martes, 9 de febrero de 2010

LA REPUBLICA INDEPENDIENTE DE MI ENTREPIERNA

Gracias Jaime.

"El pene es la maquina perfecta, es la unica que trabaja cuando se para."





La república independiente de mi entrepierna es rebelde y soberana. Se maneja con absoluta independencia de mis deseos y antojos. Es ella quien decide a quien debo tirarme, o por quien me debo de dejar tirar o simplemente pensando en quien debo masturbarme. Es opresiva y dictatorial, siempre anda emancipada o en busca de posibles víctimas. No distingue raza ni sexo ni condición social y mucho menos religión. Es una república sumamente bélica y conflictiva, que anda siempre maquinando un plan para hacerle daño a alguien. Es ella quien me manipula y me obliga a escribir artículos que yo no quiero hacer; es ella quien se aprovecha de mi debilidad mental y me somete a sus perversiones y me presiona para que cuente las depravadas historias que me toco vivir con personas igualmente confundidas que yo, pero que a fin de cuentas tampoco tienen la culpa de serlo.

La república independiente de mi entrepierna desde hace mucho que se desprendió de la razón o de mis sentimientos, ahora ella se maneja con total autonomía, se rige con sus propias reglas y suele ser sumamente dura con las personas que la lastiman o que juegan con ella. Es de por sí el ser mas vengativo que cohabita conmigo. Cuando no fabrica espermas lo único que hace es planificar venganzas, elaborar historias ciertas o falsas que vinculen a las personas que la hirieron o que no le permitieron invadirlas. Yo simplemente soy un esclavo de mi entrepierna y soy consciente que siéndolo he perdido amigos, amantes y más que eso, pero yo no puedo luchar contra eso, ya me canse de luchar contra eso, lleve muchos años de mi vida tratando de ganarle la batalla a mi entrepierna y no pude, fue una batalla sangrienta llena de llantos y lamentos, un batalla en la que muchas de las personas que quiero o que quise se inmolaron heroicamente tratando de ayudarme o tratando de hacerme entrar en razón, pero no pude, mi entrepierna me venció; así que simplemente me he dejado conquistar y he cedido a sus antojos, me desvivo por complacerla, por procurarle el placer que siempre le fue esquivo o que mejor dicho, siempre traté que le fuera esquivo. Invierto para ello mucho dinero, busco la manera de conseguir personas cada vez más arriesgadas y peligrosas, intento darle en gusto en todos sus caprichos y cuando de un día para otro me pide que escriba sobre alguien con quien hice el amor, lo hago, así pierda amigos o mejor dicho, supuestos amigos que se acostaron conmigo pero que hoy no se acuerdan de nada y se horrorizan al leerme o así toda la comunidad cristiana se moleste conmigo.

Yo solo pido que respeten la decisión valiente que he tenido de confesar que me dejo manipular por mi entrepierna más que por mi lógica o mi razón, y así como algunos se dejan manosear por líderes de sal que lo único que hacen o intentan hacer es lucrar de una manera escandalosa, yo me dejo gobernar por un ser sumamente frio y calculador, pero no por eso poco inteligente, yo diría que mucho más inteligente que mucha de la gente que me critica, y siento mucho si peco de soberbio, pero es la verdad, si le tomamos una prueba de coeficiente intelectual a mi pene y a algunos de los individuos sin secundaria completa que balbucean comentarios chapuceros contra mí persona o contra las cosas que escribo, les aseguro que mi entrepierna se los lleva de encuentro.

La única diferencia entre ellos y yo, es simplemente el hecho de que yo digo en público lo que hago o lo que hice, sin temor al qué dirán o al que pensarán, en cambio ellos, que aún siguen en el closet y que seguramente seguirán allí, nunca lo harán, porque se cagan de miedo y porque nunca tendrán los huevos que me jacto de tener para hacerlo. Seguirán jodidos, confundidos, enojados conmigo y me odiarán y me seguirán odiando porque reconocen en mí, la persona que ellos nunca podrán ser.

Es válido dejarse manipular por alguna parte del cuerpo. Hay gente, la más tonta creo yo, que se deja manipular por el corazón o los sentimientos, esa gente, normalmente, es la gente que siempre termina siendo dañada por alguien o la que busca cierta gente para manipular a su antojo. Los que se dejan manipular por la razón o la lógica siempre andan buscándole tres pies al gato, siempre andan buscándole un motivo o un fin para lo que hacen, algo que no siempre tiene que ser así, porque las verdaderas cosas importantes de la vida nunca tienen un motivo, siempre suceden porque sí, porque así debieron suceder. Yo me dejo manipular por mi entrepierna, que es de por sí la manera más fría de ver las cosas, una manera de actuar por instinto sin dejar de lado el cálculo y la felicidad.

Y a pesar de que muchos se arrepientan de habérsela cruzado en su camino y simplemente hoy la nieguen y pretendan limpiar su imagen, todos muy bien saben quienes fueron víctimas de la república independiente de mi entrepierna y si es que no, pues para esto estoy yo y con esa finalidad creé este blog, para difundir las ideas, no sé si validas o invalidas, pero ideas al fin, que se le ocurren a mi entrepierna.

Diego Alonso Granadino.

lunes, 1 de febrero de 2010

LA MIERDA QUE LLEVO DENTRO

A mí.

