perdida o cualquier otra muerte instantánea que le evite a esa pobre criatura (me refiero al bebé) conocer a una madre tan cojuda.

Yo desearía que Fiorella C. no pueda procrear ningún hijo más, algo que para ella y su novio sería un gran ahorro (las bajadas de motor en Lima no son nada baratas, y lo digo por experiencia); desearía que las pastillas o brebajes que utilizó para bajarse a mi hijo, le hayan destrozado la matriz y la imposibiliten de seguir desechando las pobres vidas de niños inocentes que nunca le pidieron venir al mundo. Eso sí que sería justicia.

Yo desearía intercambiarle a Dios la mamá de María Claudia por su papá y por qué no, a ella también, pues mi posición es la siguiente: creo que Dios se hueveó al llevarse a Camucha y si me fuese posible canjearla por alguien, lo haría por su esposo al que considero un reverendo hijo de puta (y que para variar, es cristiano). Eso me demuestra que Dios solo escoge a los peores.

Yo desearía que la gente que dice que me conoce no ande diciendo que me conoce o que conoce mi corazón o mi pulmón o mi riñón. ¿Quién les ha dicho que me conocen? ¿Cómo pueden probar conocerme? Tal vez Jean Carlos, Erick, Ian, Paulo, el Chasqui, entre otros, conozcan mi poto o hayan entrado en él, pero esto no les da la capacidad de conocerme; por eso a los que dicen conocerme muy a fondo los invitaría a entrar en mí, por mi puerta trasera o de lo contrario desearía que Diosito les enviara una fotografía mía calato.

Yo desearía que Jean Pierre A. me de clases particulares de Derecho Penal, es más, le solicito formalmente al Decano de mi facultad que lo consideren dentro de la nomina de catedráticos de la Facultad de Derecho y si no fuese mucho pedir, le solicito al rectorado la condecoración Honoris Causa, por su profundo trabajo desempeñado en el estudio del artículo 132 del Código Penal.

Yo desearía que Claudio Zola y su mujer sean enviados a Haití a predicar la palabra de Dios. Desearía poner a prueba su vocación pastoral de esa manera, porque queda claro que no es lo mismo ser pastor evangélico todos los domingos en un salón con aire acondicionado del Swiss Hotel, que ayudar a la gente más necesitada en las zonas más alejadas, en donde las limosnas, por supuesto, no existirán.

Yo desearía ser una buena persona y escribir de una mejor manera o escribir de una peor manera y convertirme en una peor persona.

Yo desearía que David se canse de tener sexo con Sonia y se divorcie de ella y que además le quite todo, la deje en la calle, junto con la indiada de su familia (o su tribu, mejor dicho), y que nunca de los nunca la deje embarazada; desearía que Sonia contrajese una extraña infertilidad incurable, no desearía que David enviude, eso no, tampoco puedo ser tan ingrato con las personas que semana a semana de dedican a publicitar mi Blog.

Yo desearía que a Ciro Ayala, se le genere un cáncer de colon y que lo inhabilite de cagar y que muera lentamente auto-intoxicándose con su misma mierda.
A Elizabeth V. le desearía morir cruelmente golpeada por uno de sus clientes, que se haya negado a pagarle por sus servicios sexuales; y a su principal cliente: Victoriano, le desearía morir tirando, como se lo merece, el gran Victoriano, el viejito pinga loca.

Y por último, desearía que los cristianos solo se dediquen a leer la palabra de Dios y a predicarla y no a leerme a mí y mucho menos comentarme, aunque, como soy un caballero (o una dama, no sé qué piensen ustedes), debo darles las gracias a todos por haberme leído y por seguir haciéndolo.

Diego Alonso Granadino.

lunes, 11 de enero de 2010

EL EXCOMULGADO

A los amigos que perdí, por el solo hecho de no pensar y actuar como ellos.

"Y, en su propia inseguridad, dios creó al demonio, sino ¿ante quien se vería como el bueno?" Diego Granadino.



David y Sonia son mis amigos y también son cristianos. Yo no soy cristiano y por eso, David y Sonia no me consideran su amigo. A mí no me interesa ser cristiano, tal vez no ahora, quizás más adelante, y siempre y cuando pueda percibir las mismas remuneraciones mensuales que un pastor evangélico o por lo menos, una tajada de las limosnas dominicales.
David y Sonia quieren ser pastores pero ya no quieren ser mis amigos y se entiende: los pastores ganan buena plata, en cambio conmigo, solo ganaron problemas y les aseguro que de seguir siéndolo, los seguirán ganando.
Yo me hice llamar cristiano con el solo afán de no defraudarlos, de seguir siendo su amigo, de no perderlos. Ellos fingieron ser mis amigos para involucrarme su causa, para ganarme, para llenarme la cabeza de cosas en las que, estoy seguro, ellos nunca creyeron ni creerán.
Yo siempre les he sido franco pues los considero mis amigos y estoy convencido de que solo con los verdaderos amigos, puedes darte la libertad peligrosa de ser todo lo sincero que puedas. Yo les digo las cosas como son, como las pienso, como preferiría que fuesen.
David y Sonia piensan que mi sinceridad es un pecado, que estoy poseído por algún demonio que me manipula a su antojo y que me direcciona cual ventrílocuo, y ellos, pese a ser cristianos, viven sus verdades a medias, de las verdades que creen convenientes, lo demás no existe, son ataques, infamias, calumnias, tretas para llamar su atención y distraerlos de sus funciones pastorales.
Yo llevo muchos años de conocerlos, he visto de cerca todo su proceso de transformación, he sido un testigo silencioso de su obsesión por formar un minúsculo grupo que llegue a congregarse en pleno por lo menos tres semanas consecutivas, y los he visto fracasar y nuevamente reinventarse.
David y Sonia llevan muchos años de conocerme –Sonia más que David- y en ese tiempo solo me han pedido que colabore con ellos, que crea en sus sueños, que me comprometa realmente, y yo, porque son mis amigos y aunque no lo crean los quiero, lo he hecho ad honorem cuando lo han requerido, de la forma que sea, incluso más convencido que ellos de llegar a la meta.
Yo no soy cristiano y tampoco me muero por serlo, tal vez algunos dirán que escribiendo de esta manera tampoco puedo ser hijo de Dios, y bueno, quién sabe, bastardos existen hasta en las mejores familias.
David y Sonia no son pastores pero sí que se mueren por serlo; invierten para ellos la mayor parte de su tiempo y las bastantes reducidas cantidades de dinero que perciben por sus trabajos mediocres y todo con el fin supremo de cobrarse todo con intereses el día en el que el jefe de la misión –un tal Claudio Zola, que tiene una pinta de coquero del carajo- se digne, tal vez por compasión o como premio a su perseverancia, a ordenarlos pastores de su propia iglesia, aunque eso, como dice el pastor Luis Vela, es altamente improbable.
A mí me gustan las chicas y los chicos y desde hace un par de años no me incomoda decirlo. Creo que callándolo estoy ocultando mi verdadero yo, que no estoy siendo sincero con la gente que me rodea pero sobre todo conmigo mismo.
En cambio ellos prefieren que lo oculte, que mienta, que aparente ser un probo hijo de Dios, que aprenda de ellos que también tiene que fingir; pero yo no puedo, por eso he fracasado como cristiano y por eso, David y Sonia ya no son mis amigos.
Yo escribo desde muy niño, escribo historias irreales que tienen como base mi vida, pero siempre –casi siempre- está exagerada, o descrita a manera de utopía o de la manera en que yo quisiera que hubiese ocurrido.
David y Sonia saben que escribo y me dicen, tal vez falsamente, -y no me sorprendería- que no lo hago tan mal y me piden que cambie mis contenidos, que fabule con Dios; me dicen que conocen de mi llegada a la gente, que conocen de mi facilidad para hacer amigos y también –por qué no- lectores, y me explican que escribiendo sobre supuestas apariciones divinas, señales celestiales, etc., lograré que una gran masa de jóvenes se conviertan a Cristo y yo estoy seguro que jamás caeré tan bajo, que jamás tendré la necesidad de engañar a nadie de esa manera, ni por plata ni por mi salvación y mucho menos por David y Sonia.
Yo a veces escribo sobre personas que están vinculadas a mi vida -o a mi cama- y que coincidentemente también están vinculadas a las penitentes vidas de David y Sonia y quizá, por eso, estos santos señores se creen con el cívico derecho de reprocharme y recriminarme el hecho de mi indiscreción y yo por supuesto me defiendo y les explico que todo lo dije en honor a la verdad, que tener esos secretos guardados en mí son como tener un nudo oprimiendo mi pecho.
David y Sonia, que son cristianos y que aspiran –y seguirán aspirando- a ser pastores, me piden que mienta, que oculte la verdad, que me desmienta a mí mismo pidiendo disculpas públicas a los afectados, que se entiende, son cristianos y por consecuente, sus amigos.
Yo les digo que no puedo retractarme, que lo haría siempre y cuando hubiese mentido o escrito palabras inexactas, pero ese no es el caso, todo lo que dije es más que cierto y por supuesto que tengo como probarlo.
Ellos me pronostican un mal final, me auguran el infierno, ya ni siquiera me dan una esperanza, me acaban de condenar; ellos, los pastorcillos de Belén, me acaban de hacer la cruz, me acaban de excomulgar.

