miércoles, 2 de diciembre de 2009

JUGANDO LIMPIO

Este artículo fue publicado luego de la aprobación de Estrella, la protagonista de esta historia y de mi vida.




Me acabas de sonreír. No sé que decir, tu sonrisa me ha paralizado. Eres preciosa, pienso. Te miro a los ojos fijamente y también te sonrío con la expresión más traviesa que invento. No dejo de mirarte a los ojos, así medios chinitos, porque desde chico me enseñaron que siempre debes de mirar a las personas de frente, sin miedo.
Parecen siglos pero han transcurrido apenas unos segundos. Uno de los dos tiene que hablar, ¿Pero quién? Me siento raro, yo nunca me aplatano, yo siempre tengo algo que decir, yo siempre tengo alguna estupidez en mente para robarle sonrisas a la gente, por eso que a veces muchos de mis amigos piensan que yo las preparo con anterioridad, pero no, se equivocan, así soy yo: un payaso frustrado que ríe por no llorar.
Pero ahora estoy bloqueado, tendrás que empezar tú preciosa, yo paso, me paltéo, hace meses que no hago esto, porque, tengo que confesarles, que desde hace un año aproximadamente, solo me he vinculado con chicas a las que me pueda tirar a la brevedad, ustedes sabe, a pesar de todo soy hombre y tengo mis necesidades “filosóficas” (cómo dice mi abuela). No me interesa gilearlas ni llevarlas al cine o a comer ni nada, solo un par de tragos, claro si la situación lo amerita, y plum, a aplicar durito y parejo. Ya me acostumbre a ese ritmo de vida, sinceramente me resulta mas laxo y justo ahora, cuando necesito revivir mis grandes dotes de gilero profesional no puedo. Puta madre, qué injusta es la vida (o la arrechura). Pero a ti no te miro con ganas de tirarte, no. No pienses mal. Yo a ti te respetaría , ni siquiera te besaría porque mujeres como tú no están hechas para tocarlas sino para contemplarlas, para soñar con ellas, para pensar en ellas y eso seguramente es lo que va a pasar conmigo, me voy a quedar clavadazo pensando en ti por días, solo estarás en mi mente y les diré a los pajeros de mis amigos que conocí a la dios Venus y ellos me pedirán que te describa tu poto o tus tetas y yo no diré nada porque por lo menos en mi recuerdo serás mía, solo mía.
Entonces despierto del trance y me digo, ey Dieguin, no puedes dejarla ir así no mas, no puedes perder esta oportunidad, tienes que hacer algo. Y es verdad, tengo toda la razón, es la primera vez en mucho tiempo que me encuentro totalmente de acuerdo conmigo mismo, y es que así es el amor, súper conciliador, y mira tú preciosa sin querer haz hecho que me reconcilie con mi otro yo, porque yo siempre ando peleado con todo el mundo e incluso conmigo mismo, pero por ti, mi amor, me peleo con el mundo entero. Oye, Diego, un momento, ¿Acaso te has dado cuenta de lo mismo que yo? Si, sí, eso. Y no es que piense mal ah, ¿Pero no crees que sea mucha coincidencia? La verdad es que se parece un poco pero yo al principio ni por acá, aunque ahora que lo mencionas puede que tengas razón, se parecen un poco, no mucho tampoco, Fiorella tenía rasgos más toscos en cambio ella es suave, súper delicada y tiene lo que en mundo del espectáculo los actores llamamos ángel y si yo creyera en Dios diría que es un ángel, pero no creo o por lo menos no mucho, y por eso por ti estoy dispuesto a inventar una religión, para adorarte solo a ti, pero eso sí yo solo seré tu único feligrés porque compartirte ni loco, me costó tanto conseguirte que ni a balas te pierdo. Pero yo ya me estoy alucinando a tu lado y ni siquiera he abierto la boca para decirte hola, que mal educado soy, no parece que viniese de la familia que vengo, ni que tuviese el apellido que tengo, pero es que se pegan pues, la choledad y la malacrianza se pegan, sobre todo en esta universidad en donde abundan los cholos becados que a uno lo tratan como igual, sin respeto alguno por el cargo que ostentamos, que en mi caso es nada más y nada menos que delegado general de Derecho, pero estos que van saber de eso. Ten cuidado de esos malandros, amor, de segurito que si no te roban te meten la mano, pero ay de aquél que se atreva y yo me entere, pobre de él, le rompo todo, la cara, los brazos, las piernas, los regreso a su tierra en bus camión y encima les expropio su chacra, ay carajo, ni que se metan contigo, preciosa, porque yo salto.