No hay placer mas exquisito, que cagar bien despacito.




Si de algo puedo estar seguro es que estoy completamente lleno de mierda. Sé que mucha gente coincidirá conmigo en lo que afirmo, es más, la gente que nunca ha coincidido conmigo, que se entiende es gente honorable y sumamente culta, hoy, después de leerme, estará por primera vez de acuerdo con lo que escribo.

Desde hace algunas semanas lo único que he hecho es expulsar mierda de mí, mierda en demasía, mierda excesivamente pestilente. La causa de este extraño fenómeno, dicen algunos, es la falta de afecto o mis conocidas ganas por llamar la atención, pero ahora, para variar, nuevamente se equivocan queridos amigos míos porque la causa del deplorable estado en que me encuentro es justamente una causa o puede ser un ceviche o quizá una papa rellena o es tal vez el resultado de una vida llena de excesos gastronómicos como la que he vivido tratando de emular a mi tío Gastón Acurio.

De niño normalmente no solía ir al baño a menudo. Iba a lo mucho dos veces por semana y eso. Era el extreñidito de la familia, al que le procuraban una mayor cantidad de yogurt, su abundante ración de salvado de trigo y cuanto tratamiento casero que apareciera en Hola Perú. Nada de eso tuvo efecto pues mi vida siempre ha estado contra el tiempo, siempre he procurado estar activo las veinticinco horas al día y sentarme a cagar (así como dormir) me parecía una grandiosa pérdida de tiempo. Así que por ello lo evitaba y le dedicaba los pequeños entretiempos de mi agenda semanal.

Pero ahora mi aparato excretor ha colapsado y quizá estoy cagando todo lo que no cague nunca. No puedo creer que tenga tanta mierda dentro, me parece increíble tener que sentarme en cinco inodoros diferentes en el día. Debe parecerles gracioso, pero ojala que nunca les pase, no saben lo que es tenerte que bajar del taxi en el que te vas a estudiar para meterte a cualquier grifo a evacuar el vientre porque sabes que con el tráfico del Javier Prado no llegarás al baño de la facultad y terminarás cagándote en el pantalón.

Esta es mi agenda diaria:
Apagar el primer despertador programado para las cinco y media de la mañana.
Apagar el segundo despertador programado para las cinco y cuarenta de la mañana.
Apagar el tercer despertador programado para las seis en punto de la mañana.
Bañarme y desayunar. (No soy dogmatico: a veces no me baño y a veces tampoco desayuno)
Cagar por primera vez en el día (si no lo hago en casa porque es tarde, aprovecho el tráfico de la Javier Prado y me meto a algún grifo)
Clases en la universidad.
Me fumo un porro.
Cago por segunda vez, normalmente a las doce del día. (dicen algunos que es producto del porro que me fumé (Dengue))
Almuerzo algo a la volada (normalmente una causa, un ceviche o una papa rellena)
Corro a mi trabajo. (y si no corro yo, obligo al taxista o al conductor de la combi a que corra él)
A las cuatro y media aproximadamente cago por tercera vez. (horario variable dependiendo de mi ánimo y del trabajo que tenga)
A las nueve salgo de trabajar y me voy a comer algo con mi novia. ( o a comérmela a ella)
A las doce y media estoy llegando a mi casa desesperado porque necesito cagar por cuarta vez.
A la una de la mañana comienzo a leer o escribir y normalmente me estoy acostando a las tres de la mañana no sin antes programar a mis sufridos despertadores a los cuales golpeo, cuando se les ocurre sonar como no he golpeado a nadie nunca.

Así que cago cuatro veces al día y siempre en cantidades considerables, porque sé que algunos dirán bueno pero cagará por pedazos o de a poquito, y a esos yo les respondo: ¡No! Yo nada de lo que hago lo hago de a poquito, todo lo hago bien, completo, sin dejar residuo alguno. Mis deposiciones no tienen que ser la excepción de la regla.

Cagar de esa manera no tendría que ser un problema, el problema radica en que nunca puedes tener tanto papel higiénico como para limpiarte el culo de una manera honrosa y tienes que agenciarte otros medios, bastante bajos, por cierto, pero que en momentos de emergencia nunca están de más. (hablo de las separatas de la universidad, las guías telefónicas, tus cuadernos y ya si eres más fino y tu potito y se puede raspar usa tu santa biblia). Aunque con eso no estás contribuyendo a la lucha por salvaguardar el medio ambiente. (el papel lo hacen de los pobres arboles del amazonas)

Pero Si de algo puedo estar orgulloso son de mis mierdas y aunque muchas veces me ponen en aprietos por ejemplo cuando quieres hacer el amor y acabas de cagar o sientes que dentro de muy poco cagarás, ya me iré acostumbrando a tener que dejar un poco de mí ser en todas partes, como me acostumbré a escribir mierda o a tener amigos que son una reverendas mierdas.


Diego Alonso Granadino.

miércoles, 27 de enero de 2010

LO QUE YO DESEARÍA

A Claudio Zola y su mujer.

Los deseos se cumplen, solo si los deseas. Mi abuela


Yo desearía que la Constitución Política del Perú prohibiera que en las universidades particulares se dicten clases a las siete y media de la mañana, es más, desearía, si no es mucho pedir, que en las universidades particulares no se dicten clases nunca (por algo son particulares, digo no).

