lunes, 16 de febrero de 2009

Mas que una amistad

Para Anthony, por su buena historia, que tal vez, también pudo ser la mía.

..."Júnior resignado, fue relevando su puesto de amante activo a la de un amigo, mas paño de lagrimas que amigo y aunque le hizo saber su deseo por volver las cosas a como estaban antes, Joaquin ya no pensaba en él, pues pensaba en otro, mas lindo y tal vez con un sexo mas prometedor que el suyo..."


Estoy solo y frente al monitor de mi computadora, que es mi gran cómplice y el primer receptor de los relatos, ciertos o falsos, que escribo. Un día como hoy murió mi abuelo y un día como mañana. 14 de febrero, lo enterraron, enternado y frío, entre los sollozos de todos los que lo quisimos. Por obvias razones no tengo ganas de salir con nadie en estas fechas tan mercantiles, nunca un febrero volverá a ser el mismo, por eso me resigno a escribir una historia que acabo de oír hoy hace algunas horas y que me ha gustado mucho y que además ha hecho que depure una historia llena de odios y venganzas que me había propuesto publicar, conmemorando estas fechas tontas, la próxima semana, tal vez mi abuelo así lo quiso. Esta historia me encanto desde la que oí, relatada magistralmente por un amigo que fue justamente, en mi época de adolescente confundido, mi amante.