Y en eso, Diego, ¿No?, me preguntas rauda. No puede ser, sabes mí nombre, me conoces, y lo dices tan segura que si tal vez no me llamara Diego pues te diría que sí, porque tu sonrisa es capaz de convencerme de todo. ¿Y como me conoce?, me pregunto, si yo en mi puta existencia he tenido el placer de presentármele; pero bueno, Dieguin, no nos engañemos, ¿Quién no te conoce en esta pulgosa universidad? Si tu eres el mas popular por lo menos de tu facultad, si tú, en tu afán de figurar en todo haz hecho patas en todas las carreras que has podido, tal vez esa hermosura te vio caminando por hay y preguntó tu nombre o tal vez le pasaron el link del blog mamarrchento que tienes en Internet y te ha leído y ya conoce tu pasado, tu oscuro pasado, y solo te ve con pena, como un chico confundido y con muchos problemas al que gentilmente quiere ayudar, pero por favor Dios mió, si existes, nunca dejes que me lea, yo no quiero que me lea, no quiero que conozca mi pasado, por lo menos no ahora, yo solo quiero que sepa de mi futuro, de mi futuro junto a ella.
Sí, le digo, ¿Tú, eres?, y de inmediatamente me responde, Cielo, y yo pienso que me esta diciendo cielo a mí, pero no, así se llama, y eso es, ya tengo algo gracioso que decir y le digo gracias, y ella, ¿Gracias por qué?, por decirme cielo y eso que no me bañe, le digo y se ríe, y ya me puedo morir en paz, porque por una sonrisa suya me vuelvo melcochita, y ella, yo me llamo Cielo, mongolito, pero preciosa, tú no solo te llamas Cielo, tú eres el cielo. Y en eso te sonrío y te digo un gustazo y me voy acercando a ti para darte el diplomático besito en el cachete, y mientras me acerco no sabes cuanto deseo ser ruso en este momento para poder darte un beso en la boca, entonces, muack, y siento tu cachetito helado junto a mis labios y me quedo pegado un ratito, recontra goloso, y tu piel es suave, que diferencia con la mía que esta tan maltratada por el maquillaje y por el sol. Eres la chica perfecta y me gustas, pienso, porque los unicos requisitos que le pido a una señorita para atreverme a enamorarme de ella es no ser más alta que yo, eso las obliga a ser necesariamente chatas y no tener granos en la cara, y tú eres bien chaturris, bien compacta, y tu rostro es precioso, que envidia, ¡suaveeeecito!. Porque eso sí, preciosa, yo odio a los granos, desde siempre les he declarado la guerra, por eso que en mi cara nunca encontraras uno y que ni se atrevan a salirme porque los combato al toque con mi vapor de manzanilla sobre la cara y mis antibióticos, así desaparecen en one los pinches granos.
Cielo, no quiero caerte mal, no quiero hacerme el bacán ni el chico súper-conocido, quiero ser modesto, humilde, gracioso, sincero. No quiero empezar con una mentira, ese siempre es mi error. Otra oportunidad así ya no llegará y si llega talvez llegué muy tarde. Tú y tu sonrisota han aparecido en el momento indicado, cuando más las necesitaba, por eso ha llegado la hora de cambiar, de olvidarme de todo: de los chicos, las juergas, los bates, las pichangas y solo pensar en ti, solo en ti. Me lo acabo de proponer y sé que lo voy a cumplir. Te lo prometo, aunque aún no te enteres.
Ahora tu expresión cambia y me dices que te interesa mi proyecto para la modernización de la cafetería y yo, así seriecito, re-contra delegado, re-contra aprendiz de abogado, te paso a explicar el porqué de mi proyecto, y tu te enfureces y me das la razón, y me hablas de la concesión y creo que me gustas más así: molesta, hablando de derechos y deberes y no se porqué pero quiero pasar el resto de mi vida a tu lado.
Te doy las gracias por el apoyo y te propongo que seas parte de mi equipo y me dices, ya, mostro, y ahora eres informal y sonríes y yo lo que en verdad quisiera decirte es que seas parte de mí y de mi vida, pero slow, slow, Dieguin, piano, piano, como decía mi abuelo, tienes que ir despacio, que Cielo no piense que eres uno de esos pendejitos mandados, que se creen los bacancitos, que se paran rascando la entrepierna y escupen por doquier. Yo no me rasco la entrepierna, amor, y para serte franco, tampoco sé escupir, mi viejo nunca me enseño, cada vez que escupo termino escupiéndome a mí mismo. Y tampoco soy pendejo, yo siempre juego limpio, excepto cuando juego sin bañarme o cuando escribo.