Yo desearía dormir unas cuantas horas más al día, que significaría aumentarle más horas al día o disminuir las labores que realizo al día.

Yo desearía, y ojala Diosito me escuche, que mi profesor de Realidad Nacional (un tal Pastor Talledo) sea confundido con un director de algún penal de Lima y sea asesinado de tres certeros balazos en la cabeza, el corazón y los huevos.

Yo desearía que Jean Carlos A. deje de fingir ser un cristianito arrepentido y reconozca, si es que en verdad tiene huevos (y sí que los tiene, yo los probé), que se acostó conmigo y que le llega al orto ser cristiano y que todo este teatro simplemente lo hace para no perder el apoyo de sus padres.

Yo desearía que el hijo de Karol P. no llegue a conocerla nunca, que Dios, en un acto preventivo la recoja de esta tierra de una manera bonita (para que no sufra la pobre); no sé, tal vez puedo sugerir un infarto, una bala perdida o cualquier otra muerte instantánea que le evite a esa pobre criatura (me refiero al bebé) conocer a una madre tan cojuda.

Yo desearía que Fiorella C. no pueda procrear ningún hijo más, algo que para ella y su novio sería un gran ahorro (las bajadas de motor en Lima no son nada baratas, y lo digo por experiencia); desearía que las pastillas o brebajes que utilizó para bajarse a mi hijo, le hayan destrozado la matriz y la imposibiliten de seguir desechando las pobres vidas de niños inocentes que nunca le pidieron venir al mundo. Eso sí que sería justicia.

Yo desearía intercambiarle a Dios la mamá de María Claudia por su papá y por qué no, a ella también, pues mi posición es la siguiente: creo que Dios se hueveó al llevarse a Camucha y si me fuese posible canjearla por alguien, lo haría por su esposo al que considero un reverendo hijo de puta (y que para variar, es cristiano). Eso me demuestra que Dios solo escoge a los peores.

Yo desearía que la gente que dice que me conoce no ande diciendo que me conoce o que conoce mi corazón o mi pulmón o mi riñón. ¿Quién les ha dicho que me conocen? ¿Cómo pueden probar conocerme? Tal vez Jean Carlos, Erick, Ian, Paulo, el Chasqui, entre otros, conozcan mi poto o hayan entrado en él, pero esto no les da la capacidad de conocerme; por eso a los que dicen conocerme muy a fondo los invitaría a entrar en mí, por mi puerta trasera o de lo contrario desearía que Diosito les enviara una fotografía mía calato.

Yo desearía que Jean Pierre A. me de clases particulares de Derecho Penal, es más, le solicito formalmente al Decano de mi facultad que lo consideren dentro de la nomina de catedráticos de la Facultad de Derecho y si no fuese mucho pedir, le solicito al rectorado la condecoración Honoris Causa, por su profundo trabajo desempeñado en el estudio del artículo 132 del Código Penal.

Yo desearía que Claudio Zola y su mujer sean enviados a Haití a predicar la palabra de Dios. Desearía poner a prueba su vocación pastoral de esa manera, porque queda claro que no es lo mismo ser pastor evangélico todos los domingos en un salón con aire acondicionado del Swiss Hotel, que ayudar a la gente más necesitada en las zonas más alejadas, en donde las limosnas, por supuesto, no existirán.

Yo desearía ser una buena persona y escribir de una mejor manera o escribir de una peor manera y convertirme en una peor persona.

Yo desearía que David se canse de tener sexo con Sonia y se divorcie de ella y que además le quite todo, la deje en la calle, junto con la indiada de su familia (o su tribu, mejor dicho), y que nunca de los nunca la deje embarazada; desearía que Sonia contrajese una extraña infertilidad incurable, no desearía que David enviude, eso no, tampoco puedo ser tan ingrato con las personas que semana a semana de dedican a publicitar mi Blog.

Yo desearía que a Ciro Ayala, se le genere un cáncer de colon y que lo inhabilite de cagar y que muera lentamente auto-intoxicándose con su misma mierda.
A Elizabeth V. le desearía morir cruelmente golpeada por uno de sus clientes, que se haya negado a pagarle por sus servicios sexuales; y a su principal cliente: Victoriano, le desearía morir tirando, como se lo merece, el gran Victoriano, el viejito pinga loca.

Y por último, desearía que los cristianos solo se dediquen a leer la palabra de Dios y a predicarla y no a leerme a mí y mucho menos comentarme, aunque, como soy un caballero (o una dama, no sé qué piensen ustedes), debo darles las gracias a todos por haberme leído y por seguir haciéndolo.

Diego Alonso Granadino.

lunes, 11 de enero de 2010

EL EXCOMULGADO

A los amigos que perdí, por el solo hecho de no pensar y actuar como ellos.

"Y, en su propia inseguridad, dios creó al demonio, sino ¿ante quien se vería como el bueno?" Diego Granadino.