Joaquin es un adolescente bisexual, que esta aprendiendo a aceptarse y respetarse a sí mismo. Tiene una novia, que desde luego no sabe que él también desea a los hombres, igual o más que ella, y esté por supuesto no tiene el mas mínimo deseo de hacérselo saber, pues piensa que su chica sufrirá y terminara dejándolo. Él en realidad la quiere y por eso le duele engañarla con amantes ocasionales, que cosas del destino, irían dejando de convertirse en muchos, para irse volviéndose, por culpa de un solo individuo, en un solitario y obseso amor platónico. No era la primera vez que Joaquin se enamoraba de esa manera de un chico, hace un tiempo cuando llego a vivir a ese apacible y recién inaugurado condominio, conoció a Júnior, un joven de rebuscada belleza, de estatura promedio y con un peinado singular. En un principio eran amigos ocasionales que cruzaban saludos y una que otra platica a diario. Conforme pasaba el tiempo, su amistad fue estrechándose hasta llegar hasta llegar a un punto sin retorno, y nuevamente cosas del destino, terminaron besándose desenfrenadamente, para luego, hacer aún mas físico su amor, sobre el sofá de la sala de Joaquin primero, y sobre su cama, testigo silenciosa de sus desenfrenos, luego. Esta relación, oculta y prohibida, como la catalogaba Joaquin, fue convirtiéndose de ser un pequeño juego de niños al comienzo, a una relación estable y llena de afectos normales de dos chicos enamorados, pero luego Joaquin comenzó a necesitar de Júnior no de una manera pasional, si no sentimental, y luego amical, y Júnior, a su pesar, fue dejando de ser un amante, para convertirse en portador solitario de cariño, mimos y uno que otro beso a su indiferente amigo. Las ocasiones sexuales fueron menguando a la par que el amor que Joaquin sentía por él, para convertirse en solo, una apacible amistad de su parte. Júnior resignado, fue relevando su puesto de amante activo a la de un amigo, mas paño de lagrimas que amigo y aunque le hizo saber su deseo por volver las cosas a como estaban antes, Joaquin ya no pensaba en él, pues pensaba en otro, mas lindo y tal vez con un sexo mas prometedor que el suyo y además, por que a su pesar, y todo sea por guardar las apariencias, tenía novia.
La noticia de la intrusa cayó muy mal en Júnior, tal vez por eso Joaquin guardo un tiempo más la noticia del nuevo amante, que en realidad aún no lo era, pero que posiblemente prometía ser uno y muy bueno. A Piero lo conoció socializando con su nuevo barrio, lo primero que se dijo al verlo fue: me tengo que acostar con este chico. Su piel trigueña, sus labios gruesos, su bello cuerpo y sobre todo esos rizos cobrizos que coronaban su cabeza, hacían que Piero fuera el nuevo protagonista de los sueños mojados de Joaquin, y mientas mas buscaba la manera de acercarse a él, mas Júnior lo buscaba y trataba de resucitar su amor. Joaquin aceptaba algunas veces, mas resignado, que motivado por el placer, y así poco a poco fue dándose cuenta que Júnior le mendigaba amor y él se lo fue dando por pena, mas que por placer. Piero mientras tanto entrelazaba una buena amistad con Joaquin, amistad que con el tiempo solo seguía siendo eso, muy a pesar de Joaquin claro, y el deseo que este sentía por él se fue volviendo frenético, obsesivo, incurable y dejo a su novia con el simple propósito de dedicarle mas tiempo a Piero, que no sospechaba en lo mas mínimo sus intenciones; olvido completamente acostarse con Júnior, que ahora solo se resignaba a oírlo hablar por largas horas hablar de Piero, y esto solo para estar a su lado. Piero nunca había mirado a Joaquin de otra manera que no fuera amical, tampoco había esperanzas de que alguna vez lo haga pues a simple vista era un joven heterosexual, que no tenía ningún deseo por descubrir otros campos amatorios, por lo menos por ahora. Joaquin