Diego,

lunes, 16 de noviembre de 2009

ESE SEÑOR NO ES MI PASTOR

El Señor es mi Pastor; nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará descansar;
junto a aguas de reposo me pastoreará.




Con ocasión de un travieso poemilla, la semana pasada una serie de personalidades, todas ellas de un elevado prestigio intelectual, me han escrito correos reprobatorios acerca del contenido, un tanto juguetón, de esas líneas simplonas e infantiles que escribí en Arequipa, demás está decir que intoxicado.
Una de las cosas que más me divierten es que existan personas que luego de tomarse el sacrificadísimo trabajo de leerme (que de por sí ya debe ser terrible), se tomen luego el trabajo de criticarme. Eso, además de demostrarme su interés en las cosas que hago (o en las barbaridades que escribo) me demuestra que estoy cumpliendo mi misión en esta vida, que es: divertirme jodiéndole la existencia a la gente. Esa debería ser la misión de todos los seres vivientes. Divertirse ahora, no más adelante. Yo no creo en el más adelante. Tal vez hoy, que leen esta historia, he muerto atropellado por una combi asesina o peor aún, he sido apuñalado por algún alcoholizado barrista (que imagino, debe ser lo que muchos piden en sus oraciones), y al carajo mi más adelante. Yo vivo y me divierto y escribo como me va, como me sale de los cojones y ningún charlatán engaña muchachos, va a venir a decirme a mí como debo vivir o peor aún, sobre qué debo escribir.
Les decía que recibí unos mails en letra mayúscula a causa de una de mis travesuras y que de todos hay uno al que le voy a prestar una mayor aunque indebida atención. Prefiero no revelar la identidad del autor de la epístola pero sí su ocupación, que es nada más y nada menos que el austero y franciscano oficio (si podemos llamarlo así) de pastor evangélico. Ocupación, que según tengo entendido, es remunerada mensualmente con la insignificante suma de seis mil nuevos soles (céntimos más, céntimos menos), que les procura a estos señores, seguramente, una vida llena de privaciones cristianas y muchos obligados ayunos. No tengo nada contra sus sueldos, tal vez bien merecidos los tienen, lo que me escandaliza es que existiendo tantos niños hambrientos, y no en las punas, aquísito nomás en San Juan de Lurigancho por ejemplo, estos oportunistas demagogos, se llevan en carretillas la plata que mandan en costales los gringos mafiosos desde Norteamérica, pues les hacen creer que de esa manera, Dios, Jehová, Yavé, etcétera, etcétera, se hará el loco y olvidará sus pestilentes negocios y les dará su tarjeta V.I.P. para ingresar al paraíso. En conclusión, un lucro total con las conciencias y los temores.
Muchos de los miembros activos de la comunidad cristiana de la cual es líder el querido amigo defensor de las causas injustas y autor del estupendamente redactado correo, son, y lo he comprobado (y tengo como probarlo), unas autenticas joyitas, cosa que seguramente no sabe este señor o que si sabe, perdona fácilmente por un suculento aumento del diezmo.
Pero pongámonos en el caso de que no sepa. Yo, como es debido, tengo el deber, como futuro fiscal del diablo, de hacérselo saber a él y a la comunidad de fieles, a la incomprendida grey que semana a semana se congrega (y se martiriza) a leerme.
Comencemos por un morenito al que llamaré Gianmarco. (¡Qué moreno!) Con un pasado quizá peor que el mío. Un moreno, supuestamente, reformado, encaminado y trabajador de la viña del Señor. Un moreno que canta las alabanzas con una mano alzada, con los ojos cerrados y que deja escapar por emoción unas cuantas lagrimas. Un zambito que también, olvidándose de las enseñanzas de su pastor, se perdía algunos días junto a mí y un par de bien despachadas amigas (mías por supuesto) los viernes o sábados por la noche, siendo él el mayor promotor de que corriera por nuestras bocas y narices la mayor cantidad de alcohol y droga que nos fuese posible consumir. En una de esas tantas noches, gracias a Dios, pude gozar al igual que mis amigas, de todos sus encantos y de su nada pequeño sexo. Claro está que el domingo, de boleto, llegamos antes que nadie al culto y le pedimos perdón al Señor por los tantos pecados cometidos la noche anterior.
Gianmarquito y su boquita rosadita se hacen extrañar, hace medio año que no lo veo. Lo extraño o mejor dicho, lo extrañamos mis amigas y yo.
Existe también otro personaje al que llamaré, ya que no se me ocurre una nomenclatura que oculte su identidad, el sonidista. Un chico joven, bien parecido, mas bien bajo pero con un pasado lleno de desgracias familiares. No entraré en detalles, solo sé que fue él, la persona indicada de demostrarme que todo esto era una patraña, que los cristianos eran la misma mierda que todos y sobre todo para convencerme de que si Dios existe, y es todo lo perfecto que dicen que es, jamás escogería a esta tira de inmorales, embusteros, sacaplatas y charlatanes, reunidos en grupetes minúsculos y dispersos y que se convocan en cines viejos, colegios y cocheras, para regentar su iglesia, nuestra iglesia.
La historia del sonidista, si vivo, continuará el próximo lunes.

Diego.

lunes, 9 de noviembre de 2009

ME GUSTASTE DESDE CHIQUITO

A KLPQ,

Aquí les dejos estas rimas traviesas que escribí hace unos meses. Cualquier parecido con la realidad, tal vez, no sea pura coincidencia.



Dices ser cristiana, dices adorar a Dios sobre todas las cosas, dices no hacer nada pero bien que te la comes doblada.


Yo no te creo nada, conozco tus excesos, pero felizmente te quita culpa tu exagerada falta de sesos.


Estas embarazada, lo sabemos, y lo proclamas orgullosa y se entiende tu alegría pues siempre fuiste poca cosa.


De mis historias estas cansada, y yo qué culpa tengo, si tu vida esta cagada no es por mi imaginación sino por cachar sin protección.


Necesitaba disculparme, y también por supuesto burlarme, de tu desdicha bien ganada y de tus ganas de enterrarme.


Si algún problema me trae este poema, lo recibiré gustoso, pues nunca escupí una flema con tanto despecho amoroso.


Fingiste muchos embarazos, y mira tú como es la vida de caprichosa, que por falsa y mentirosa dentro de poco tendrás a tu hijo en brazos.


Atrás quedó tu algarabía, cuando hablamos te noté ida, y me convencí de inmediato que te has convertido en otra perdida, discípula de Sonia.


La culpa también la tuvo ella, que por dedicarse a fundar su iglesia y buscar un buen partido, se olvido de sus doncellas y final no fundó nada pero si encontró marido.


Qué pasó con todas ellas, debe ser una maldición, o tal vez por vocación, pero todas procuraron su estúpida extinción.