David y Sonia son mis amigos y también son cristianos. Yo no soy cristiano y por eso, David y Sonia no me consideran su amigo. A mí no me interesa ser cristiano, tal vez no ahora, quizás más adelante, y siempre y cuando pueda percibir las mismas remuneraciones mensuales que un pastor evangélico o por lo menos, una tajada de las limosnas dominicales.
David y Sonia quieren ser pastores pero ya no quieren ser mis amigos y se entiende: los pastores ganan buena plata, en cambio conmigo, solo ganaron problemas y les aseguro que de seguir siéndolo, los seguirán ganando.
Yo me hice llamar cristiano con el solo afán de no defraudarlos, de seguir siendo su amigo, de no perderlos. Ellos fingieron ser mis amigos para involucrarme su causa, para ganarme, para llenarme la cabeza de cosas en las que, estoy seguro, ellos nunca creyeron ni creerán.
Yo siempre les he sido franco pues los considero mis amigos y estoy convencido de que solo con los verdaderos amigos, puedes darte la libertad peligrosa de ser todo lo sincero que puedas. Yo les digo las cosas como son, como las pienso, como preferiría que fuesen.
David y Sonia piensan que mi sinceridad es un pecado, que estoy poseído por algún demonio que me manipula a su antojo y que me direcciona cual ventrílocuo, y ellos, pese a ser cristianos, viven sus verdades a medias, de las verdades que creen convenientes, lo demás no existe, son ataques, infamias, calumnias, tretas para llamar su atención y distraerlos de sus funciones pastorales.
Yo llevo muchos años de conocerlos, he visto de cerca todo su proceso de transformación, he sido un testigo silencioso de su obsesión por formar un minúsculo grupo que llegue a congregarse en pleno por lo menos tres semanas consecutivas, y los he visto fracasar y nuevamente reinventarse.
David y Sonia llevan muchos años de conocerme –Sonia más que David- y en ese tiempo solo me han pedido que colabore con ellos, que crea en sus sueños, que me comprometa realmente, y yo, porque son mis amigos y aunque no lo crean los quiero, lo he hecho ad honorem cuando lo han requerido, de la forma que sea, incluso más convencido que ellos de llegar a la meta.
Yo no soy cristiano y tampoco me muero por serlo, tal vez algunos dirán que escribiendo de esta manera tampoco puedo ser hijo de Dios, y bueno, quién sabe, bastardos existen hasta en las mejores familias.
David y Sonia no son pastores pero sí que se mueren por serlo; invierten para ellos la mayor parte de su tiempo y las bastantes reducidas cantidades de dinero que perciben por sus trabajos mediocres y todo con el fin supremo de cobrarse todo con intereses el día en el que el jefe de la misión –un tal Claudio Zola, que tiene una pinta de coquero del carajo- se digne, tal vez por compasión o como premio a su perseverancia, a ordenarlos pastores de su propia iglesia, aunque eso, como dice el pastor Luis Vela, es altamente improbable.
A mí me gustan las chicas y los chicos y desde hace un par de años no me incomoda decirlo. Creo que callándolo estoy ocultando mi verdadero yo, que no estoy siendo sincero con la gente que me rodea pero sobre todo conmigo mismo.
En cambio ellos prefieren que lo oculte, que mienta, que aparente ser un probo hijo de Dios, que aprenda de ellos que también tiene que fingir; pero yo no puedo, por eso he fracasado como cristiano y por eso, David y Sonia ya no son mis amigos.
Yo escribo desde muy niño, escribo historias irreales que tienen como base mi vida, pero siempre –casi siempre- está exagerada, o descrita a manera de utopía o de la manera en que yo quisiera que hubiese ocurrido.
David y Sonia saben que escribo y me dicen, tal vez falsamente, -y no me sorprendería- que no lo hago tan mal y me piden que cambie mis contenidos, que fabule con Dios; me dicen que conocen de mi llegada a la gente, que conocen de mi facilidad para hacer amigos y también –por qué no- lectores, y me explican que escribiendo sobre supuestas apariciones divinas, señales celestiales, etc., lograré que una gran masa de jóvenes se conviertan a Cristo y yo estoy seguro que jamás caeré tan bajo, que jamás tendré la necesidad de engañar a nadie de esa manera, ni por plata ni por mi salvación y mucho menos por David y Sonia.
Yo a veces escribo sobre personas que están vinculadas a mi vida -o a mi cama- y que coincidentemente también están vinculadas a las penitentes vidas de David y Sonia y quizá, por eso, estos santos señores se creen con el cívico derecho de reprocharme y recriminarme el hecho de mi indiscreción y yo por supuesto me defiendo y les explico que todo lo dije en honor a la verdad, que tener esos secretos guardados en mí son como tener un nudo oprimiendo mi pecho.
David y Sonia, que son cristianos y que aspiran –y seguirán aspirando- a ser pastores, me piden que mienta, que oculte la verdad, que me desmienta a mí mismo pidiendo disculpas públicas a los afectados, que se entiende, son cristianos y por consecuente, sus amigos.
Yo les digo que no puedo retractarme, que lo haría siempre y cuando hubiese mentido o escrito palabras inexactas, pero ese no es el caso, todo lo que dije es más que cierto y por supuesto que tengo como probarlo.
Ellos me pronostican un mal final, me auguran el infierno, ya ni siquiera me dan una esperanza, me acaban de condenar; ellos, los pastorcillos de Belén, me acaban de hacer la cruz, me acaban de excomulgar.