Diego Alonso Granadino.

lunes, 28 de diciembre de 2009

¿DÓNDE ESTOY? ¿QUÉ HORA ES? ¿POR QUÉ ME DUELE TANTO EL CULO? PARTE 2 (CONTINUACIÓN)

"La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena." El chavo del Ocho

(CONTINUACIÓN PARTE 1)

No puedo explicar como o porqué pero sí que debió gustarme pues no opuse resistencia. Me deje ultrajar como una buena puta y seguramente el violador es un gran pingón.
Me limpio con cuidado con ayuda del papel higiénico, al parecer sigo sangrando. Solo ahora comprendo el malestar de las chicas al menstruar.
Sin querer, el saber que estoy emanando sangre del trasero me ha quitado todos los malestares del rebote, ahora solo estamos el dolor de mi culo y yo.
Me baño, me lavo el culo para que no se infecte, el agua que se resbala por mis piernas, cae a mis pies y se cuela por las rendijas del piso de losetas es semi-rosada. Salgo del baño. Me taconeo el culo con papel higiénico, me pongo los pantalones sin calzoncillo, me pongo gotas a los ojos, cuento mi dinero, me pongo la camisa los zapatos y las medias y luego cojo mis cosas y me voy de ese cuarto inmundo donde me rompieron el culo.
Le pregunto a la recepcionista dónde estoy y me dice que en un hostal en el centro de Lima; le pregunto si tiene una Inka colita bien helada y me dice que sí, que a tres cincuenta, y yo pienso que estoy es un robo a mano armada, que no hay respeto por los convalecientes. Le pago y le pregunto si le debo algo más, me dice que nada, que mis amigos pagaron todo, y yo le doy las gracias y salgo con mi mochila al hombro, caminando como pato y sé que la recepcionista me esta mirando el poto y que esta sonriendo golosa por que se imagina lo que me pasó anoche, por que se imagina que me rompieron el culo.
Paro un taxi y me subo, me dice a dónde y le digo al Comercio y le pido que apague su Radiomar plus por que me siento mal, el taxista lo hace de mala gana; suena mi celular, es mi mamá, le contesto y le digo que estoy bien que no se preocupe y al toque le cuelgo, no estoy para sermones y en eso me entra la curiosidad por saber si tomé alguna foto desde mi celular anoche o deje alguna pista que me ayude a dar con los culpables, y sí, claro que las tomé. Hay están los desgraciados, salen sonrientes, felices, cómplices, como si supieran exactamente que me romperían el culo, como si lo hubiesen calculado desde hace mucho.
Yo solo sonrío y me digo que ha llegado la hora de vengarse y que le voy a romper el culo no solo a ellos si no a cualquier ser humado que se me cruce por enfrente y aunque no estoy bien sentado, en el fondo me siento bien pues el solo hecho de maquinar mi venganza me entretiene; pero a estas alturas de la mañana solo de dos cosas estoy seguro: de que no cagaré en mucho tiempo y de que si este viejo calvo no se apura, llegaré tarde al trabajo.





(PARTE 2)



Nadie dijo que una venganza fuese fácil pero intentar vengar a tu mancillado poto es una misión laboriosa, peligrosa y está demás decir que excitante.
El proceso de recuperación es lento pero ya noto las mejorías, mi evacuación intestinal, que lógicamente era mi mayor preocupación, la estoy llevando a cabo con éxito gracias a unos laxantes muy buenos y aunque sigo convaleciente e tratado de seguir con mis labores diarias, que son muchas normalmente. Ahora solo una cosa me perturba y me quita el sueño: el vengarme de los dos mequetrefes que ingresaron en mí sin el debido consentimiento y peor aún, por la puerta falsa.
Pude saber quienes eran gracias a la nunca menos apropiada cámara fotográfica de mi teléfono celular. Una cámara que de por sí siempre pensé inservible y desdeñable, pero que ahora me ha servido para reconocer a los mercenarios pinga loca que me horadaron el culo.
El solo hecho de reconocerlos y saber quienes son es una sorpresa. Nunca pensé que tan buenos muchachos, bastante heterosexuales ellos, por cierto, con novias riquísimas y además críticos tan feroces de blog´s de ambiente, se hayan dejado fotografiar tan placenteramente con sus sexos erguidos, tocándose unos a otros, permitiéndose la osadía de ingresar a mi boca los dos a la vez. Ver las fotos me provoca una sonrisa enorme, no hay crimen perfecto, pienso.
Pero que clase de avaros mentales pueden ser estos imbéciles para dejarse fotografiar por un ser tan peligroso como yo. Que pensarían estos anormales amigos míos, que me quedaría en silencio lamentándome y amedrentado por su bravuconería infantil. Pues no. El hecho de que también te gusten los hombres no te hace maricón, los maricones fueron ellos, que aprovechándose del estado inecuánime en que me encontraba (o en que me encuentro), forzaron una penetración que en un inicio debió ser negada, pero en fin, no me quejo, esos son los riesgos que uno asume, pero los reto a que así sano como estoy ahora, bueno me acabo de fumar una troncho pequeñito hace un momento para darme coraje, se atrevan a sodomizarme, verán lo que les espera.

Entonces, como les decía, he visto las fotos y me he fumado un tronchito para planear la venganza por que aunque no lo crean así pienso mejor, y se me ocurre la genial y temeraria idea de descargar esas fotos a mi computadora y enviárselas a todo ser viviente que tenga una dirección de correo electrónico activa.
No es una buena idea desde el punto de vista de las consecuencias que traerá, pero siento que es mi deber jurídico reivindicar a mi poto que a sufrido una violación a sus derechos humanos.

Descargo las fotos y las voy enviando, primero a sus novias, luego al correo universitario de la facultad, luego a los catedráticos y al decanato y finalmente a nuestros amigos en común. Coloqué las fotos y un titulo en letras de colores que decía: Los críticos de ambiente. (En alusión a que uno de ellos en un artículo bastante primarioso, criticó la defensa de uno de mis compañeros a un fallo del Tribunal Constitucional a favor de los homosexuales)

Envié las fotos desde un correo recién creado y noté el inmediato impacto que esto causó en toda mi comunidad universitaria. El chisme y las fotografías se esparcieron de inmediato, y por lo que sé hasta el momento, sus novias los han dejado públicamente y ellos aún no dan la cara, se encuentran como no habidos.

Me sentí feliz y vengado, esto es como haber ganado un juicio, como haberlos condenado a la cadena perpetua de llevar sobre su espalda el yugo doloroso y vergonzante de una travesura imperdonable, que les ha costado la reputación y tal vez les cueste la carrera.

Abro mi correo y entre otras cosas veo un correo anónimo, lo leo y dice: Cuídate maricón, te rompimos el culo pero ahora te vamos a romper la cabeza.

lunes, 21 de diciembre de 2009

¿DÓNDE ESTOY? ¿QUÉ HORA ES? ¿POR QUÉ ME DUELE TANTO EL CULO? PARTE 1

A "Caligula".

No siempre tu último día de clases en la universidad tiene que ser bueno, y tengo como probarlo.









Algún Hotel desconocido, Avenida Washington, Centro de Lima.