Hace casi un año me dedique a enamorarte, y no fue por tu hermosura, sino por las locas ganas que tenía de montarte.

No fue una gran cosas hacerte el amor, tenías de loba una gran fama, y aunque yo tampoco soy un gran amante me depcionaste en la cama.

Seguramente después de leerme me dirás maricón, y no hay problema, tu bien sabes, que también me gusta ese vacilón.


Y ya voy por los finales, pues me voy a descansar, pero en cambio tú no podrás ni siquiera pestañear pues tendrás que trabajar para la leche y los pañales.


Me gustaste desde chiquito, cuando me decían Dieguito, y te llamaban Karito.


Diego.

sábado, 31 de octubre de 2009

MIS REGALOS DE CUMPLEAÑOS

A Luis y Manuel.

Exactamente en sesenta minutos seré mayor de edad. Me siento como Potter en la Piedra Filosofal, esperando a que llegues disfraza del guardián de llaves de Trilce. Pero nunca llegarás, nunca darás conmigo. He escapado de Lima huyendo de ti, de tu recuerdo, de todo lo mal que me hace pensar que algún día exististe, que fuimos felices.




Estoy solo en un hotel de Arequipa. Mis únicos compañeros de cuarto son la modesta torta de cumpleaños que me he regalado y el enorme cuchillo sin filo que me han prestado en la recepción. Nunca tuve un cumpleaños más Vallejiano que este, y aunque Arequipa no es precisamente Paris, poco le falta y estoy completamente convencido de que solo en esta ciudad podré ser el escritor que siempre soñé ser.
Seguramente en unos minutos comenzaran a llegar a mi celular los cursilones mensajes de siempre. Comenzaran a desfilar saludos, uno tras otro, de gente que seguramente se enteró de mi cumpleaños por el Hi5 o por alguna otra red social a la cual también estoy inscrito. No los juzgo. Yo hago exactamente lo mismo. Y es por eso que desconfío tanto de esos mensajes y sobre todo, de las personas que los redactan.
Apago el celular. Quiero sentirme realmente solo. Quiero recordar un poco las cosas que, tal vez por descuido, he ido olvidando. Cierro los ojos. En la infinita oscuridad que procuran mis parpados aparecen miles de sonrisas congeladas. Gente que no recuerdo, pero que tal vez conocí, con la que seguramente fui feliz. Todos me saludan, sin dejar de sonreír me dicen hola. Quisiera poder mirarlos uno por uno y así poder reconocerlos, pero no puedo: son todos un mismo mosaico imposible de desmembrar. Les sonrío. Me gusta sonreírle a la gente. Me gusta parecer feliz. Estoy convencido de que solo la gente que aparenta muy bien ser feliz es la que triunfa y yo soy un triunfador, si no lo fuera hoy estaría muerto, como tantos otros que se dejaron vencer. Abro los ojos y si mi reloj no miente, ya soy mayor de edad. Feliz cumpleaños Dieguín, me digo. Apago la luz. Me canto el Happy Birthday al estilo Parchis, él que de chiquito me cantaba mi mamá. No hay velas, tampoco hay deseos. Mañana será un nuevo día. Me acuesto y les deseo a las cucarachas o ratones que se devorarán mi torta un buen provecho, tal vez ellos la necesitaran más que yo. Quiero dormir pero mis ojos no se cierran, no me obedecen. Entonces pienso que estoy dormido. Sueño. Sueño despierto y me doy cuenta que tal vez siempre he estado pensando que estoy despierto, pero que todo ha sido un sueño y luego no entiendo nada, no sé lo que digo, no sé lo que pienso, no sé lo que escribo. Me despierto. Tengo que salir, no me puedo quedar aquí, quiero hacer el amor, quiero que me lo hagan a mí. No he traído mucha ropa pero si quiero ir de casería tendré que ponerme la mejor. Me pongo una camisa a cuadros, el pantalón menos arrugado que encuentro, le paso un trapo húmedo a mis zapatos y por ultimo me envuelvo el cuello un pañuelo de seda plomo, que me dará, pienso yo, el toque intelectualón o maricón que necesito. Salgo del cuarto. Le entrego mi llave a la recepcionista y le digo que llegaré tarde. Me dice que tenga cuidado, que Arequipa ha cambiado mucho, que hay mucha delincuencia, que el alcalde no hace nada. Le agradezco la preocupación y le prometo retomar la conversación sobre el alcalde y su ineficiencia. Camino hacía el Convento de Santa Catalina a buscar hierba. El sabido taxista que me recogió del terminal me relato el divertidísimo tour del placer de Arequipa. No puedo ser maricón sin hierba. Nadie podría. Las calles son oscuras, angostas, me siento en un laberinto huyendo del Minotauro. Tal vez el taxista me mintió y lo que realmente encontraré será la muerte sobre estas empedradas calles. Veo un parque. Me gusta ese parque. Me gustan los parques. Voy hacía él y pienso que tal vez no conseguí hierba pero me encontré un parque oculto, en el que seguramente habrá muchas parejas haciendo el amor. Pero no hay parejas haciendo el amor, solo dos chicos parados al otro extremo del parque. No me dan miedo, al parecer son decentes y conversan de lo más normal. Me siento en la primera banca que encuentro. Cruzo la pierna. Recuesto la cabeza hacía atrás sintiéndome un gay incompleto. Más incompleto que nunca. Trato de pensar en algo. Y en eso, frente a mí, la voz de alguien preguntándome si fumo. Eran los chicos del otro lado del parque, uno de ellos tenía en su mano una bolsa transparente de lo que al parecer era marihuana. Sí, pero nunca solo, les dije.
Fumamos los tres. En silencio. Aspirando lentamente, como si cada pitada fuese la última. No sabía sus nombres ni cuantos años tenían ni tampoco cuanto les debía, solo sabía que esos dos jóvenes estaban tan o más confundidos que yo y que seguramente eran mi regalo de cumpleaños. Me preguntaron de donde era, les dije que de Lima. ¿Qué haces por acá? Huyo, les dije. ¿De quien? De todo. No preguntaron más. Tal vez notaron que no me divertía mucho hablar de eso. ¿Y ahora que quieres hacer? Hacer el amor, respondí. Vamos a la Unión, allí hay buenas putas, me dijeron. Yo no quiero hacer el amor con putas, les dije, yo quiero hacer el amor con ustedes.
Es obvio que la marihuana ya esta haciendo efecto. Los dos jóvenes me miran, no dicen nada, soy un desconocido que se les esta mandando. Pueden golpearme o simplemente irse y dejarme con la pinga parada, con el culo mojado. ¿Cuándo hay, Limeñito?, lo que quieran les digo. Doscientos, me dicen. Vamos, les digo. Tomamos un taxi. Los chicos me dicen que no le pague al taxista mas de tres soles, que no le de el gusto, que a estos pendejos les gusta abusar del turista. Les agradezco por llamarme turista, me gusta ser turista. Es bueno para el ego, ser turista. En Lima nunca soy turista, siempre soy un imbécil más. Entramos al hotel. Ya no está la recepcionista, solo hay un hombre semi-dormido que debe ser su marido. Pido mi llave. Me mira mal. Me pregunta si voy a subir con los dos jóvenes. Le digo que sí, que si hay algún problema. Ninguno, ninguno, joven. Entramos al cuarto. Prendo la luz. Me preguntan por la torta. Les digo que es mi cumpleaños. Me abrazan, me desean muchas felicidades, me preguntan cuantos, me ofrecen bajarme la tarifa a ciento cincuenta. Les agradezco. Cogen mi torta, apagan la luz. Y a la voz de tres, comienzan a cantarme el Cumpleaños Feliz. Nunca pasé un mejor cumpleaños, no sé lo que pasará luego. Solo sé que venir a Arequipa fue lo mejor que he hecho en mucho tiempo. Por ahora no quiero volver a Lima, solo quiero hacer el amor y celebrar horizontalmente mis dieciocho octubres.

