domingo, 5 de septiembre de 2010

LUIS NONES, EL MARIDO QUE PERDÍ

A Luis Nones, por la historia que nunca terminó de escribirse.





Luis Nones es uno de esos escritores con algo de talento, que mendiga sin éxito en el ciberespacio, la fama y la fortuna para la que genéticamente están negados. Es gay. No lo acepta, pero lo es. Tiene una novia a la que engaña conmigo (y con muchos chicos más) pues a veces nos acostamos, me la mete o deja que se la meta, o deja que se la mame en el malecón. Hace poco me dijo que ya no podía verme con tanta frecuencia pues el trabajo y su novia no le dejaban tiempo. Le dije que todo estaba bien y... que me lea el lunes. (Hoy, lo debe estar haciendo)


Luis está obsesionado con parecerse al escritor Jaime Bayly que innegablemente es un amor, pero es una pena, si de algo puedo estar seguro, es que eso nunca podrá ser posible. No por que yo lo diga, claro está, sino que resulta siendo evidente la antonimia no solo física, también intelectual que existe entre los dos. Es un vulgar imitador de sus poses, sus frases y hasta su risa, algo así como un Oscar Gayoso. Lucra con el nombre del escritor y sin consentimiento alguno, tiene cuentas sociales en donde ofrece, al mero estilo de un vendedor ambulantes, libros, fotografías, camisetas y un sinfín de productos relacionados con el escritor. Pase, pase caserita, que le sirvo.

Se cruzó en mi camino en el programa de Bayly al que asisto, igual que él, todos los domingos religiosamente desde hace tres años. Nunca le tomé importancia. Siempre me pareció un sujeto parlanchín y jactancioso, de poco nivel cultural y económico. Lo escuchaba hablar de Jaime, o de las cosas que hacía Jaime, o de las cosas que pensaba Jaime como si fuese él mismo. Me causaba gracia. No me causaba rencor, para mí, simplemente, no existía. En el programa las adorables chicas de producción Carmen y luego Ana, siempre me sentaban en primera fila y para él que siempre fue un asistente de medio pelo, estaba reservado siempre un lugar en la segunda o en la tercera. Esto, supongo, lo hacía odiarme o preguntarse qué coño había hecho yo para que me sentasen adelante suyo. Yo no había hecho nada. Solamente asistir fielmente al programa, ser prudente, educado y divertirme con Jaime, osea, comportarme como siempre.

Lo vi siempre rodeado de mocosos presumiblemente en edad infantil y de mentalidad escolar, a los que llevaba al programa con el fin de demostrarles que él conocía a Bayly, que él les conseguía las entradas (que en ese tiempo, y valgan verdades, eran difíciles de conseguir. Coño, pregúntenme a mí como hice para ir por primera vez) y que seguramente lo leían y lo alaban con el mismo ánimo y la misma imparcialidad con la que lo hubiese hecho su madre. En ese tiempo nunca lo leí. Es más sería mentir si digo que sabía de que escribiera. Pero él sí sabía que yo escribía. Obviamente en un blog, aunque modesto, más leído que el suyo. Y afirmo esto, ya que en varias ocasiones, y con la maldad y envidia que luego descubrí habitar en él, comentó varios de mis artículos, tildándolos de todo: desde primariosos hasta Baylysístas. ( Y mira quién lo dice, don Jymmi Jr.) Comentarios que como pueden suponer los que me conocen, me valieron siempre un huevo. Así es señores comentaristas camuflados en el anonimato que les da su miserable vida: Sus comentarios me valen un huevo, no solo los de Luisito, todos, absolutamente todos, hasta los que me felicitan. Sería un tonto si me los creo. Ni soy un buen escritor ni pretendo serlo. Y muchos menos ando pregonando como Luis, lo tan buen escritor o lo tan premiado que soy.

Mi vida no tendría nunca que haberse mezclado con la suya pero un día en el baño del canal y a pocos minutos de que comiencen a grabar el programa, Luis me habló. Me preguntó si yo era Diego. No, soy Yola Polastri, le dije. Sonrió. Tu tienes un blog ¿no? Pajas. Ahmm sí, dije tímidamente y pensé: ahora saca el cuchillo y me mata por que este tiene una pinta de homofóbico reprimido. Pero no me mató. Me dijo que me leía, que le gustaba como escribía. Es un imbécil, pensé de al instante. Me dí cuenta de inmediato que quería ligar conmigo y lo peor que puedes hacer para ligar conmigo es darme bola. (Con cualquiera, creo)

Salí corriendo del baño. Pero algo en mí cambió luego de esa cita: me dí cuenta que Luis era un roedor al que podía manipular a mi antojo las veces que sea. Y decidí tirarmelo.

Me lo tiré no al mucho tiempo. En un hotel bonito que está al final de la avenida Brasil. Acordamos en vernos seguido y en que los dos llevaríamos la vida de siempre: novias, novios, alcohol, drogas, todo igual. Y respetamos el acuerdo hasta que apareció Luciana, una púber deseosa de ser penetrada por cualquier varón abyecto que desee cortejarla. Ese supuesto varón abyecto fingió ser Luis.(Y sigue fingiendo ser) Hasta ese momento todo fue bien: yo seguía jugando con Luis, seguíamos haciendo el amor dos veces por semana, Luis seguía dándome algo del dinero que ganaba vendiendo camisetas; pero un día Luis me tuvo que dejar plantado. Hay se jodió el Perú, bueno exagero, en ese momento se jodió Luis Nones.

La culpa quizá la tiene mi mami. De verdad, no se rían. Mi mami desde niño de dijo que yo era un principito al que nadie podía dañar o dejar plantado y ese día, cagando de frío en el malecón de Miraflores, Luis no me hizo sentir como el principito que mami siempre me dijo que era. Allí se jodió todo, frente al mar de Miraflores.

Luis hoy sigue con su novia. Le dice que la quiere, que la ama, que nunca la engañará. No lo juzgo, yo a Fiorella le decía lo mismo, pero cuando veía una pinga sabrosa al frente todo el amor que sentía por ella se esfumaba. Lo mismo le está pasando a Luis. Es una pena, pero suerte chicos, les deseo lo mejor y bueno cuando quieras podemos hacer un trio. Llámame, tienes mi móvil.

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