Son las ocho de la mañana, por lo menos eso puedo ver en mi reloj. Hace unos segundos he abierto los ojos, he despegado mis parpados abruptamente preguntándome al unísono: ¿Dónde estoy? ¿Qué hora es? ¿Por qué me duele tanto el culo?
Gracias a Dios, o mejor dicho, al generoso obsequio de mi amigo Gianfranco, puedo saber que hora es y por lo que veo estoy en un hotel: hay botellas en todas partes, hay restos de cigarros y todo huele como a cantina, incluso yo. De manera que ya sé qué hora es y donde estoy y tal vez que estuve haciendo, ahora solo me falta saber por qué me duele el culo.
La cabeza me va a explotar, todo me da vueltas, presiento que no he dormido mucho, pero estoy seguro de que no podré dormir más. A las nueve en punto debo entrar a trabajar y puedo fallar en todo menos en eso pues la buena plata que gano me tiene esclavizado y me obliga a ser responsable. Trato de recordar qué pasó, como llegué hasta aquí y no puedo, solo vienen a mi mente borrosas imágenes de escenas tan lejanas que sería increíble pensar que sucedieron anoche. Estoy jodido, pienso. Veo la cama e intento recuperar sensaciones, intento sentir que fui feliz sobre ella, huelo sus sábanas y por mi nariz se filtra un olor a sexo a ron a cerveza a marihuana a sudor de hombre, todos fusionados haciendo un mismo aroma, un aromas que me es muy familiar y que está acabando con mi vida o por lo menos me está dejando unas ojeras del carajo.
Tengo dieciocho años y he vivido esta escena muchas veces, tal vez algún día no tendré la suerte de levantarme y me moriré o me morirán, de esta manera tan chicha, tan putañera, pero tan acorde con mi persona. Tengo una sed de mierda, tengo la boca amarga y la nariz irritada. Voy encontrando más pistas: también hubo coca. Trato de buscarla, miro a todos lados y sobre la mesa de noche encuentro entre otras cosas a mi solitaria tarjeta BCP y esa es una señal inequívoca de que mi acompañante o acompañantes se llevaron la restante y me dejaron un rebote horroroso, el peor de mi vida.
Y así, sin moverme, me toco el sexo, que como siempre hasta estas horas de la mañana anda lleno de sangre, asomando la cabeza por algún lado del calzoncillo. Lo toco y luego me llevo los dedos a la nariz: huele a mujer, a coño de mujer. Y ahora sí que no entiendo nada. Lo más lógico era que el co-protagonista de tal desmadre sea un hombre, pero como nada de lo que es lógico resulta siendo tal, mi pinga me huele a coño de hembra y a mí me duele harto el culo.
Qué grande la tengo, pienso. Y ya que pocas veces tengo el placer de verla así, comienzo a masturbarme, más por la curiosidad científica de descubrir si una buena paja te quita el dolor de cabeza, que por placer. Me vengo rápido y en demasía, eso confirma solamente una cosa: que anoche hice de todo menos eyacular. Me limpio con la sábana y pienso brevemente en las personas que se dedican a lavar las sábanas de los hoteles, que innoble labor; por eso estudio y voy a la universidad cinco horas diarias, por eso tengo que llegar a las nueve a mi trabajo, para nunca lavar nada pero para poder ensuciarlo todo.
La cabeza me duele mal y hasta más que antes, aunque no es por nada pero que alivio es sacarte un poco de leche de los huevos, bendito sea el que invento las pajas.
El tiempo que resta para las nueve se va reduciendo y yo aún no he hecho nada ni he descubierto al culpable o los culpables de mi deplorable estado. Se me viene a la mente las peperas pero descarto esa posibilidad al percatarme que mis cosas de valor, entre ellas mi celular, mi billetera, mi nextel, se encuentran a salvo también en el suelo. Eso me permite sospechar que los que estuvieron conmigo anoche son personas de mi absoluta confianza. Pienso en Renato, pero él es un pituquito, el jamás entraría a estos mataderos, se enrroncha y además él no me hubiese dejado aquí tirado a merced de nadie. Él me hubiese llevado en su carro a su casa por que sabe que a mi casa en este estado no llego ni cagando, y me hubiese puesto gasitas calientitas sobre la ñata y me hubiese dado harta Cocacolita para la sed. Además refuerza la tesis el hecho de que Renato hace semanas que no se aparece por la universidad y estoy seguro de que tampoco se imaginaba que ayer fue el último día de clases.
Claro, eso es, el último día de clases, por eso estuvimos tomando y por eso seguramente ahora estoy acá.
Intento levantarme y siento que no debí hacerlo. Me duele todo pero más el culo por eso me levanto de costado y con mucho esfuerzo me pongo de pie. Creo que sigo borracho y estoy haciendo algunas muecas. Arrastro los pies y trato de hacerlo ordenadamente para no irme debruces y cortarme la cara con tanta botella que hay en el suelo. Se me hace tan lejano el baño que pienso que mejor sería mear sobre el piso pero me muero de sed y quisiera tomarme hasta el agua del inodoro. Al pararme se hizo más notorio el malestar en mi baja espalda: me siento como en mi primera vez con Juancito Vargas, que me dejo en cama por semanas, sin la posibilidad de sentarme y peor aún sin la posibilidad de cagar. Qué gran pingón el loquito, saludos a Italia.
Al fin llego al baño, abro la llave del caño y tomo agua de una manera exagerada, atorándome. Lo peor del rebote es que nunca dejas de sentir sed y al principio te desesperas pero ahora, que ya me manejo en la materia comprendo de que todo es cosa de controlarse.
Dejo de tomar agua y me dispongo a orinar y ya no puedo más , me vence el cuerpo ,por eso me siento sobre la taza, me bajo el calzoncillo y orino sentado. Qué rico es orinar sentado. Yo quisiera ser mujer por el solo hecho de orinar sentado, es muy complicado orinar de pie: siempre teniendo que apuntar bien, siempre al cuidado de no gotear o salpicarte y lo peor de todo es que muchas veces sin limpiarte. Y ya casi cuando he terminado creo comprender el motivo del dolor en mi culo. Es un descubrimiento que me paraliza y me aterra y me hace temblar. Toda la parte trasera de mi calzoncillo está cubierta por una pasta rojiza que está entre seca y húmeda y que innegablemente es sangre en grandes cantidades. Me paro asustado y veo que mis piernas también están ensangrentadas. Lógicamente no me ha venido la regla: me han roto el culo. Literalmente me han roto el culo y de la manera más estúpida: en la inconsciencia.

(La parte dos continua el próximo Lunes)

miércoles, 16 de diciembre de 2009

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE LA GRIPE H1N1

"UN AÑO DE PAJAS"

A TODOS LAS PERSONAS QUE COMPARTIERON EL AMOR EN TODAS SUS FORMAS O DIMENSIONES CONMIGO.
DIEGO.





Hace cuatro años le hice el amor por primera vez a una mujer. Fue un comienzo accidentado, lleno de temores, bochornos y sin la protección debida de un preservativo. Fue un acto de amor aunque también de miedo. Me embargaba el temor de no dar la talla, de no durar lo suficiente, de no poder ocultar mi conocida inapetencia por lo femenino. Pero al fin y al cabo terminé sobrecogido por una mujer a la que no amaba en ese momento, pero a la cual terminé amando con locura más tarde. Y fue quizá ese acto cómplice, el que logró enamorarnos y mantenernos juntos por tanto tiempo, esa es mi teoría, no sé que dirá ella.

Recuerdo que en la primera oportunidad que tuve de estar junto a ella fui yo el que declinó. Cabe indicar que para eso, yo antes había hecho alarde de mis supuestos mil y un encames frente a ella, que por ese entonces era solo mi mejor amiga. Pero en ese momento y frente a su sexo desnudo, no supe ni siquiera como actuar y dije la primera estupidez que se me vino a la mente: Fiore, yo te respeto, creo que vamos muy rápido. Eso, por supuesto, me valió muchos puntos a mi favor, y quedé, afortunadamente, como el chico respetuoso y correcto que ella siempre creyó que fui.
Inmediatamente después de este episodio, corrí a mi barrio y busque la ayuda experimentada de los que hacía mucho desvirgaban mujeres por doquier. Les conté mi drama y traté de entender sus rampollescos consejos al máximo pero a la vez iba aplazando o evitando las oportunidades que tendríamos para concretar lo que evidentemente tendría que pasar tarde o temprano, eso, por lo menos, era lo que pronosticaban nuestros besos y tocamientos apasionados.