cada vez que estaba a su lado trataba de rozar su cuerpo inventando juegos improbables y cada vez que lo hacia su piel se erizaba y su mente imaginaba por momentos circunstancias inenarrables, propias de una película pornográfica. Piero, aunque le parecían extraños, no dudaba de la masculinidad de su amigo, que no era muy demostrada en sus gestos y poses, pues estos eran un tanto femeninos, pero confiaba en Joaquin que muchas veces le había repetido que le gustaban las mujeres y solamente las mujeres. Pero un día, de esos que se les llama: un mal día, Piero le dio a Joaquin una noticia, que probablemente debió alegrarlo pues era su amigo, pero en cambio lo entristeció pues él, mas que su amigo, se sentía su amante; Piero estaba de novio con una chica linda, no tanto como él, pero linda al fin, y Joaquin que siempre supo como camuflar sus sentimientos, esta vez, quizá motivado por los celos enfermizos que envenenaban su obsesión, no pudo hacerlo. Le hizo una escena dolorosísima, colmada de llantos y de ruegos, le pidió que se alejara de la chica y procuro calificarla con los peores adjetivos existentes, Piero notablemente ofendido trato de defender a su chica y discutió fuertemente con él, se dijeron cosas que tal vez no hallan querido decirse y procuraron cada uno hacerse sentir mal con las cosas que se decían. Al final Joaquin se fue inundado en lágrimas y busco a su Júnior, al que él recordaba solo en momentos como este y le contó todo, y Júnior también lloró y maldijo el momento en que Piero se cruzo en sus vidas y trato de besarlo, pero Joaquin no tenía ganas de besar a nadie, mucho menos a él. Júnior hubiera dado todo lo poco que tenía por que Joaquin se hubiera enamorado de él, solo un tanto de lo que estaba enamorado de Piero, y ahora lloraba mas, y abrazaba al pobre Joaquin que estaba destrozado, pero no tanto como lo estaba él, que veía al chico que amaba ahogarse en llanto por otro. Pero algo cambio drásticamente en ese ambiente de llantos y tristezas de amor, Joaquin había decido confesarle su amor a Piero, pensando erróneamente claro, que por eso, este dejaría a su chica; Júnior le advirtió que cometería el peor error de su vida, que en el caso de que no te quisieran, era preferible conservar una amistad y notoriamente estaba hablando de él, pero Joaquin que es un tonto, ni siquiera se percato de eso, y siguió obstinado en confesárselo esa misma noche y juro por toda su parentela que si era rechazado, no tendría otro remedio que procurar su muerte. Júnior sufría al verlo, pero ya estaba acostumbrado a él y a su testarudez y solo le tocaba darle por su lado, pues había aprendido a quererlo así y no quería pelear con él, mucho menos ahora que más lo necesitaba. Ya estaba decidido, esta noche lo haría, le confesaría todo el amor que le tenía, todo el deseo animal que tenía por revolcarse con él, le confesaría las incontables noches en que se soñó besando sus labios y acariciando su delgado cuerpo, que hacia solo catorce años había llegado al mundo, y fue en ese momento de pensamientos crispados, donde Joaquin me llamo y por mi fama de zorro astuto, o mejor dicho de perra callejera, y tal vez por ser su ex-amante me pidió un consejo, y yo se lo di y le robe su historia, pues me recordó mi adolescencia y lo insté a confesarle su amor, mas por conocer el desenlace de esta tragedia, que por que este bien que lo haga, pues yo en verdad creo que fracasará. Espero que lo haya hecho, y que aún este con vida para contarme la segunda parte de su doble vida y yo, que soy escritor, y por lo tanto tengo la obligación literaria de escribirlo todo, narrarla a ustedes, mis lectores, que son pocos pero son.


autos usados

lunes, 9 de febrero de 2009

Dos motivos para hacerme una paja

A mi mano y a todas aquellas que me procuraron algun placer.