lunes, 5 de octubre de 2009

EN OCTUBRE NO HAY MILAGROS

Y la gente apretaba más y más. Arrecho, le metí la mano debajo del hábito. La gente del lado, ni cuenta se daba.



La proce ya estaba en la plaza. En plan de cochineo comenzamos a meternos entre la gente. Íbamos en fila agarrados por la cintura: había que ver a Kerosene por delante, vicioso, metiendo la mano pajera a todas las chicas. Melenita, riéndose, se defendía con las manos de los golpes que le daba en la cabeza una negra. Primus, distraído, le había pisado los callos a una pobre vieja. Y la gente seguía amontonándose en las veredas y en todas partes. Un gil, con car´e raya lo agarró del brazo a Paulanca: quería entregarlo a la tombería, decía que lo había chapado metiéndole la mano al culo a su ñorsa. Los ojos de Paulanca ya se iban en plan de lágrima. Pero para eso están los amigos: nos fuimos en carga montón sobre el gil y a punta de patada se armó la grande. Todos se pegaban, las germas se defendían con sus carteras y arañaban como gatas, y las viejas, asustadas, nos empujaban e insultaban y pedían perdón al Señor de los Milagros.
Allá en la esquina de veintiocho de julio, la proce ya entraba en la plaza con sus luces y faroles. En el cielo oscuro se prendían fuegos artificiales. Sin que nos diéramos cuenta ya estábamos en medio de la calle, cerquita de la proce. Paulanca, desgraciado, se había colocado detrás de una germa bien rica: apachurrado por la gente que avanzaba despacio, iba todo serio, haciendo el rezador, con la boca abierta de lo arrecho que estaba pero bien pegado a la gila.
Un viejo, con lentes, disimulado, se coloco junto a mi pieza. Había que verlo, pendejo, aprovechándose de la apretadera, cómo se me pegaba. Amargo, le metí un rodillazo del alma. No dijo nada, más bien, empujándose entre todos logró ponerse delante de Melenita, que no perdió el tiempo y rapidito se acomodo tras su cabrilla. Y en eso reconocí entre la gente a la Samaritana, el mariconcito del barrio. Su cabello pintado de rubio, su carota de chuchumeca. Entonces le dije a la collera para acercarnos a la Samaritana y nuevamente, cogiéndonos de la cintura, nos pusimos en fila. Yo de puro sapo que soy, me puse detrás de la Samaritana. La Samaritana voltio y me reconoció, claro que me manyaba, varias veces me había piropeado en el Cine Odeon. Me sonrió. Entonces, haciéndose la rezadora comenzó a menearse, suave, disimulada, al ritmo de la banda. Y la gente apretaba más y más. Arrecho, le metí la mano debajo del hábito. La gente del lado, ni cuenta se daba. Todo estaba casi oscuro. Arrecho, arrecho, le puse el pájaro entre las nalgas peludas. Y toda la collera me empujaba más. A la Samaritana la estaba cargando en peso. Y el tumulto avanzaba hacia delante. Kerosene, espeso, estaba que me apuraba, él también quería entrarle. Y en eso, en una de las tantas empujadas le dí y la Samaritana, de loca que es, no me soltaba las manos. Menos mal que pude zafarme de tremenda cabrilla y Kerosene, apurado, desesperado, ocupó mi sitio.
A lo lejos, El Señor de los Milagros con sus luces y sus flores, avanzaba por encima del tumulto que hacía estallar las paredes que rodeaban a la avenida Manco Cápac. Entonces, poniéndome serio, le recé un Padrenuestro al Señor de los Milagros.