Hasta que el día llegó y tan tonto no soy, sabía que de no dejar que las cosas fluyan quedaría mal parado o crearía dudas innecesarias en ella y quise evitarme esos problemas más que por orgullo, por miedo. Ella hizo todo, lo confieso. Yo solo me dejé hacer el amor y sinceramente fue una de las más grandes decepciones de mi vida. No llegamos a terminar y no sé si ella llegó a notar mi inexperiencia y mi fracaso, pero luego estuve un gran rato encerrado en el baño masturbándome y tratando de expulsar todo lo que no pude en mi naufragio.
Intentamos hacerlo muchas veces más y el resultado fue el mismo: la frustración de no eyacular nunca. Era un amor incompleto, que te dejaba un sabor amargo en la boca y que nos mantenía en silencio, sudorosos, oliendo a sexo.
El día de su fiesta de quince años hicimos el amor por primera vez o mejor dicho, llegué a eyacular en ella por vez primera. Toda su familia estaba muy cerca del cuarto en que lo hacíamos y quizá por eso, el riesgo digo yo, fue lo que llegó a excitarme medianamente. Cuando lo logramos, recuerdo, lloramos mucho, palpamos el preservativo, conocimos al plural de mis células confundidas encapsuladas dentro de ese jebe maloliente y respiré profundamente totalmente convencido de que por fin era un hombre, que no me separaría de esa mujer nunca y que era una delicia hacerle el amor, que no volvería a estar con un hombre nunca más, aunque ya mucho tiempo después, me convencí que estaba equivocado.

Desde ese momento descubrimos que lo que verdaderamente nos excitaba era el hecho de sentirnos acechados, descubiertos, pillados. Y gracias a esa extraña costumbre, procuramos hacer el amor en los lugares más peligrosos y a la vez interesantes que pudimos. No era lo mismo hacer el amor en un hotel mala muerte de la avenida Habich en San Martín de Porres, encerrados frente a un televisor de 21 pulgadas con cable y canales para adultos, que hacerlo fuera del baño en el que su mamá se bañaba o hacerlo en la misma cama en que su hermana mayor dormía y en donde nosotros también fingíamos dormir profundamente. Cosas como esas hacían que nuestro amor sea especial pero a la vez peligroso. Cada vez buscábamos un lugar más excitante, hacer el amor en su casa o en la mía con nuestros padres rondando ya no significaba nada, queríamos más. Llegamos a hacerlo en un bus, la línea treinta y tres, que va de Gamarra a Canta Callao, en el asiento de al fondo, cubiertos por mi casaca y moviéndonos al compas del carro, que por cierto estaba semi-vacio. Lo hicimos también en el baño de la academia Trilce, exactamente la que se encuentra en la cuadra trece de la Arequipa, ella sentada sobre el tanque de agua del inodoro, a una altura considerable que evitaba que le vean los pies y yo parado frente a ella, tapándole la boca con las manos para que no haga ruido y evitar que ser descubiertos. Muchos otros lugares que hoy se escapan de mi memoria fueron también testigos silenciosos de nuestra fabricación del amor, lugares que aun sigo frecuentando y que me traen recuerdos imborrables, recuerdos que nunca podré describir.

Luego descubrí el amor con otras mujeres y desde hacía mucho tiempo atrás con otros hombres y gracias a eso entendí que no todas las personas con que te acuestas son memorables, las situaciones, los lugares, los momentos exactos, las hacen memorables e indescriptibles. Ahora hago el amor con frecuencia, no siempre me resulta gratis, pero intento buscar en él, las dosis de peligrosidad del inicio, aunque no siempre es tan fácil conseguirlo o no siempre consigues a la persona que este dispuesta a intentarlo. Por eso a veces tienes que pagar y no me avergüenza el hecho de decir que a veces tengo que pagar por amor, no siempre tampoco, pero las veces que lo tengo que hacer, lo hago y creo que te sientes mejor, disfrutas del producto que has comprado, lo aprovechas al máximo.

Resulta más cómodo irte a un hotel con una chica pero tal vez no tanto si es que vas con un hombre, digamos que en ese caso siempre existe un poco de vergüenza. Vergüenza que por supuesto yo se manejar muy bien, pero que en el caso de mis inexpertos acompañantes, que casi siempre son distintos, no puedo reprimir, por eso he cambiado de escenarios y hoy el baño del segundo piso de mi facultad, al cual no entra nadie y aun no me explico porqué, se ha convertido en el lugar que acoge mi amor en todas sus dimensiones todas las semanas (sobre todo cuando tengo clases de Lógica Jurídica). Ese baño es un lugar místico, desolado y no por eso menos acogedor, y además cuenta con un diseño sonoro que encapsula los gemidos y onomatopeyas propias del amor.

Nunca he sido descubierto, ese es mi mayor orgullo. Creo que si de algo se puede jactar una persona es de la cantidad de lugares en que haya hecho el amor, no de la cantidad de personas, hombres o mujeres, de eso no, tan solo de las veces en que se entrego al deseo, a sus más bajos instintos, a las ganas descontroladas de entrar en alguien o de dejarse poseer por alguien, de las veces en que dejo un poco de su ser, de su vida en un persona o en un preservativo.

Si algún día muero y tienen que escribir mi epitafio, tendrán que decir:
Fue un hombre (en parte) que amo y fue feliz, por que hizo el amor en todas partes.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

JUGANDO LIMPIO

Este artículo fue publicado luego de la aprobación de Estrella, la protagonista de esta historia y de mi vida.