No me hago una paja hace semanas, si no meses. En realidad no lo necesitaba, pues hasta hace poco he tenido una agitada y bastante activa vida sexual y justamente eran mis novias(os) las o los que me las hacían. Aunque ahora, tal vez por las cosas horrendas que escribo o simplemente por que me he propuesto que así sea, mi rutina sexual se ha reducido a efímeras erecciones nocturnas y a pequeñas secreciones matutinas en mis calzoncillos. Pero lo que presencie ayer frente al gran espejo de mi sala, fue el detonante del que es posiblemente uno de mis mayores miedos y traumas desde que andaba en pañales: el acne. En mi rostro cansado y maltratado, tal vez por el exceso de maquillaje, habían aparecido un par de granos inescrupulosos, señoriales, humillantes, que humedecieron mis ojos y que le devolvieron a mi mente, esos momento de mi pubertad en que me burlaba de mis pobres compañeros que tenían poblada la cara de bultos rojos, dispuestos a reventar en cualquier momento y arrojarte su contenido. Uno de ellos era Adrian, mi mejor amigo (y si Dios que es tan misericordioso quiere, mi futuro esposo) y yo me burlaba de él aduciendo, estupidamente claro, que su acne era producto de su falta de sexo o en todo caso de la falta de una mujer y lo comparaba conmigo que en ese tiempo tenía mujer, una mujer que paradójicamente también fue su mujer, y le mostraba mi rostro casi aterciopelado, intacto, sin mancha o raspón alguno ; y mírenlo ahora, él es quien tiene un rostro envidiable, una carrera admirable, y sobre todo una suculenta y apetecible mujer, y yo tengo dos horrorosos granos, tal vez nunca tenga una carrera admirable y mucho menos una suculenta y apetecible mujer como la de él. Por eso lo decidí, emulando a esos filósofos amigos míos que conocen uno a uno los secretos urbanos, he optado por hacerme una paja y eliminar a esos malditos intrusos de mi rostro, mientras lo hago voy recordando como comenzó todo en mi infancia, como descubrí mi sexo y aprendí a quererlo y procurarle unos cariños casi diarios.
Eran los últimos días del 2002, año en que acabe la primaria. Mi padre había conseguido llevarme a vivir a su casa luego de una sangrienta pelea judicial con mi madre, yo estaba feliz, poco me importaba el hecho de que solo vería a mamá los fin de semana, yo estaba emocionadísimo pues veía todos los días a papá, algo que no hice antes pues nunca he vivido con él y el máximo de tiempo que habíamos pasado juntos eran dos días a lo mucho. Para convencerme de irme con él, mi padre, que es un zorro astuto, me prometió miles de cosas, que por supuesto no cumplió y justamente ese incumplimiento haría que unos meses mas tarde terminara escapándome de su casa y ocultándome en lugares impresentables y que aprenda vicios que tal vez nunca deba haber aprendido. Me dieron el cuarto de Eddy, el menor de mis tíos y el primer valiente en salir de la abadía en donde mis abuelos tenían enclaustrados a toda mi parentela. Era bastante amplio, su cama era enorme, contaba con un gran televisor y sobre todo, y esto lo hacia un cuarto estupendo, tenía llave. Al principio me daba miedo dormir solo, extrañaba a mamá, extrañaba pasarme a su cama cuando tenía frío, pero esa nostalgia fue menguando con el paso del tiempo y se me olvido aun más, conforme iba conociendo la programación de los canales de televisión en lo horarios prohibidos, en los que ni mamá, que siempre ha sido tan liberal y tan linda, me hubiera permitido verla. Ya me había pasado antes, muchas mañanas frías, había amanecido con algo duro entre las piernas, pero solo me pasaba escasas veces y yo que era un niño tonto, no le tomaba la mas mínima importancia, pero esta vez se me había