Oswaldo Reynoso.

lunes, 28 de septiembre de 2009

ALGUIEN DE VERDAD

A Lucia, Renato y Mariano, por ejercitar mi trisexualidad.

De seguro ya te diste cuenta que se me chorrea el helado, cabrón. De seguro a ti también se te chorrea, por que a mi no me engañas, cariño, ese aretito coquetón y esas pulseritas multicolores de tu brazo izquierdo ya te vendieron,




El jueves pasado conocí a Lucia. La verdad es que desde ese día no puedo dejar de pensar en ella, en su culito, en sus tetitas redonditas de escolar carretona del Fanning, en su sonrisa golosa; cierro los ojos y me veo junto a ella, fingiendo ser mas hombre de lo que soy, aunque tengo que aclarar que estoy atravesando por la etapa más heterosexual de mi vida, pero a pesar de todo siempre me hez complicado dármelas de macho. Mis manos en su cintura, sobre sus nalgas, acercándola a mi pelvis, manteniéndola sobre mi; recuerdo sus manos exploradoras ingresando temblorosas debajo de mi jean, palpando mi sexo erecto, haciéndome una pequeña paja. ¡Qué buena estuvo esa paja, Lu! Por eso hoy escribo estas líneas, para que las lea, para que sepa que regresaré y para contarle que desde ese bendito jueves, en ese antro subterráneo y maloliente al que pienso volver siempre con tal de volvérmela a encontrar, me la corro sagradamente tres veces al día pensando en ella, en sus contorsiones y en las cosas sucias y deliciosas que hicimos luego, en ese hotel de putas de la avenida Alfonso Ugarte, en el que me enseñaste que a pesar de todo aún puedo ser hombre, que contigo y solo contigo puedo ser un hombre de verdad.

El viernes salí con Renato, mi amigo y a veces, mí secreto amante. Sí ese, el coquerazo que le gusta cachar duro. ¡Qué suerte tienes Rena, a mi no se me para parchado! No le conté lo de Lucia. Y no es que le tenga miedo, pues sé que no es celoso, además tiene novia y no tendría derecho a reclamarme por los polvos de desfogue que me meto una vez al mes con alguna putita ebria y fumona que recojo de por ahí; lo que pasa es que Renato es un arrecho de mierda y no perdona a nadie, y si no me creen, pregúntenles a sus empleadas. Segurito que va a querer que se la presente y en menos de una hora, y tiene con qué, terminará por quitarme a la ricotona de Lucia, a mí Lucia, que debe ser una sabida de primera y que por supuesto, entenderá que lo que mejor le conviene es salir con Renato, que es lindo y tiene carro, que conmigo, que no soy lindo y que tampoco tengo carro (y que haciendo cálculos rápidos, no lo tendré muy pronto). Lo que me gusta de salir con Renato es que nuestra mayor diversión es quedarnos en su cuarto, subir al máximo el volumen de su modernísima radio (que yo presiento que esta viva) y fumarnos todos los tronchos que nos sean posibles, calatos sobre su cama. No tomamos licor, solo agua a veces (y de caño), por que la marihuana, y esto lo saben todos los que la han probado, que entiendo, son la mayoría de personas que se toman el tiempo de leerme, te produce una sed bárbara. Ni a mi ni a Renato nos gusta el licor. Claro, lo tomamos cuando estamos en la obligación sexual de hacerlo, por ejemplo el jueves en donde tuve que emborracharme al lado de Lucia para después tirármela, pero jamás solos. El licor me vuelve idiota, pavo, huevón, en cambio, la marihuana me vuelve listo, avispado y maricón, eso sobre todo, un mariconcito lindo que le cae a todo el mundo, un maricón dispuesto a todo, como le gustan a Renato. Ninguna salida con Renato es igual. Siempre esta inventando cosas que hacer, siempre tiene una nueva droga que meternos, una manera distinta de hacer el amor o una nueva película porno que ver. Por eso quiero a Renato, por eso creo, que nunca seremos abogados, ni hombres de verdad.