Me acabas de sonreír. No sé que decir, tu sonrisa me ha paralizado. Eres preciosa, pienso. Te miro a los ojos fijamente y también te sonrío con la expresión más traviesa que invento. No dejo de mirarte a los ojos, así medios chinitos, porque desde chico me enseñaron que siempre debes de mirar a las personas de frente, sin miedo.
Parecen siglos pero han transcurrido apenas unos segundos. Uno de los dos tiene que hablar, ¿Pero quién? Me siento raro, yo nunca me aplatano, yo siempre tengo algo que decir, yo siempre tengo alguna estupidez en mente para robarle sonrisas a la gente, por eso que a veces muchos de mis amigos piensan que yo las preparo con anterioridad, pero no, se equivocan, así soy yo: un payaso frustrado que ríe por no llorar.
Pero ahora estoy bloqueado, tendrás que empezar tú preciosa, yo paso, me paltéo, hace meses que no hago esto, porque, tengo que confesarles, que desde hace un año aproximadamente, solo me he vinculado con chicas a las que me pueda tirar a la brevedad, ustedes sabe, a pesar de todo soy hombre y tengo mis necesidades “filosóficas” (cómo dice mi abuela). No me interesa gilearlas ni llevarlas al cine o a comer ni nada, solo un par de tragos, claro si la situación lo amerita, y plum, a aplicar durito y parejo. Ya me acostumbre a ese ritmo de vida, sinceramente me resulta mas laxo y justo ahora, cuando necesito revivir mis grandes dotes de gilero profesional no puedo. Puta madre, qué injusta es la vida (o la arrechura). Pero a ti no te miro con ganas de tirarte, no. No pienses mal. Yo a ti te respetaría , ni siquiera te besaría porque mujeres como tú no están hechas para tocarlas sino para contemplarlas, para soñar con ellas, para pensar en ellas y eso seguramente es lo que va a pasar conmigo, me voy a quedar clavadazo pensando en ti por días, solo estarás en mi mente y les diré a los pajeros de mis amigos que conocí a la dios Venus y ellos me pedirán que te describa tu poto o tus tetas y yo no diré nada porque por lo menos en mi recuerdo serás mía, solo mía.
Entonces despierto del trance y me digo, ey Dieguin, no puedes dejarla ir así no mas, no puedes perder esta oportunidad, tienes que hacer algo. Y es verdad, tengo toda la razón, es la primera vez en mucho tiempo que me encuentro totalmente de acuerdo conmigo mismo, y es que así es el amor, súper conciliador, y mira tú preciosa sin querer haz hecho que me reconcilie con mi otro yo, porque yo siempre ando peleado con todo el mundo e incluso conmigo mismo, pero por ti, mi amor, me peleo con el mundo entero. Oye, Diego, un momento, ¿Acaso te has dado cuenta de lo mismo que yo? Si, sí, eso. Y no es que piense mal ah, ¿Pero no crees que sea mucha coincidencia? La verdad es que se parece un poco pero yo al principio ni por acá, aunque ahora que lo mencionas puede que tengas razón, se parecen un poco, no mucho tampoco, Fiorella tenía rasgos más toscos en cambio ella es suave, súper delicada y tiene lo que en mundo del espectáculo los actores llamamos ángel y si yo creyera en Dios diría que es un ángel, pero no creo o por lo menos no mucho, y por eso por ti estoy dispuesto a inventar una religión, para adorarte solo a ti, pero eso sí yo solo seré tu único feligrés porque compartirte ni loco, me costó tanto conseguirte que ni a balas te pierdo. Pero yo ya me estoy alucinando a tu lado y ni siquiera he abierto la boca para decirte hola, que mal educado soy, no parece que viniese de la familia que vengo, ni que tuviese el apellido que tengo, pero es que se pegan pues, la choledad y la malacrianza se pegan, sobre todo en esta universidad en donde abundan los cholos becados que a uno lo tratan como igual, sin respeto alguno por el cargo que ostentamos, que en mi caso es nada más y nada menos que delegado general de Derecho, pero estos que van saber de eso. Ten cuidado de esos malandros, amor, de segurito que si no te roban te meten la mano, pero ay de aquél que se atreva y yo me entere, pobre de él, le rompo todo, la cara, los brazos, las piernas, los regreso a su tierra en bus camión y encima les expropio su chacra, ay carajo, ni que se metan contigo, preciosa, porque yo salto.
Y en eso, Diego, ¿No?, me preguntas rauda. No puede ser, sabes mí nombre, me conoces, y lo dices tan segura que si tal vez no me llamara Diego pues te diría que sí, porque tu sonrisa es capaz de convencerme de todo. ¿Y como me conoce?, me pregunto, si yo en mi puta existencia he tenido el placer de presentármele; pero bueno, Dieguin, no nos engañemos, ¿Quién no te conoce en esta pulgosa universidad? Si tu eres el mas popular por lo menos de tu facultad, si tú, en tu afán de figurar en todo haz hecho patas en todas las carreras que has podido, tal vez esa hermosura te vio caminando por hay y preguntó tu nombre o tal vez le pasaron el link del blog mamarrchento que tienes en Internet y te ha leído y ya conoce tu pasado, tu oscuro pasado, y solo te ve con pena, como un chico confundido y con muchos problemas al que gentilmente quiere ayudar, pero por favor Dios mió, si existes, nunca dejes que me lea, yo no quiero que me lea, no quiero que conozca mi pasado, por lo menos no ahora, yo solo quiero que sepa de mi futuro, de mi futuro junto a ella.
Sí, le digo, ¿Tú, eres?, y de inmediatamente me responde, Cielo, y yo pienso que me esta diciendo cielo a mí, pero no, así se llama, y eso es, ya tengo algo gracioso que decir y le digo gracias, y ella, ¿Gracias por qué?, por decirme cielo y eso que no me bañe, le digo y se ríe, y ya me puedo morir en paz, porque por una sonrisa suya me vuelvo melcochita, y ella, yo me llamo Cielo, mongolito, pero preciosa, tú no solo te llamas Cielo, tú eres el cielo. Y en eso te sonrío y te digo un gustazo y me voy acercando a ti para darte el diplomático besito en el cachete, y mientras me acerco no sabes cuanto deseo ser ruso en este momento para poder darte un beso en la boca, entonces, muack, y siento tu cachetito helado junto a mis labios y me quedo pegado un ratito, recontra goloso, y tu piel es suave, que diferencia con la mía que esta tan maltratada por el maquillaje y por el sol. Eres la chica perfecta y me gustas, pienso, porque los unicos requisitos que le pido a una señorita para atreverme a enamorarme de ella es no ser más alta que yo, eso las obliga a ser necesariamente chatas y no tener granos en la cara, y tú eres bien chaturris, bien compacta, y tu rostro es precioso, que envidia, ¡suaveeeecito!. Porque eso sí, preciosa, yo odio a los granos, desde siempre les he declarado la guerra, por eso que en mi cara nunca encontraras uno y que ni se atrevan a salirme porque los combato al toque con mi vapor de manzanilla sobre la cara y mis antibióticos, así desaparecen en one los pinches granos.
Cielo, no quiero caerte mal, no quiero hacerme el bacán ni el chico súper-conocido, quiero ser modesto, humilde, gracioso, sincero. No quiero empezar con una mentira, ese siempre es mi error. Otra oportunidad así ya no llegará y si llega talvez llegué muy tarde. Tú y tu sonrisota han aparecido en el momento indicado, cuando más las necesitaba, por eso ha llegado la hora de cambiar, de olvidarme de todo: de los chicos, las juergas, los bates, las pichangas y solo pensar en ti, solo en ti. Me lo acabo de proponer y sé que lo voy a cumplir. Te lo prometo, aunque aún no te enteres.
Ahora tu expresión cambia y me dices que te interesa mi proyecto para la modernización de la cafetería y yo, así seriecito, re-contra delegado, re-contra aprendiz de abogado, te paso a explicar el porqué de mi proyecto, y tu te enfureces y me das la razón, y me hablas de la concesión y creo que me gustas más así: molesta, hablando de derechos y deberes y no se porqué pero quiero pasar el resto de mi vida a tu lado.
Te doy las gracias por el apoyo y te propongo que seas parte de mi equipo y me dices, ya, mostro, y ahora eres informal y sonríes y yo lo que en verdad quisiera decirte es que seas parte de mí y de mi vida, pero slow, slow, Dieguin, piano, piano, como decía mi abuelo, tienes que ir despacio, que Cielo no piense que eres uno de esos pendejitos mandados, que se creen los bacancitos, que se paran rascando la entrepierna y escupen por doquier. Yo no me rasco la entrepierna, amor, y para serte franco, tampoco sé escupir, mi viejo nunca me enseño, cada vez que escupo termino escupiéndome a mí mismo. Y tampoco soy pendejo, yo siempre juego limpio, excepto cuando juego sin bañarme o cuando escribo.

Diego,

lunes, 16 de noviembre de 2009

ESE SEÑOR NO ES MI PASTOR

El Señor es mi Pastor; nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará descansar;
junto a aguas de reposo me pastoreará.