puesto dura por ver televisión de noche. Mi primera paja fue viendo EMMANUELLE, en el canal 50 ¿Quién no se la ha corrido viéndola? Imaginándola cabalgando sobre uno, en esas escenas improbables de sueños cargados de ficción. ¿Quién no se ha imaginado entrando en ella abruptamente y haciéndola emitir unos sonidos mas que extraños? En ese tiempo tal vez yo era mas varón que ahora y por supuesto me enamore de esa chica que noche a noche, me procuraba placeres inenarrables, placeres que descubría muchos años después con mujeres reales, de carne y hueso, pero que primero descubrí con ella, sobre esa placentera cama. La primera vez que me toque, sentí una mínima sensación de placer, mas que eso, era el deseo de poder eyacular y cuanto mas me esforzaba por hacerlo, me iba dando cuenta de que no tendría éxito. Esto me deprimía y me hacia pensar un largo rato en que tal vez yo no había nacido para eso, y que por el echo de no poder eyacular no tendría descendencia y esto me entristecía aun mas. Me tocaba por horas y así como de sorpresa llego el día en que me vine sobre mi mismo y me sentí un hombre completo, tal vez el mas feliz del mundo, como me sentí cuando debute con una chica; pensé que todos esos malos pensamientos con chicos lindos, habían sido ilusiones pasajeras de un niño confundido y que después de esto solo me tocaría ser un varón circunspecto, que ande eructando y rascándose la entrepierna a cada instante y que valla embarazando mujeres por doquier. Pero esa extraña sensación de sentirme un verdadero hombre duro poco y luego empecé a serle infiel a mi chica imaginaria y a pensar en chicos lindos que había conocido en mi nueva y extraña escuela: Trilce, chicos a los cuales no siempre imaginaría, pues mas adelante terminaría haciendo realidad esas lujuriosas fantasías, pero esa es otra historia.
Tocarme se convirtió en casi un vicio, en un requisito indispensable para dormir las cuatro horas que he dormido siempre y no ha causa de que lo quiera, si no por causa de los malditos horarios del colegio. Luego de eso, y demostrando una vez mas mi estupidez, me propuse hacerme pajas en todas las habitaciones de la casa y así lo hice, tal vez por que soy muy astuto o por que soy un gran pajero, logre acariciarme a solas en el auto de papá, en la sala, en los dormitorios, en la cocina, en el inmenso patio, en la azotea y en cualquier otro lugar de esa enorme casa, que tal vez por los años se me halla olvidado. Y así estuve por meses, si no años, acariciándome, procurándome placeres que estaba seguro no mes los daría nadie, conociéndome, auto-explorándome, hasta que conocí a la mujer que obstruyo que yo me vuelva también una mujer, no se si agradecérselo o reprochárselo, pero lo hizo y desde ese instante olvide acariciarme, tocarme, olvide a EMMANUELLE y conocí otros placeres, tal vez mucho mejores que los que yo con mi humilde y trabajadora mano me podía brindar y esta mujer, que fue mi primera mujer, procuro hacerlo por mi con una destreza insuperable y le agradecí eternamente a Adrian por haberla adiestrado tan bien en las cosas del amor, y ahora que estoy nuevamente tocándome como hace cinco años: solo y en silencio, extraño un poco a Fiorella, un poco a Adrian, y mas pero mucho mas a EMMANUELLE y los evoco a gritos para eliminar a este maldito par de granos, que como dicen mis amigos los filósofos de la calle, solo se borraran con pajas o tirando, que en mi caso, es casi imposible. Por eso ahora me resigno a hacerlo y descubro que no estaba tan mal y me vuelvo a reconciliar con mi mano, que tantos placeres me ha brindado. Mi eterno agradecimiento a mi mano y todas aquellas que me hayan brindado placer alguna vez.