El sábado amanecí en casa de Renato. Estaba reventadazo. Eran casi la una de la tarde y seguíamos tirados sobre la cama. Me fui en silencio, tratando de no despertarlo. Me cagaba de hambre. Salí para Larco a comerme algo y luego me fui a casa con la intención de seguir durmiendo. Cuando llegué encontré mi casa hecha un jolgorio: la radio a todo volumen, en la sala tres enormes maletas, en el comedor, sentados y conversando a gritos mi vieja, mis tíos y una señora y un jovencito que creía conocer o que recordaba de alguna parte. Eran, luego lo supe, mi tía Carmen que había llegado de España y su hijo, con el que, según mi vieja, fui enormemente feliz cuando era niño. Cuando me decían esto, pensaba que seguramente este primo mío fue mi primer amor, que seguramente jugamos a la mamá y al papá (entiéndase que lógicamente yo fui la mamá), pero realmente no lo recordaba. No está nada mal el chibolo, pensaba. Era alto, flaco, blancón, ojitos caramelo (como casi toda mi familia, excepto yo, claro está), de cabellos negros y parados y con pinta de que se le estaban cayendo y que a los veinticinco no tendría ninguno. Lo salude tímidamente, seguramente era mayor que yo. Escuché en silencio y algo ruborizado las palabras de mi tía, que no se cansaba de recordarme lo grande que estaba, lo gordo que me había puesto y de decirme lo mal que me quedaba mi nuevo look, algo intelectualon, y yo pensaba, la pinga también me crecido tía, y si supieras como, cualquier día te agarro borracha y te la zampo. Mariano, mi primo, me observaba en silencio. De seguro ya te diste cuenta que se me chorrea el helado, cabrón. De seguro a ti también se te chorrea, por que a mi no me engañas, cariño, ese aretito coquetón y esas pulseritas multicolores de tu brazo izquierdo ya te vendieron, pensaba yo. Pero alguien tenía que romper el hielo, y ese tenía que ser yo. Si es que le quería romper el culo a mi primito Mariano, primero tenía que romper el hielo, era un sacrificio. Lo invite a mi cuarto, le dije que me aburría escuchar a la gente grande y que en mi cuarto podríamos escuchar música o entrar a la computadora. Aceptó. Fuimos a mi cuarto y le dije que podía usar la computadora o cualquier cosa de mi cuarto, excepto mis calzoncillos, no reímos un poco. Hacer chistes estúpidos siempre ayuda a caerle bien a la gente. (Por lo menos en mi caso) Y en eso, recontra puta, recontra quinceañera arrecha, me fui quitando la ropa frente a él. Quería ver su expresión, quería gozar de su nerviosismo. Total, al fin y al cabo somos primos y él no vería nada en mí cuerpo que ya no haya visto antes en sí mismo o en el cuerpo de otros hombres (Si se diese el caso de que fuese como yo, claro). Me quite incluso el calzoncillo y caminé calato por mi cuarto buscando, según yo, algo que ponerme. Me estas mirando de reojo, Marianin, ya caíste precioso, ya caíste, pensaba yo.
Le explique que no había dormido en casa, que casi no dormía ahí, así que podía usar mi cuarto cuando quisiera. Me preguntó donde me quedaba cuando no estaba en casa y le dije que donde Renato, un amigo. No le dije exactamente lo que hacíamos, (no en ese momento), no le dije tampoco que Renato la tenía enorme y que gustoso nos la metería a los dos si quisiéramos. Le dije que lo llamaría esta noche para salir los tres y me dijo, segurito mojándose, que no había problema. Me puse un short sin calzoncillo y me tiré a la cama. (Antes cerré la puerta con seguro. Mariano lo notó pero se hizo el huevón) Prendí la tele y le enseñe mi cartelera de DVD´s bamba. Le dije que escogiera la película que quisiera y el muy pendejo me escogió una porno.(Demostrando de esta manera que era mi primo) Porque eso si, me puede faltar la última de Harry Potter, me puede faltar Tarata, Mancora, la que chucha sea, pero nunca una buena porno, una de colegialas, que son las que me arrechan más. Lo felicité por su buena elección y comprendí que si no era una loca perdida como yo, por lo menos era un enfermo sexual que terminaría metiéndomela en cualquier momento, emulando a esas colegialas mamonas de la pela. La puse al toque. Me eché en la cama y Mariano se sentó a mi lado. Le dije que se echara pero no quiso, tampoco me importó insistirle. Puse play. Mariano se cagaba de risa, parecía que nunca había visto una porno. Yo solo miraba y una que otra vez me sobaba la pinga, recontra machazo, recontra cachero. Yo la tenía dura, la muy pendeja estaba asomándose por arriba del short. (Ese el problema de los cabezones) Le dije a Mariano que me haría una paja, le pregunté si le incomodaba y el muy pendejo se deschavo, me dijo que me la hacía él. No le dije nada, solo me recosté y me tape la cara para no verlo. Mariano cogió mi sexo y lo chupo suavecito (tenía experiencia el cabrón. Es mi primo pues, esta en los genes), le paso la lengüita juguetona por la cabecita, y yo solo pensaba en Lucia, como me gustaría que fueses tú la que me la estuviese chupando así, mi amor, como me gustaría ponértela en la boca y que te la comas toda, preciosa, eso, así bebita, así con la lengüita… y en eso, le di con todo en la boca de mi primo. (no fue mi intención, que conste ah). El pobre se tuvo que tomar todo, seguro que por compromiso. Y es que no es de buena educación escupir la leche de alguien que gentilmente se la deja chupar. Yo me cague de risa y pensé, que buen fin de semana he tenido, ojala que todos fuesen así, mi blog sería más piola, sería un blog de verdad.