Con ocasión de un travieso poemilla, la semana pasada una serie de personalidades, todas ellas de un elevado prestigio intelectual, me han escrito correos reprobatorios acerca del contenido, un tanto juguetón, de esas líneas simplonas e infantiles que escribí en Arequipa, demás está decir que intoxicado.
Una de las cosas que más me divierten es que existan personas que luego de tomarse el sacrificadísimo trabajo de leerme (que de por sí ya debe ser terrible), se tomen luego el trabajo de criticarme. Eso, además de demostrarme su interés en las cosas que hago (o en las barbaridades que escribo) me demuestra que estoy cumpliendo mi misión en esta vida, que es: divertirme jodiéndole la existencia a la gente. Esa debería ser la misión de todos los seres vivientes. Divertirse ahora, no más adelante. Yo no creo en el más adelante. Tal vez hoy, que leen esta historia, he muerto atropellado por una combi asesina o peor aún, he sido apuñalado por algún alcoholizado barrista (que imagino, debe ser lo que muchos piden en sus oraciones), y al carajo mi más adelante. Yo vivo y me divierto y escribo como me va, como me sale de los cojones y ningún charlatán engaña muchachos, va a venir a decirme a mí como debo vivir o peor aún, sobre qué debo escribir.
Les decía que recibí unos mails en letra mayúscula a causa de una de mis travesuras y que de todos hay uno al que le voy a prestar una mayor aunque indebida atención. Prefiero no revelar la identidad del autor de la epístola pero sí su ocupación, que es nada más y nada menos que el austero y franciscano oficio (si podemos llamarlo así) de pastor evangélico. Ocupación, que según tengo entendido, es remunerada mensualmente con la insignificante suma de seis mil nuevos soles (céntimos más, céntimos menos), que les procura a estos señores, seguramente, una vida llena de privaciones cristianas y muchos obligados ayunos. No tengo nada contra sus sueldos, tal vez bien merecidos los tienen, lo que me escandaliza es que existiendo tantos niños hambrientos, y no en las punas, aquísito nomás en San Juan de Lurigancho por ejemplo, estos oportunistas demagogos, se llevan en carretillas la plata que mandan en costales los gringos mafiosos desde Norteamérica, pues les hacen creer que de esa manera, Dios, Jehová, Yavé, etcétera, etcétera, se hará el loco y olvidará sus pestilentes negocios y les dará su tarjeta V.I.P. para ingresar al paraíso. En conclusión, un lucro total con las conciencias y los temores.
Muchos de los miembros activos de la comunidad cristiana de la cual es líder el querido amigo defensor de las causas injustas y autor del estupendamente redactado correo, son, y lo he comprobado (y tengo como probarlo), unas autenticas joyitas, cosa que seguramente no sabe este señor o que si sabe, perdona fácilmente por un suculento aumento del diezmo.
Pero pongámonos en el caso de que no sepa. Yo, como es debido, tengo el deber, como futuro fiscal del diablo, de hacérselo saber a él y a la comunidad de fieles, a la incomprendida grey que semana a semana se congrega (y se martiriza) a leerme.
Comencemos por un morenito al que llamaré Gianmarco. (¡Qué moreno!) Con un pasado quizá peor que el mío. Un moreno, supuestamente, reformado, encaminado y trabajador de la viña del Señor. Un moreno que canta las alabanzas con una mano alzada, con los ojos cerrados y que deja escapar por emoción unas cuantas lagrimas. Un zambito que también, olvidándose de las enseñanzas de su pastor, se perdía algunos días junto a mí y un par de bien despachadas amigas (mías por supuesto) los viernes o sábados por la noche, siendo él el mayor promotor de que corriera por nuestras bocas y narices la mayor cantidad de alcohol y droga que nos fuese posible consumir. En una de esas tantas noches, gracias a Dios, pude gozar al igual que mis amigas, de todos sus encantos y de su nada pequeño sexo. Claro está que el domingo, de boleto, llegamos antes que nadie al culto y le pedimos perdón al Señor por los tantos pecados cometidos la noche anterior.
Gianmarquito y su boquita rosadita se hacen extrañar, hace medio año que no lo veo. Lo extraño o mejor dicho, lo extrañamos mis amigas y yo.
Existe también otro personaje al que llamaré, ya que no se me ocurre una nomenclatura que oculte su identidad, el sonidista. Un chico joven, bien parecido, mas bien bajo pero con un pasado lleno de desgracias familiares. No entraré en detalles, solo sé que fue él, la persona indicada de demostrarme que todo esto era una patraña, que los cristianos eran la misma mierda que todos y sobre todo para convencerme de que si Dios existe, y es todo lo perfecto que dicen que es, jamás escogería a esta tira de inmorales, embusteros, sacaplatas y charlatanes, reunidos en grupetes minúsculos y dispersos y que se convocan en cines viejos, colegios y cocheras, para regentar su iglesia, nuestra iglesia.
La historia del sonidista, si vivo, continuará el próximo lunes.

Diego.

lunes, 9 de noviembre de 2009

ME GUSTASTE DESDE CHIQUITO

A KLPQ,

Aquí les dejos estas rimas traviesas que escribí hace unos meses. Cualquier parecido con la realidad, tal vez, no sea pura coincidencia.



Dices ser cristiana, dices adorar a Dios sobre todas las cosas, dices no hacer nada pero bien que te la comes doblada.


Yo no te creo nada, conozco tus excesos, pero felizmente te quita culpa tu exagerada falta de sesos.


Estas embarazada, lo sabemos, y lo proclamas orgullosa y se entiende tu alegría pues siempre fuiste poca cosa.


De mis historias estas cansada, y yo qué culpa tengo, si tu vida esta cagada no es por mi imaginación sino por cachar sin protección.


Necesitaba disculparme, y también por supuesto burlarme, de tu desdicha bien ganada y de tus ganas de enterrarme.


Si algún problema me trae este poema, lo recibiré gustoso, pues nunca escupí una flema con tanto despecho amoroso.


Fingiste muchos embarazos, y mira tú como es la vida de caprichosa, que por falsa y mentirosa dentro de poco tendrás a tu hijo en brazos.


Atrás quedó tu algarabía, cuando hablamos te noté ida, y me convencí de inmediato que te has convertido en otra perdida, discípula de Sonia.


La culpa también la tuvo ella, que por dedicarse a fundar su iglesia y buscar un buen partido, se olvido de sus doncellas y final no fundó nada pero si encontró marido.


Qué pasó con todas ellas, debe ser una maldición, o tal vez por vocación, pero todas procuraron su estúpida extinción.


Hace casi un año me dedique a enamorarte, y no fue por tu hermosura, sino por las locas ganas que tenía de montarte.

No fue una gran cosas hacerte el amor, tenías de loba una gran fama, y aunque yo tampoco soy un gran amante me depcionaste en la cama.

Seguramente después de leerme me dirás maricón, y no hay problema, tu bien sabes, que también me gusta ese vacilón.


Y ya voy por los finales, pues me voy a descansar, pero en cambio tú no podrás ni siquiera pestañear pues tendrás que trabajar para la leche y los pañales.


Me gustaste desde chiquito, cuando me decían Dieguito, y te llamaban Karito.


Diego.

sábado, 31 de octubre de 2009

MIS REGALOS DE CUMPLEAÑOS

A Luis y Manuel.

Exactamente en sesenta minutos seré mayor de edad. Me siento como Potter en la Piedra Filosofal, esperando a que llegues disfraza del guardián de llaves de Trilce. Pero nunca llegarás, nunca darás conmigo. He escapado de Lima huyendo de ti, de tu recuerdo, de todo lo mal que me hace pensar que algún día exististe, que fuimos felices.