Diego Alonso Granadino.

lunes, 28 de diciembre de 2009

¿DÓNDE ESTOY? ¿QUÉ HORA ES? ¿POR QUÉ ME DUELE TANTO EL CULO? PARTE 2 (CONTINUACIÓN)

"La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena." El chavo del Ocho

(CONTINUACIÓN PARTE 1)

No puedo explicar como o porqué pero sí que debió gustarme pues no opuse resistencia. Me deje ultrajar como una buena puta y seguramente el violador es un gran pingón.
Me limpio con cuidado con ayuda del papel higiénico, al parecer sigo sangrando. Solo ahora comprendo el malestar de las chicas al menstruar.
Sin querer, el saber que estoy emanando sangre del trasero me ha quitado todos los malestares del rebote, ahora solo estamos el dolor de mi culo y yo.
Me baño, me lavo el culo para que no se infecte, el agua que se resbala por mis piernas, cae a mis pies y se cuela por las rendijas del piso de losetas es semi-rosada. Salgo del baño. Me taconeo el culo con papel higiénico, me pongo los pantalones sin calzoncillo, me pongo gotas a los ojos, cuento mi dinero, me pongo la camisa los zapatos y las medias y luego cojo mis cosas y me voy de ese cuarto inmundo donde me rompieron el culo.
Le pregunto a la recepcionista dónde estoy y me dice que en un hostal en el centro de Lima; le pregunto si tiene una Inka colita bien helada y me dice que sí, que a tres cincuenta, y yo pienso que estoy es un robo a mano armada, que no hay respeto por los convalecientes. Le pago y le pregunto si le debo algo más, me dice que nada, que mis amigos pagaron todo, y yo le doy las gracias y salgo con mi mochila al hombro, caminando como pato y sé que la recepcionista me esta mirando el poto y que esta sonriendo golosa por que se imagina lo que me pasó anoche, por que se imagina que me rompieron el culo.
Paro un taxi y me subo, me dice a dónde y le digo al Comercio y le pido que apague su Radiomar plus por que me siento mal, el taxista lo hace de mala gana; suena mi celular, es mi mamá, le contesto y le digo que estoy bien que no se preocupe y al toque le cuelgo, no estoy para sermones y en eso me entra la curiosidad por saber si tomé alguna foto desde mi celular anoche o deje alguna pista que me ayude a dar con los culpables, y sí, claro que las tomé. Hay están los desgraciados, salen sonrientes, felices, cómplices, como si supieran exactamente que me romperían el culo, como si lo hubiesen calculado desde hace mucho.
Yo solo sonrío y me digo que ha llegado la hora de vengarse y que le voy a romper el culo no solo a ellos si no a cualquier ser humado que se me cruce por enfrente y aunque no estoy bien sentado, en el fondo me siento bien pues el solo hecho de maquinar mi venganza me entretiene; pero a estas alturas de la mañana solo de dos cosas estoy seguro: de que no cagaré en mucho tiempo y de que si este viejo calvo no se apura, llegaré tarde al trabajo.





(PARTE 2)



Nadie dijo que una venganza fuese fácil pero intentar vengar a tu mancillado poto es una misión laboriosa, peligrosa y está demás decir que excitante.
El proceso de recuperación es lento pero ya noto las mejorías, mi evacuación intestinal, que lógicamente era mi mayor preocupación, la estoy llevando a cabo con éxito gracias a unos laxantes muy buenos y aunque sigo convaleciente e tratado de seguir con mis labores diarias, que son muchas normalmente. Ahora solo una cosa me perturba y me quita el sueño: el vengarme de los dos mequetrefes que ingresaron en mí sin el debido consentimiento y peor aún, por la puerta falsa.
Pude saber quienes eran gracias a la nunca menos apropiada cámara fotográfica de mi teléfono celular. Una cámara que de por sí siempre pensé inservible y desdeñable, pero que ahora me ha servido para reconocer a los mercenarios pinga loca que me horadaron el culo.
El solo hecho de reconocerlos y saber quienes son es una sorpresa. Nunca pensé que tan buenos muchachos, bastante heterosexuales ellos, por cierto, con novias riquísimas y además críticos tan feroces de blog´s de ambiente, se hayan dejado fotografiar tan placenteramente con sus sexos erguidos, tocándose unos a otros, permitiéndose la osadía de ingresar a mi boca los dos a la vez. Ver las fotos me provoca una sonrisa enorme, no hay crimen perfecto, pienso.
Pero que clase de avaros mentales pueden ser estos imbéciles para dejarse fotografiar por un ser tan peligroso como yo. Que pensarían estos anormales amigos míos, que me quedaría en silencio lamentándome y amedrentado por su bravuconería infantil. Pues no. El hecho de que también te gusten los hombres no te hace maricón, los maricones fueron ellos, que aprovechándose del estado inecuánime en que me encontraba (o en que me encuentro), forzaron una penetración que en un inicio debió ser negada, pero en fin, no me quejo, esos son los riesgos que uno asume, pero los reto a que así sano como estoy ahora, bueno me acabo de fumar una troncho pequeñito hace un momento para darme coraje, se atrevan a sodomizarme, verán lo que les espera.