Diego.

lunes, 14 de septiembre de 2009

LIMA SE PUDRE

Las líneas que aquí les presento, son , con algunas correciones, las primeras que escribí, hace ya tal vez cinco años, para mi primer borrador de novela que titulé, robandole un poco de creatividad a Almodobar, "Mi mala educación", cuyo final he ido postergando por todo este tiempo, por motivos personales y a veces inpersonales. Espero les guste.
Diego
.


Con guantes, bufanda y con incontables prendas de abrigo, gran cantidad de ellas de lana, claro está, Paolo inicia el sacrificado recorrido diario hacia su escuela. Al salir, lo recibe el abominable olor a mar que se le cuela por la nariz, el funeral cielo limeño y una desmenuzada garúa que no hacen más que recordarle lo que repite con ahínco su abuelo, Lima es una isla que flota sobre caca. Y es que el Perú no hubiese podido tener una capital mas digna de ser suya que Lima.

Lima representa, sin duda, al Perú. Lo representa en todos sus sentidos, pero sobre todo en los peores. Está rodeada por un mar lleno de heces que vomitan sus alcantarillas a diario. Heces más peruanas que la papa, que el maíz morado, que el mismísimo Señor de los Milagros. Heces que traslada en una encomiable labor el río que habla. ¿Pero qué hablará? Que hablará si no eso, lo que traslada: Mierda. Y es normal, porque es limeño. Porque los limeños han sido criados en eso, y quizá en menos que eso. Y Dios no pudo ser más justo, piensa Paolo, porque nos eligió al conquistador y fundador más acorde, a un conquistador que estaba familiarizado con la miseria: un semianalfabeto criador de cerdos. Quizá en ese entonces comenzó la maldición de Lima, quizá por eso hoy, se venga de los descendientes de ese viejo chanchero.

Lima se pudre, dice Paolo hablando solo. Casi siempre lo hace. Habla solo porque quizá no tiene con quien hacerlo o porque simplemente esta loco. Pero cuando lo hace, se imagina siempre hablando mal de Lima, del Perú, de su gente, de algunos miembros de su familia, de sus amigos, de él mismo incluso. Y al hacerlo, va descubriendo que tiene mucho sobre que hablar y que a veces, pero solo a veces, resulta interesante lo que dice. Debería escribirlo, dice siempre en voz baja y tratando que nadie lo vea y piense que esta loco, porque talvez lo está, pero a él, que es prudente, no le interesa divulgarlo. Quizá pueda ser escritor algún día, se dice. Pero él sabe que se engaña. No puede siquiera concluir un párrafo sin destruir la gramática universal, que gratuitamente crea, nunca se sabe quien, pero que de por si ya esta bien destruida. Además, él no tiene opción frente a su familia. O es médico o cura. En casa, nunca hubo un escritor que por lo menos pueda avalar genéticamente esa fantasía suya. Y si escribiera, tendría que hacerlo sin duda alguna, sobre medicina o en todo caso traducir la Santa Biblia, a algún dialecto desconocido, y que claro, para eso, tenga que culminar cualquiera de las dos carreras que él aborrece, mas su familia idolatra. Paolo no quiere más problemas de los que ya el colegio y sus abuelos le dan, por ahora es mejor dejar de fantasear y acelerar el paso, que ya dan las siete y media, y se hace tarde.
Cruza por calles bombardeadas que a esta hora de la mañana casi siempre están mojadas. Ve madres atormentadas tratando de alistar en plena calle a sus descuidados y somnolientos hijos a los que arrean de cualquier manera hacia la avenida Brasil. Observa sin ganas, el presuroso trotar de hombres encorbatados, que olvidan algo en casa y que regresan presurosos, recordándole en el camino y gratuitamente, la madre a cualquiera que se le cruce por el frente. La tuya, piensa Paolo, mas no lo dice porque no se atreve y sigue avanzando. Ve con la indignación de un jardinero, a perros cagando por recién recortados y cultivados jardines y por donde les de ganas de hacerlo, aun con sus amos al lado que los contemplan complacidos, como si les causará cierto goce la evacuación intestinal de sus mascotas, como si con esto, también ellos aliviaran en parte sus problemas digestivos. Y piensa que quizá, en un futuro no muy lejano en el que prefiere no estar presente, la gente cagara con los perros en los jardines y que en vez de los letreros que llevan impresos sobre ellos: No orine. Tendrán que crear otros que lleven escrito: No cague.
¿Cómo un diluvio no los desaparece? Se pregunta Paolo, nuevamente en voz baja. Paolo odia a los perros, pero odia más a sus amos. Los odia por criarlos, alimentarlos, bañarlos y hasta besarlos. Tal vez Paolo les tiene celos, pero él se defiende diciendo siempre que existiendo tanto niño pobre y abandonado en este miserable país, estos imbéciles andan manteniendo a un parasito que come más de lo ingiere un pobre niño de esos, en días y en algunos casos hasta en semanas. Debería haber tiendas de niños pobres, piensa y sonríe. Y no es mala idea. Debería en Lima, implantarse la moda de comprar niños pobres y engordarlos. Ensebarlos hasta no poder mas, y luego realizar una competencia entre familias ricas, y que el ganador sea, quien mantenga más niños pobres y así y solo así, dejarían de existir los pobres en el Perú, piensa Paolo, que conoce muy poco de justicia social.