Estoy solo en un hotel de Arequipa. Mis únicos compañeros de cuarto son la modesta torta de cumpleaños que me he regalado y el enorme cuchillo sin filo que me han prestado en la recepción. Nunca tuve un cumpleaños más Vallejiano que este, y aunque Arequipa no es precisamente Paris, poco le falta y estoy completamente convencido de que solo en esta ciudad podré ser el escritor que siempre soñé ser.
Seguramente en unos minutos comenzaran a llegar a mi celular los cursilones mensajes de siempre. Comenzaran a desfilar saludos, uno tras otro, de gente que seguramente se enteró de mi cumpleaños por el Hi5 o por alguna otra red social a la cual también estoy inscrito. No los juzgo. Yo hago exactamente lo mismo. Y es por eso que desconfío tanto de esos mensajes y sobre todo, de las personas que los redactan.
Apago el celular. Quiero sentirme realmente solo. Quiero recordar un poco las cosas que, tal vez por descuido, he ido olvidando. Cierro los ojos. En la infinita oscuridad que procuran mis parpados aparecen miles de sonrisas congeladas. Gente que no recuerdo, pero que tal vez conocí, con la que seguramente fui feliz. Todos me saludan, sin dejar de sonreír me dicen hola. Quisiera poder mirarlos uno por uno y así poder reconocerlos, pero no puedo: son todos un mismo mosaico imposible de desmembrar. Les sonrío. Me gusta sonreírle a la gente. Me gusta parecer feliz. Estoy convencido de que solo la gente que aparenta muy bien ser feliz es la que triunfa y yo soy un triunfador, si no lo fuera hoy estaría muerto, como tantos otros que se dejaron vencer. Abro los ojos y si mi reloj no miente, ya soy mayor de edad. Feliz cumpleaños Dieguín, me digo. Apago la luz. Me canto el Happy Birthday al estilo Parchis, él que de chiquito me cantaba mi mamá. No hay velas, tampoco hay deseos. Mañana será un nuevo día. Me acuesto y les deseo a las cucarachas o ratones que se devorarán mi torta un buen provecho, tal vez ellos la necesitaran más que yo. Quiero dormir pero mis ojos no se cierran, no me obedecen. Entonces pienso que estoy dormido. Sueño. Sueño despierto y me doy cuenta que tal vez siempre he estado pensando que estoy despierto, pero que todo ha sido un sueño y luego no entiendo nada, no sé lo que digo, no sé lo que pienso, no sé lo que escribo. Me despierto. Tengo que salir, no me puedo quedar aquí, quiero hacer el amor, quiero que me lo hagan a mí. No he traído mucha ropa pero si quiero ir de casería tendré que ponerme la mejor. Me pongo una camisa a cuadros, el pantalón menos arrugado que encuentro, le paso un trapo húmedo a mis zapatos y por ultimo me envuelvo el cuello un pañuelo de seda plomo, que me dará, pienso yo, el toque intelectualón o maricón que necesito. Salgo del cuarto. Le entrego mi llave a la recepcionista y le digo que llegaré tarde. Me dice que tenga cuidado, que Arequipa ha cambiado mucho, que hay mucha delincuencia, que el alcalde no hace nada. Le agradezco la preocupación y le prometo retomar la conversación sobre el alcalde y su ineficiencia. Camino hacía el Convento de Santa Catalina a buscar hierba. El sabido taxista que me recogió del terminal me relato el divertidísimo tour del placer de Arequipa. No puedo ser maricón sin hierba. Nadie podría. Las calles son oscuras, angostas, me siento en un laberinto huyendo del Minotauro. Tal vez el taxista me mintió y lo que realmente encontraré será la muerte sobre estas empedradas calles. Veo un parque. Me gusta ese parque. Me gustan los parques. Voy hacía él y pienso que tal vez no conseguí hierba pero me encontré un parque oculto, en el que seguramente habrá muchas parejas haciendo el amor. Pero no hay parejas haciendo el amor, solo dos chicos parados al otro extremo del parque. No me dan miedo, al parecer son decentes y conversan de lo más normal. Me siento en la primera banca que encuentro. Cruzo la pierna. Recuesto la cabeza hacía atrás sintiéndome un gay incompleto. Más incompleto que nunca. Trato de pensar en algo. Y en eso, frente a mí, la voz de alguien preguntándome si fumo. Eran los chicos del otro lado del parque, uno de ellos tenía en su mano una bolsa transparente de lo que al parecer era marihuana. Sí, pero nunca solo, les dije.
Fumamos los tres. En silencio. Aspirando lentamente, como si cada pitada fuese la última. No sabía sus nombres ni cuantos años tenían ni tampoco cuanto les debía, solo sabía que esos dos jóvenes estaban tan o más confundidos que yo y que seguramente eran mi regalo de cumpleaños. Me preguntaron de donde era, les dije que de Lima. ¿Qué haces por acá? Huyo, les dije. ¿De quien? De todo. No preguntaron más. Tal vez notaron que no me divertía mucho hablar de eso. ¿Y ahora que quieres hacer? Hacer el amor, respondí. Vamos a la Unión, allí hay buenas putas, me dijeron. Yo no quiero hacer el amor con putas, les dije, yo quiero hacer el amor con ustedes.
Es obvio que la marihuana ya esta haciendo efecto. Los dos jóvenes me miran, no dicen nada, soy un desconocido que se les esta mandando. Pueden golpearme o simplemente irse y dejarme con la pinga parada, con el culo mojado. ¿Cuándo hay, Limeñito?, lo que quieran les digo. Doscientos, me dicen. Vamos, les digo. Tomamos un taxi. Los chicos me dicen que no le pague al taxista mas de tres soles, que no le de el gusto, que a estos pendejos les gusta abusar del turista. Les agradezco por llamarme turista, me gusta ser turista. Es bueno para el ego, ser turista. En Lima nunca soy turista, siempre soy un imbécil más. Entramos al hotel. Ya no está la recepcionista, solo hay un hombre semi-dormido que debe ser su marido. Pido mi llave. Me mira mal. Me pregunta si voy a subir con los dos jóvenes. Le digo que sí, que si hay algún problema. Ninguno, ninguno, joven. Entramos al cuarto. Prendo la luz. Me preguntan por la torta. Les digo que es mi cumpleaños. Me abrazan, me desean muchas felicidades, me preguntan cuantos, me ofrecen bajarme la tarifa a ciento cincuenta. Les agradezco. Cogen mi torta, apagan la luz. Y a la voz de tres, comienzan a cantarme el Cumpleaños Feliz. Nunca pasé un mejor cumpleaños, no sé lo que pasará luego. Solo sé que venir a Arequipa fue lo mejor que he hecho en mucho tiempo. Por ahora no quiero volver a Lima, solo quiero hacer el amor y celebrar horizontalmente mis dieciocho octubres.

lunes, 5 de octubre de 2009

EN OCTUBRE NO HAY MILAGROS

Y la gente apretaba más y más. Arrecho, le metí la mano debajo del hábito. La gente del lado, ni cuenta se daba.



La proce ya estaba en la plaza. En plan de cochineo comenzamos a meternos entre la gente. Íbamos en fila agarrados por la cintura: había que ver a Kerosene por delante, vicioso, metiendo la mano pajera a todas las chicas. Melenita, riéndose, se defendía con las manos de los golpes que le daba en la cabeza una negra. Primus, distraído, le había pisado los callos a una pobre vieja. Y la gente seguía amontonándose en las veredas y en todas partes. Un gil, con car´e raya lo agarró del brazo a Paulanca: quería entregarlo a la tombería, decía que lo había chapado metiéndole la mano al culo a su ñorsa. Los ojos de Paulanca ya se iban en plan de lágrima. Pero para eso están los amigos: nos fuimos en carga montón sobre el gil y a punta de patada se armó la grande. Todos se pegaban, las germas se defendían con sus carteras y arañaban como gatas, y las viejas, asustadas, nos empujaban e insultaban y pedían perdón al Señor de los Milagros.
Allá en la esquina de veintiocho de julio, la proce ya entraba en la plaza con sus luces y faroles. En el cielo oscuro se prendían fuegos artificiales. Sin que nos diéramos cuenta ya estábamos en medio de la calle, cerquita de la proce. Paulanca, desgraciado, se había colocado detrás de una germa bien rica: apachurrado por la gente que avanzaba despacio, iba todo serio, haciendo el rezador, con la boca abierta de lo arrecho que estaba pero bien pegado a la gila.
Un viejo, con lentes, disimulado, se coloco junto a mi pieza. Había que verlo, pendejo, aprovechándose de la apretadera, cómo se me pegaba. Amargo, le metí un rodillazo del alma. No dijo nada, más bien, empujándose entre todos logró ponerse delante de Melenita, que no perdió el tiempo y rapidito se acomodo tras su cabrilla. Y en eso reconocí entre la gente a la Samaritana, el mariconcito del barrio. Su cabello pintado de rubio, su carota de chuchumeca. Entonces le dije a la collera para acercarnos a la Samaritana y nuevamente, cogiéndonos de la cintura, nos pusimos en fila. Yo de puro sapo que soy, me puse detrás de la Samaritana. La Samaritana voltio y me reconoció, claro que me manyaba, varias veces me había piropeado en el Cine Odeon. Me sonrió. Entonces, haciéndose la rezadora comenzó a menearse, suave, disimulada, al ritmo de la banda. Y la gente apretaba más y más. Arrecho, le metí la mano debajo del hábito. La gente del lado, ni cuenta se daba. Todo estaba casi oscuro. Arrecho, arrecho, le puse el pájaro entre las nalgas peludas. Y toda la collera me empujaba más. A la Samaritana la estaba cargando en peso. Y el tumulto avanzaba hacia delante. Kerosene, espeso, estaba que me apuraba, él también quería entrarle. Y en eso, en una de las tantas empujadas le dí y la Samaritana, de loca que es, no me soltaba las manos. Menos mal que pude zafarme de tremenda cabrilla y Kerosene, apurado, desesperado, ocupó mi sitio.
A lo lejos, El Señor de los Milagros con sus luces y sus flores, avanzaba por encima del tumulto que hacía estallar las paredes que rodeaban a la avenida Manco Cápac. Entonces, poniéndome serio, le recé un Padrenuestro al Señor de los Milagros.

Oswaldo Reynoso.

lunes, 28 de septiembre de 2009

ALGUIEN DE VERDAD

A Lucia, Renato y Mariano, por ejercitar mi trisexualidad.

De seguro ya te diste cuenta que se me chorrea el helado, cabrón. De seguro a ti también se te chorrea, por que a mi no me engañas, cariño, ese aretito coquetón y esas pulseritas multicolores de tu brazo izquierdo ya te vendieron,




El jueves pasado conocí a Lucia. La verdad es que desde ese día no puedo dejar de pensar en ella, en su culito, en sus tetitas redonditas de escolar carretona del Fanning, en su sonrisa golosa; cierro los ojos y me veo junto a ella, fingiendo ser mas hombre de lo que soy, aunque tengo que aclarar que estoy atravesando por la etapa más heterosexual de mi vida, pero a pesar de todo siempre me hez complicado dármelas de macho. Mis manos en su cintura, sobre sus nalgas, acercándola a mi pelvis, manteniéndola sobre mi; recuerdo sus manos exploradoras ingresando temblorosas debajo de mi jean, palpando mi sexo erecto, haciéndome una pequeña paja. ¡Qué buena estuvo esa paja, Lu! Por eso hoy escribo estas líneas, para que las lea, para que sepa que regresaré y para contarle que desde ese bendito jueves, en ese antro subterráneo y maloliente al que pienso volver siempre con tal de volvérmela a encontrar, me la corro sagradamente tres veces al día pensando en ella, en sus contorsiones y en las cosas sucias y deliciosas que hicimos luego, en ese hotel de putas de la avenida Alfonso Ugarte, en el que me enseñaste que a pesar de todo aún puedo ser hombre, que contigo y solo contigo puedo ser un hombre de verdad.