Entonces, como les decía, he visto las fotos y me he fumado un tronchito para planear la venganza por que aunque no lo crean así pienso mejor, y se me ocurre la genial y temeraria idea de descargar esas fotos a mi computadora y enviárselas a todo ser viviente que tenga una dirección de correo electrónico activa.
No es una buena idea desde el punto de vista de las consecuencias que traerá, pero siento que es mi deber jurídico reivindicar a mi poto que a sufrido una violación a sus derechos humanos.

Descargo las fotos y las voy enviando, primero a sus novias, luego al correo universitario de la facultad, luego a los catedráticos y al decanato y finalmente a nuestros amigos en común. Coloqué las fotos y un titulo en letras de colores que decía: Los críticos de ambiente. (En alusión a que uno de ellos en un artículo bastante primarioso, criticó la defensa de uno de mis compañeros a un fallo del Tribunal Constitucional a favor de los homosexuales)

Envié las fotos desde un correo recién creado y noté el inmediato impacto que esto causó en toda mi comunidad universitaria. El chisme y las fotografías se esparcieron de inmediato, y por lo que sé hasta el momento, sus novias los han dejado públicamente y ellos aún no dan la cara, se encuentran como no habidos.

Me sentí feliz y vengado, esto es como haber ganado un juicio, como haberlos condenado a la cadena perpetua de llevar sobre su espalda el yugo doloroso y vergonzante de una travesura imperdonable, que les ha costado la reputación y tal vez les cueste la carrera.

Abro mi correo y entre otras cosas veo un correo anónimo, lo leo y dice: Cuídate maricón, te rompimos el culo pero ahora te vamos a romper la cabeza.

lunes, 21 de diciembre de 2009

¿DÓNDE ESTOY? ¿QUÉ HORA ES? ¿POR QUÉ ME DUELE TANTO EL CULO? PARTE 1

A "Caligula".

No siempre tu último día de clases en la universidad tiene que ser bueno, y tengo como probarlo.









Algún Hotel desconocido, Avenida Washington, Centro de Lima.

Son las ocho de la mañana, por lo menos eso puedo ver en mi reloj. Hace unos segundos he abierto los ojos, he despegado mis parpados abruptamente preguntándome al unísono: ¿Dónde estoy? ¿Qué hora es? ¿Por qué me duele tanto el culo?
Gracias a Dios, o mejor dicho, al generoso obsequio de mi amigo Gianfranco, puedo saber que hora es y por lo que veo estoy en un hotel: hay botellas en todas partes, hay restos de cigarros y todo huele como a cantina, incluso yo. De manera que ya sé qué hora es y donde estoy y tal vez que estuve haciendo, ahora solo me falta saber por qué me duele el culo.
La cabeza me va a explotar, todo me da vueltas, presiento que no he dormido mucho, pero estoy seguro de que no podré dormir más. A las nueve en punto debo entrar a trabajar y puedo fallar en todo menos en eso pues la buena plata que gano me tiene esclavizado y me obliga a ser responsable. Trato de recordar qué pasó, como llegué hasta aquí y no puedo, solo vienen a mi mente borrosas imágenes de escenas tan lejanas que sería increíble pensar que sucedieron anoche. Estoy jodido, pienso. Veo la cama e intento recuperar sensaciones, intento sentir que fui feliz sobre ella, huelo sus sábanas y por mi nariz se filtra un olor a sexo a ron a cerveza a marihuana a sudor de hombre, todos fusionados haciendo un mismo aroma, un aromas que me es muy familiar y que está acabando con mi vida o por lo menos me está dejando unas ojeras del carajo.
Tengo dieciocho años y he vivido esta escena muchas veces, tal vez algún día no tendré la suerte de levantarme y me moriré o me morirán, de esta manera tan chicha, tan putañera, pero tan acorde con mi persona. Tengo una sed de mierda, tengo la boca amarga y la nariz irritada. Voy encontrando más pistas: también hubo coca. Trato de buscarla, miro a todos lados y sobre la mesa de noche encuentro entre otras cosas a mi solitaria tarjeta BCP y esa es una señal inequívoca de que mi acompañante o acompañantes se llevaron la restante y me dejaron un rebote horroroso, el peor de mi vida.
Y así, sin moverme, me toco el sexo, que como siempre hasta estas horas de la mañana anda lleno de sangre, asomando la cabeza por algún lado del calzoncillo. Lo toco y luego me llevo los dedos a la nariz: huele a mujer, a coño de mujer. Y ahora sí que no entiendo nada. Lo más lógico era que el co-protagonista de tal desmadre sea un hombre, pero como nada de lo que es lógico resulta siendo tal, mi pinga me huele a coño de hembra y a mí me duele harto el culo.
Qué grande la tengo, pienso. Y ya que pocas veces tengo el placer de verla así, comienzo a masturbarme, más por la curiosidad científica de descubrir si una buena paja te quita el dolor de cabeza, que por placer. Me vengo rápido y en demasía, eso confirma solamente una cosa: que anoche hice de todo menos eyacular. Me limpio con la sábana y pienso brevemente en las personas que se dedican a lavar las sábanas de los hoteles, que innoble labor; por eso estudio y voy a la universidad cinco horas diarias, por eso tengo que llegar a las nueve a mi trabajo, para nunca lavar nada pero para poder ensuciarlo todo.
La cabeza me duele mal y hasta más que antes, aunque no es por nada pero que alivio es sacarte un poco de leche de los huevos, bendito sea el que invento las pajas.
El tiempo que resta para las nueve se va reduciendo y yo aún no he hecho nada ni he descubierto al culpable o los culpables de mi deplorable estado. Se me viene a la mente las peperas pero descarto esa posibilidad al percatarme que mis cosas de valor, entre ellas mi celular, mi billetera, mi nextel, se encuentran a salvo también en el suelo. Eso me permite sospechar que los que estuvieron conmigo anoche son personas de mi absoluta confianza. Pienso en Renato, pero él es un pituquito, el jamás entraría a estos mataderos, se enrroncha y además él no me hubiese dejado aquí tirado a merced de nadie. Él me hubiese llevado en su carro a su casa por que sabe que a mi casa en este estado no llego ni cagando, y me hubiese puesto gasitas calientitas sobre la ñata y me hubiese dado harta Cocacolita para la sed. Además refuerza la tesis el hecho de que Renato hace semanas que no se aparece por la universidad y estoy seguro de que tampoco se imaginaba que ayer fue el último día de clases.
Claro, eso es, el último día de clases, por eso estuvimos tomando y por eso seguramente ahora estoy acá.
Intento levantarme y siento que no debí hacerlo. Me duele todo pero más el culo por eso me levanto de costado y con mucho esfuerzo me pongo de pie. Creo que sigo borracho y estoy haciendo algunas muecas. Arrastro los pies y trato de hacerlo ordenadamente para no irme debruces y cortarme la cara con tanta botella que hay en el suelo. Se me hace tan lejano el baño que pienso que mejor sería mear sobre el piso pero me muero de sed y quisiera tomarme hasta el agua del inodoro. Al pararme se hizo más notorio el malestar en mi baja espalda: me siento como en mi primera vez con Juancito Vargas, que me dejo en cama por semanas, sin la posibilidad de sentarme y peor aún sin la posibilidad de cagar. Qué gran pingón el loquito, saludos a Italia.
Al fin llego al baño, abro la llave del caño y tomo agua de una manera exagerada, atorándome. Lo peor del rebote es que nunca dejas de sentir sed y al principio te desesperas pero ahora, que ya me manejo en la materia comprendo de que todo es cosa de controlarse.
Dejo de tomar agua y me dispongo a orinar y ya no puedo más , me vence el cuerpo ,por eso me siento sobre la taza, me bajo el calzoncillo y orino sentado. Qué rico es orinar sentado. Yo quisiera ser mujer por el solo hecho de orinar sentado, es muy complicado orinar de pie: siempre teniendo que apuntar bien, siempre al cuidado de no gotear o salpicarte y lo peor de todo es que muchas veces sin limpiarte. Y ya casi cuando he terminado creo comprender el motivo del dolor en mi culo. Es un descubrimiento que me paraliza y me aterra y me hace temblar. Toda la parte trasera de mi calzoncillo está cubierta por una pasta rojiza que está entre seca y húmeda y que innegablemente es sangre en grandes cantidades. Me paro asustado y veo que mis piernas también están ensangrentadas. Lógicamente no me ha venido la regla: me han roto el culo. Literalmente me han roto el culo y de la manera más estúpida: en la inconsciencia.