lunes, 2 de febrero de 2009

Juan y la cabina de internet


Conocí ese lugar gracias a mi mejor amiga y a mi mejor amigo, que por ese tiempo eran novios y que procuraban amarse y frotar sus cuerpos en ese reducido espacio, a escondidas y en silencio claro; en ese tiempo ninguno de los dos se imaginaria que terminaría primero, besándome con él y luego, unos años mas adelante, acostándome con ella. Al principio iba solo y me tocaba abruptamente imaginándolos haciendo el amor, ella sobre él o viceversa, besándose, acariciándose, sin hacer ruido y me venia sobre el piso, no era la primera persona del mundo que hacia eso, tal vez por eso pueda explicarse que el piso sea tan pegajoso.
Yo era un chico tonto, sin ilusiones, sin aspiraciones conocidas, al que siempre le ha gustado estar cerca de los mejores, de los mas populares, tal vez por que yo no lo era. Y justamente la primera persona a la que invite a esas cabinas, emulando a mis calentones amigos, fue Juan Malqui, lindo hasta cierto punto, simple, mucho mayor que yo y además un chico popular, tal vez el mas popular del colegio y eso y solamente eso, lo hacia mas atractivo para mi. Es totalmente incierta la manera en que comenzamos a hablarnos, él que estaba en un grado mas que yo, no tendría por que haberme dirigido la palabra nunca, mas él, que era lindo y que inteligentemente procuraba hablarse con todos, lo hizo. Me unía a él también, su estrecha amistad con Adrian, mi mejor amigo y tal vez el hombre que nunca seré, eso y mi escasa simpatía, hacían que Juan pueda reconocerme entre varios otros y por lo menos me pueda brindar un austero saludo y eso por supuesto me dejaba mas que contento, pues Juan que era un chico lindo y popular me reconocía y me brindaba sus saludos, y esto claro, me hinchaba de popularidad entre mis amigos, que en ese tiempo eran muchos, lastima que ahora tal vez por las calamidades que escribo, se estén reduciendo sustancialmente, como los fondos de Wall Street.
Las veces que hable con Juan, o que mejor dicho él me hablo a mí, fueron breves, y siempre trate de ser gracioso y lindo como él, aunque nunca con éxito, pues él era único y eso lo hacia lindo y le procuraba una vida futura exitosa. Ese día en el que me hablo y que yo lo miraba embobado y procuraba sonreírle como un tonto, él vestía una eterna polera naranja, que yo creo que la tenía pegada al cuerpo pues nunca lo vi con otra, usaba una bermuda de jean única también pues la tenía puesta hace mucho, y tal vez nació con ella puesta. Era el verano del 2005, estaba yo cursando un vacacional injusto, cruel, demoledor, además y esto complicaba las cosas, la dirección del colegio me había declarado la guerra y tenía como objetivo separarme de su plantel a costa de todo, guerra que gano al año siguiente, pero contra la cual yo luche como nunca he luchado contra nada, y perdí y por supuesto que en el camino ya había perdido a muchos amigos pues eran personas inteligentes y perspicaces y no convenía hablarse conmigo, pues sabían que tarde o temprano perdería una guerra en la cual luche como nunca y la cual perdí por que soy un tonto. Juan, que era un chico valiente, no se amedrento por las amenazas contra mi cabeza y contra quien este muy cerca de mi cabeza, que rondaban por todo el colegio, y me hablo retando a la directiva que me tenía bien chequeado y con la que ciertamente el se llevaba bien, y por eso le advirtieron cobardemente que se alejara de mí y él que siempre hizo lo que le vino en gana, no lo hizo y por eso esa mañana soleada en la cancha de fútbol recién estrenada, me hablaba, me abrazaba y yo era el hombre mas feliz del mundo, como lo era cada vez que me abrazaba Adrian, o cualquier otro chico lindo. Conversamos cosas tontas, el se ponía de pie y me relataba unas historias falaces que solo yo creía, y mientras estaba parado le veía el sexo debajo de sus ropas y lo notaba grande, abultado, provocador y tal vez fui poco prudente pues él noto mi cierto interés en conocer esa extensión tal vez prometedora de su cuerpo. No le incomodo en lo mas mínimo que lo miraba regularmente abajo, mas bien parecía gustarle y procuraba pararse de la mejor manera en la cual pueda exibirse su posible bien dotado sexo, la bermuda que llevaba puesto ayudaba mucho a que yo con mi imaginación encendida, pervertida y sucia, pueda recrear instantes improbables, teniéndolo a él como principal protagonista. Y hablando de cosas sin sentidos y tal vez envalentonado por mi obstinada mirada a su sexo, me comenzó a decir que conocía unas paginas de pornografía muy buenas, que tal vez yo estaría dispuesto a conocer también, y yo pensaba: claro y tal vez me gustaría hacer pornografía sucia contigo, papasito, pero esto no se lo decía, pues para ser famoso y popular, debes procurar ser lo mas heterosexual posible. Yo le acepte encantado esa invitación suya y ofrecí el mejor lugar que conocía: el hotel al paso de la avenida Venezuela, que fungía para la SUNAT, el municipio de Breña y para cuanto cucufato mas, de unas apacibles e intelectualonas cabinas de Internet. Estábamos cerca, apenas unas cuadras nos separaban del que sería un día imborrable de mi mente y de otras partes de mi cuerpo también, caminábamos rápido, como si fuéramos perseguidos por alguien, tal vez estábamos impacientes por ver esas pornos, o por vernos a nosotros mismos; en el camino me iba