El viernes salí con Renato, mi amigo y a veces, mí secreto amante. Sí ese, el coquerazo que le gusta cachar duro. ¡Qué suerte tienes Rena, a mi no se me para parchado! No le conté lo de Lucia. Y no es que le tenga miedo, pues sé que no es celoso, además tiene novia y no tendría derecho a reclamarme por los polvos de desfogue que me meto una vez al mes con alguna putita ebria y fumona que recojo de por ahí; lo que pasa es que Renato es un arrecho de mierda y no perdona a nadie, y si no me creen, pregúntenles a sus empleadas. Segurito que va a querer que se la presente y en menos de una hora, y tiene con qué, terminará por quitarme a la ricotona de Lucia, a mí Lucia, que debe ser una sabida de primera y que por supuesto, entenderá que lo que mejor le conviene es salir con Renato, que es lindo y tiene carro, que conmigo, que no soy lindo y que tampoco tengo carro (y que haciendo cálculos rápidos, no lo tendré muy pronto). Lo que me gusta de salir con Renato es que nuestra mayor diversión es quedarnos en su cuarto, subir al máximo el volumen de su modernísima radio (que yo presiento que esta viva) y fumarnos todos los tronchos que nos sean posibles, calatos sobre su cama. No tomamos licor, solo agua a veces (y de caño), por que la marihuana, y esto lo saben todos los que la han probado, que entiendo, son la mayoría de personas que se toman el tiempo de leerme, te produce una sed bárbara. Ni a mi ni a Renato nos gusta el licor. Claro, lo tomamos cuando estamos en la obligación sexual de hacerlo, por ejemplo el jueves en donde tuve que emborracharme al lado de Lucia para después tirármela, pero jamás solos. El licor me vuelve idiota, pavo, huevón, en cambio, la marihuana me vuelve listo, avispado y maricón, eso sobre todo, un mariconcito lindo que le cae a todo el mundo, un maricón dispuesto a todo, como le gustan a Renato. Ninguna salida con Renato es igual. Siempre esta inventando cosas que hacer, siempre tiene una nueva droga que meternos, una manera distinta de hacer el amor o una nueva película porno que ver. Por eso quiero a Renato, por eso creo, que nunca seremos abogados, ni hombres de verdad.

El sábado amanecí en casa de Renato. Estaba reventadazo. Eran casi la una de la tarde y seguíamos tirados sobre la cama. Me fui en silencio, tratando de no despertarlo. Me cagaba de hambre. Salí para Larco a comerme algo y luego me fui a casa con la intención de seguir durmiendo. Cuando llegué encontré mi casa hecha un jolgorio: la radio a todo volumen, en la sala tres enormes maletas, en el comedor, sentados y conversando a gritos mi vieja, mis tíos y una señora y un jovencito que creía conocer o que recordaba de alguna parte. Eran, luego lo supe, mi tía Carmen que había llegado de España y su hijo, con el que, según mi vieja, fui enormemente feliz cuando era niño. Cuando me decían esto, pensaba que seguramente este primo mío fue mi primer amor, que seguramente jugamos a la mamá y al papá (entiéndase que lógicamente yo fui la mamá), pero realmente no lo recordaba. No está nada mal el chibolo, pensaba. Era alto, flaco, blancón, ojitos caramelo (como casi toda mi familia, excepto yo, claro está), de cabellos negros y parados y con pinta de que se le estaban cayendo y que a los veinticinco no tendría ninguno. Lo salude tímidamente, seguramente era mayor que yo. Escuché en silencio y algo ruborizado las palabras de mi tía, que no se cansaba de recordarme lo grande que estaba, lo gordo que me había puesto y de decirme lo mal que me quedaba mi nuevo look, algo intelectualon, y yo pensaba, la pinga también me crecido tía, y si supieras como, cualquier día te agarro borracha y te la zampo. Mariano, mi primo, me observaba en silencio. De seguro ya te diste cuenta que se me chorrea el helado, cabrón. De seguro a ti también se te chorrea, por que a mi no me engañas, cariño, ese aretito coquetón y esas pulseritas multicolores de tu brazo izquierdo ya te vendieron, pensaba yo. Pero alguien tenía que romper el hielo, y ese tenía que ser yo. Si es que le quería romper el culo a mi primito Mariano, primero tenía que romper el hielo, era un sacrificio. Lo invite a mi cuarto, le dije que me aburría escuchar a la gente grande y que en mi cuarto podríamos escuchar música o entrar a la computadora. Aceptó. Fuimos a mi cuarto y le dije que podía usar la computadora o cualquier cosa de mi cuarto, excepto mis calzoncillos, no reímos un poco. Hacer chistes estúpidos siempre ayuda a caerle bien a la gente. (Por lo menos en mi caso) Y en eso, recontra puta, recontra quinceañera arrecha, me fui quitando la ropa frente a él. Quería ver su expresión, quería gozar de su nerviosismo. Total, al fin y al cabo somos primos y él no vería nada en mí cuerpo que ya no haya visto antes en sí mismo o en el cuerpo de otros hombres (Si se diese el caso de que fuese como yo, claro). Me quite incluso el calzoncillo y caminé calato por mi cuarto buscando, según yo, algo que ponerme. Me estas mirando de reojo, Marianin, ya caíste precioso, ya caíste, pensaba yo.
Le explique que no había dormido en casa, que casi no dormía ahí, así que podía usar mi cuarto cuando quisiera. Me preguntó donde me quedaba cuando no estaba en casa y le dije que donde Renato, un amigo. No le dije exactamente lo que hacíamos, (no en ese momento), no le dije tampoco que Renato la tenía enorme y que gustoso nos la metería a los dos si quisiéramos. Le dije que lo llamaría esta noche para salir los tres y me dijo, segurito mojándose, que no había problema. Me puse un short sin calzoncillo y me tiré a la cama. (Antes cerré la puerta con seguro. Mariano lo notó pero se hizo el huevón) Prendí la tele y le enseñe mi cartelera de DVD´s bamba. Le dije que escogiera la película que quisiera y el muy pendejo me escogió una porno.(Demostrando de esta manera que era mi primo) Porque eso si, me puede faltar la última de Harry Potter, me puede faltar Tarata, Mancora, la que chucha sea, pero nunca una buena porno, una de colegialas, que son las que me arrechan más. Lo felicité por su buena elección y comprendí que si no era una loca perdida como yo, por lo menos era un enfermo sexual que terminaría metiéndomela en cualquier momento, emulando a esas colegialas mamonas de la pela. La puse al toque. Me eché en la cama y Mariano se sentó a mi lado. Le dije que se echara pero no quiso, tampoco me importó insistirle. Puse play. Mariano se cagaba de risa, parecía que nunca había visto una porno. Yo solo miraba y una que otra vez me sobaba la pinga, recontra machazo, recontra cachero. Yo la tenía dura, la muy pendeja estaba asomándose por arriba del short. (Ese el problema de los cabezones) Le dije a Mariano que me haría una paja, le pregunté si le incomodaba y el muy pendejo se deschavo, me dijo que me la hacía él. No le dije nada, solo me recosté y me tape la cara para no verlo. Mariano cogió mi sexo y lo chupo suavecito (tenía experiencia el cabrón. Es mi primo pues, esta en los genes), le paso la lengüita juguetona por la cabecita, y yo solo pensaba en Lucia, como me gustaría que fueses tú la que me la estuviese chupando así, mi amor, como me gustaría ponértela en la boca y que te la comas toda, preciosa, eso, así bebita, así con la lengüita… y en eso, le di con todo en la boca de mi primo. (no fue mi intención, que conste ah). El pobre se tuvo que tomar todo, seguro que por compromiso. Y es que no es de buena educación escupir la leche de alguien que gentilmente se la deja chupar. Yo me cague de risa y pensé, que buen fin de semana he tenido, ojala que todos fuesen así, mi blog sería más piola, sería un blog de verdad.

Diego.