(La parte dos continua el próximo Lunes)

miércoles, 16 de diciembre de 2009

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE LA GRIPE H1N1

"UN AÑO DE PAJAS"

A TODOS LAS PERSONAS QUE COMPARTIERON EL AMOR EN TODAS SUS FORMAS O DIMENSIONES CONMIGO.
DIEGO.





Hace cuatro años le hice el amor por primera vez a una mujer. Fue un comienzo accidentado, lleno de temores, bochornos y sin la protección debida de un preservativo. Fue un acto de amor aunque también de miedo. Me embargaba el temor de no dar la talla, de no durar lo suficiente, de no poder ocultar mi conocida inapetencia por lo femenino. Pero al fin y al cabo terminé sobrecogido por una mujer a la que no amaba en ese momento, pero a la cual terminé amando con locura más tarde. Y fue quizá ese acto cómplice, el que logró enamorarnos y mantenernos juntos por tanto tiempo, esa es mi teoría, no sé que dirá ella.

Recuerdo que en la primera oportunidad que tuve de estar junto a ella fui yo el que declinó. Cabe indicar que para eso, yo antes había hecho alarde de mis supuestos mil y un encames frente a ella, que por ese entonces era solo mi mejor amiga. Pero en ese momento y frente a su sexo desnudo, no supe ni siquiera como actuar y dije la primera estupidez que se me vino a la mente: Fiore, yo te respeto, creo que vamos muy rápido. Eso, por supuesto, me valió muchos puntos a mi favor, y quedé, afortunadamente, como el chico respetuoso y correcto que ella siempre creyó que fui.
Inmediatamente después de este episodio, corrí a mi barrio y busque la ayuda experimentada de los que hacía mucho desvirgaban mujeres por doquier. Les conté mi drama y traté de entender sus rampollescos consejos al máximo pero a la vez iba aplazando o evitando las oportunidades que tendríamos para concretar lo que evidentemente tendría que pasar tarde o temprano, eso, por lo menos, era lo que pronosticaban nuestros besos y tocamientos apasionados.