confesando su verdadera edad, que era mucho mas elevada de lo que yo pensaba y mientras lo hacia yo pensaba en que tal vez me estaba ilusionando inútilmente y que Juan que era un chico popular y lindo, sea un varón abyecto y yo, que no era popular y dudaba notoriamente sobre mi virilidad este cometiendo el peor error de mi vida. Llegamos y pedimos media hora, el administrador creo que sospechando de mis intenciones o notando que no veníamos necesariamente a buscar información o redactar correos, nos brindo la cabina 11, alejada, cómoda e impenetrable por mirada alguna. Pague yo y pasamos, él se sentó frente a la computadora y yo a su lado, me recosté en su hombro y espere que ingresara a la prometedora Web, lo hizo, el nombre de esta nunca se me olvidara y lo recordare tal vez hasta mi ultimo día de existencia, que puede ser hoy, nunca se sabe. “Leche Caliente”, ese era el nombre exquisito y provocador con el cual habían bautizado a esa Web. La página era una total apología al sexo oral en sus distintos modos y yo la tenía dura, igual que Juan creo, el se la cogía sobre la ropa y me miraba, y yo le rogaba a Dios que eso no fuera un sueño, trataba de contenerme, de permanecer tranquilo ante tamaña provocación. Era una tortura, Juan parecía disfrutarla, me miraba y tal vez se percato del hilo de saliva que trato de salir, inútilmente ante mi intervención, de mi boca; Juan se reía y no demoraba en poner otros videos inmediatamente, y yo lo deseaba con toda mi alma y no sabía como acercármele y sacarle el sexo y besarlo como lo hacían esas lujuriosas chicas de los videos. Entonces me decidí, fue un momento de mucho miedo, me seque las manos que estaban inundadas de sudor y se la cogí sobre la ropa, primero despacio y luego poco a poco y al ver su gesto aprobatorio, un poco mas fuerte. Él me miraba y sonreía y cambiaba los videos inmediatamente terminados, y me preguntaba: ¿Oye que haces?, y yo le respondía: Si no te gusta no sigo ah, a lo que él decía, pues es un chico lindo: si te gusta a ti, sigue no mas; Ahora lo deseaba mas que antes y la tenia bien dura, no se si quería metérsela o que me la meta pero la tenía muy dura, sentía que la pinga podía explotarme. Procure entonces continuar con el siguiente paso e intente, sin pedirle permiso antes, bajarle el cierre, él se opuso o trato de obstruir el acto, que es casi lo mismo, y me dijo que mejor no. Me sentí derrotado, humillado, disminuido y él, que es listo además de lindo, lo notó y me brindo la peor explicación que me pudo brindar en su vida, una explicación memorable, digna de contarla, y así lo hice luego, claro sin el consentimiento de Juan, que me odio mucho después de eso, y lo negó todo, obligándome a rectificarme. Rectificación que no hice en ese momento, rectificación que no haré nunca. Juan me dijo: no puedo, me da vergüenza, la tengo chiquitita, pudo haberme dicho pequeña o chica, pero dijo chiquitita y esto agrando tremendamente mis intenciones por besársela, pues yo, que soy un tonto, imaginaba que era una truco suyo para verse mas interesante y que ese bulto bajo sus shorts, tal vez dos tallas mas chicos de los que el tendría que usar, era un pene enorme, destructor y delicioso. Le dije que no importaba, que esas cosas no son relevantes, y procure irle bajando el cierre mientras le hablaba al oído, dejo que lo hiciera casi a la fuerza, y cuando lo hice, le desabroche esa bermuda que tal vez nunca se había desabrochado y conocí su sexo, que tal vez hubiera preferido no conocer y seguir imaginándomelo, enorme, lindo y sabroso, como él. Le di la razón en cuanto su descripción, su sexo no era pequeño, no era tampoco chico, era chiquitito, vergonzante, minúsculo, propio de un niño de ocho años o de tal vez menos; no lo mire a los ojos pues tenía miedo a reírme y para no hacerlo sentir mal ante mi notorio rechazo, trate de besárselo, pero me fue imposible, juro que me fue imposible, era complicadísimo por eso desistí y comencé a frotárselo y en ese instante, tal vez ni al minuto de comenzar a tocárselo, eyaculo una cantidad inimaginable de semen, que no creí que pueda almacenarse tanto esperma dentro de tan pequeño recipiente. Todo fue a depositarse en sus manos, un tanto mas a las mías y otro poco a su calzoncillo rojo, inolvidable, trate de ayudarlo y limpie mis manos en la pared y le dije que hiciera lo mismo, dejamos unas manchas enormes, notorias, y mal olientes, yo, con el poco que estaba sobre su calzoncillo escribí sobre la pared nuestras iniciales y hoy casi después de cuatro años siguen hay en la maquina once, expuestas al publico en general, que pensara que son las iniciales de un par de chicos enamoradísimos que tratando de eternizar su amor escribieron sus iniciales.
Después de eso, la maquina once y muchas maquinas mas, serian las testigos silenciosas de mis desenfrenos y amoríos locos, pues en ellas, le he hecho sexo oral a medio mundo y claro hay que ser justos, me lo han hecho a mi también. Tal vez algún día haga historias sobre otros acompañantes que fingiendo hacer un trabajo, terminaron pasando a formar parte de mi larga lista de amantes, por ahora mi eterna gratitud a esas cabinas de Internet que fueron mi primer hotel y les prometo, que si algún día tengo dinero, que es improbable, comprare ese local y ampliare los espacios, para que así podamos hacer el amor mas cómodamente.