Hasta que el día llegó y tan tonto no soy, sabía que de no dejar que las cosas fluyan quedaría mal parado o crearía dudas innecesarias en ella y quise evitarme esos problemas más que por orgullo, por miedo. Ella hizo todo, lo confieso. Yo solo me dejé hacer el amor y sinceramente fue una de las más grandes decepciones de mi vida. No llegamos a terminar y no sé si ella llegó a notar mi inexperiencia y mi fracaso, pero luego estuve un gran rato encerrado en el baño masturbándome y tratando de expulsar todo lo que no pude en mi naufragio.
Intentamos hacerlo muchas veces más y el resultado fue el mismo: la frustración de no eyacular nunca. Era un amor incompleto, que te dejaba un sabor amargo en la boca y que nos mantenía en silencio, sudorosos, oliendo a sexo.
El día de su fiesta de quince años hicimos el amor por primera vez o mejor dicho, llegué a eyacular en ella por vez primera. Toda su familia estaba muy cerca del cuarto en que lo hacíamos y quizá por eso, el riesgo digo yo, fue lo que llegó a excitarme medianamente. Cuando lo logramos, recuerdo, lloramos mucho, palpamos el preservativo, conocimos al plural de mis células confundidas encapsuladas dentro de ese jebe maloliente y respiré profundamente totalmente convencido de que por fin era un hombre, que no me separaría de esa mujer nunca y que era una delicia hacerle el amor, que no volvería a estar con un hombre nunca más, aunque ya mucho tiempo después, me convencí que estaba equivocado.

Desde ese momento descubrimos que lo que verdaderamente nos excitaba era el hecho de sentirnos acechados, descubiertos, pillados. Y gracias a esa extraña costumbre, procuramos hacer el amor en los lugares más peligrosos y a la vez interesantes que pudimos. No era lo mismo hacer el amor en un hotel mala muerte de la avenida Habich en San Martín de Porres, encerrados frente a un televisor de 21 pulgadas con cable y canales para adultos, que hacerlo fuera del baño en el que su mamá se bañaba o hacerlo en la misma cama en que su hermana mayor dormía y en donde nosotros también fingíamos dormir profundamente. Cosas como esas hacían que nuestro amor sea especial pero a la vez peligroso. Cada vez buscábamos un lugar más excitante, hacer el amor en su casa o en la mía con nuestros padres rondando ya no significaba nada, queríamos más. Llegamos a hacerlo en un bus, la línea treinta y tres, que va de Gamarra a Canta Callao, en el asiento de al fondo, cubiertos por mi casaca y moviéndonos al compas del carro, que por cierto estaba semi-vacio. Lo hicimos también en el baño de la academia Trilce, exactamente la que se encuentra en la cuadra trece de la Arequipa, ella sentada sobre el tanque de agua del inodoro, a una altura considerable que evitaba que le vean los pies y yo parado frente a ella, tapándole la boca con las manos para que no haga ruido y evitar que ser descubiertos. Muchos otros lugares que hoy se escapan de mi memoria fueron también testigos silenciosos de nuestra fabricación del amor, lugares que aun sigo frecuentando y que me traen recuerdos imborrables, recuerdos que nunca podré describir.

Luego descubrí el amor con otras mujeres y desde hacía mucho tiempo atrás con otros hombres y gracias a eso entendí que no todas las personas con que te acuestas son memorables, las situaciones, los lugares, los momentos exactos, las hacen memorables e indescriptibles. Ahora hago el amor con frecuencia, no siempre me resulta gratis, pero intento buscar en él, las dosis de peligrosidad del inicio, aunque no siempre es tan fácil conseguirlo o no siempre consigues a la persona que este dispuesta a intentarlo. Por eso a veces tienes que pagar y no me avergüenza el hecho de decir que a veces tengo que pagar por amor, no siempre tampoco, pero las veces que lo tengo que hacer, lo hago y creo que te sientes mejor, disfrutas del producto que has comprado, lo aprovechas al máximo.

Resulta más cómodo irte a un hotel con una chica pero tal vez no tanto si es que vas con un hombre, digamos que en ese caso siempre existe un poco de vergüenza. Vergüenza que por supuesto yo se manejar muy bien, pero que en el caso de mis inexpertos acompañantes, que casi siempre son distintos, no puedo reprimir, por eso he cambiado de escenarios y hoy el baño del segundo piso de mi facultad, al cual no entra nadie y aun no me explico porqué, se ha convertido en el lugar que acoge mi amor en todas sus dimensiones todas las semanas (sobre todo cuando tengo clases de Lógica Jurídica). Ese baño es un lugar místico, desolado y no por eso menos acogedor, y además cuenta con un diseño sonoro que encapsula los gemidos y onomatopeyas propias del amor.

Nunca he sido descubierto, ese es mi mayor orgullo. Creo que si de algo se puede jactar una persona es de la cantidad de lugares en que haya hecho el amor, no de la cantidad de personas, hombres o mujeres, de eso no, tan solo de las veces en que se entrego al deseo, a sus más bajos instintos, a las ganas descontroladas de entrar en alguien o de dejarse poseer por alguien, de las veces en que dejo un poco de su ser, de su vida en un persona o en un preservativo.

Si algún día muero y tienen que escribir mi epitafio, tendrán que decir:
Fue un hombre (en parte) que amo y fue feliz, por que hizo el amor en todas partes.