lunes, 26 de enero de 2009

Como vengarse de una tonta

A Carola, con todo el amor del mundo.



Suena por tercera vez tu celular y ni siquiera lo vez. Sabes que soy yo, por eso no contestas, me odias, me desprecias, no me quieres volver a ver en tu vida, tal vez tengas razón. Sigo timbrándole a tu celular, y me voy dando cuenta que soy un ser despreciable, que no estas tan loca como yo creía, que no exageras, que lo que te hice estuvo mal, que no debí hacértelo, pero a la vez me convenzo que si estuviera en mis manos retroceder el tiempo y hacerlo otra vez, lo haría encantado, te lo mereces.
Fuiste mi novia hace mucho cuando éramos unos niños, pasó todo lo que pasa en esas relaciones: toqueteos temblorosos, roses pélvicos y besos torpes, eso sobre todo, besos bastante torpes, que luego con la práctica se fueron volviendo delicados, apasionados, perfectos; gracias a eso ahora yo me jacto de besar bien, y fueron esos momentos clandestinos, a oscuras en casa de alguien o debajo de las escaleras del colegio, donde me enseñaste a besar, donde aprendimos los dos. Nunca ocurrió nada más, a mi pesar claro, pero fue una linda relación, llena de celitos tontos y de peleas aun mas tontas, y te aseguraría que fuiste el amor de mi vida, pero sabrías que miento y que en realidad no lo eres, ni nunca lo serás.
No fuiste mi primera mujer, pero si fuiste indudablemente la primera mujer que me hizo decepcionarme del amor, o de lo que yo llamaba amor, que no era más que una tonta ilusión. Teníamos algunos meses de ser novios y creo que yo estaba mas enamorado de ti que tu de mi, pero esas cosas pasan, a mi siempre me han pasado, yo te escribía cartas y te ofrecía cosas que jamás cumpliría ni contigo ni con mujer alguna, con un hombre tal vez si, pero ese es otro tema. Nos besábamos regularmente seguido, siempre ocultos en la escalera del colegio, yo me sentía orgulloso de tener una novia como tú y me sentía aun mas orgulloso cuando mis amigos, que no eran pocos, nos veían besarnos; pero ese orgullo se desvaneció en un instante cuando me dijiste que ya no podías ser mi novia, que ya no podría escribirte cartas, y que tampoco, y para mi desgracia, podríamos besarnos ocultos bajo esa gris escalera. Tu excusa -luego me daría cuenta- fue la mas tonta que un ser humano halla podido idear, pero que podía esperar de ti, que lamentablemente no has sido dotada de sapiencia alguna; mi papá ha visto tus cartas y me va a cambiar de colegio,me dijiste casi inundada por tus lagrimas, y yo, que soy un tonto, y en ese tiempo lo era aun mas, te creí llorando también, y te dije que no quería causarte problemas, que prefería dejarte para que puedas estar tranquila, y así fue como finalizo nuestra primera de tantas relaciones, y por lo que paso después, veo que te tranquilizaste muy rápido, pues a la semana te vi de la mano de otro chico, y en ese preciso instante cuando la mano de tu nuevo galán se desplazaba sobre tu cintura, un poco ancha por cierto, fue donde comenzó tu desgracia o para ser mas exactos mi venganza.
Luego de eso volvimos, pero ahora tú mas enamorada de mi que yo de ti, en realidad yo ya no estaba enamorado de ti, nunca mas podría enamorarme de ti después de lo que me hiciste, mi consigna era hacerte lo mismo que me hiciste tú, y así lo hice. No soy un chico atractivo-y lo sabes-pero modestamente me se hacer querer, tuve dos novias mas estando contigo, y no las tuve a ocultas ni nada por el estilo, estaban en nuestra misma aula de clases, muy cerca de ti, pero ninguna se entero, tampoco tú claro, y eso solo reafirma mi buen toreo de la situación o simplemente que tengo una aguda afición por las chicas tontas. Claro que luego revele el secreto de mi infidelidad tripartita, pero fue solo con la intención de que sufrieras un poco lo que me toco sufrir a mí. Luego me terminaste como era obvio, y yo estaba feliz pero no satisfecho, así que te reconquiste y esto nuevamente confirma mi teoría de que eres un tonta, te prometí mil cosas, jure y perjure por todo santo existente que había cambiado, y caíste nuevamente, y volví a creer en mí, y fui el hombre mas feliz del mundo.
Daniela, tu mejor amiga, una victima inocente de una estúpida venganza, victima de la que posiblemente me enamore, pero que antes que eso use para destruirte la vida, y lo hice, pero lamentablemente también me enamore. Lloraste como nunca al enterarte, pusiste a medio mundo en contra mío, pataleaste, me odiaste mas e injustamente odiaste también a Daniela, que no tenía la culpa de nada, pues fue-al igual que tú-una victima de mi egoísmo.
Me sentí mal por ella, por que te confieso que le agarre cierto cariño, aun más del que te tenía a ti por supuesto, pero para mí el fin siempre ha justificado los medios, pobre Daniela algún día escribiré sobre ella, y sobre los besos en partes prohibidas del cuerpo que le di.
Indudablemente no fui la persona que te hizo mujer, en realidad nunca me quedara claro quien fue la persona que lo hizo, pero se lo agradezco, me dejo el camino mas fácil. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer, no éramos novios ni tampoco teníamos ganas de serlo, te dije para vernos y salir a algún lado, aceptaste encantada y yo que se un poco de estas cosas, te hice sentir importante, asediada, y fui galante, te dije lo que querías escuchar y en realidad no se como pero terminamos besándonos y muriéndonos de ganas por acostarnos. Te dije para hacerlo y tu respuesta fue clásica, pero sabía que te morías por hacerlo y me convencía aun mas de eso cuando me dejabas acariciar tu sexo húmedo y poblado de pelo. Fuimos a un hotel pero no nos atrevimos a entrar, entonces te propuse mi casa, que no es un buen lugar para tener sexo, pero mi falo erecto reducía a nada mi raciocinio, que de por sí ya es escaso. Nos amamos sobre el mueble donde tantas veces me ame con Jimena, pero claro, tú ni lo sospechabas y cada vez que entraba en ti pensaba un poco en ella y para ser justo, en realidad pensaba un poco en todas. Me vine en tu vientre, la saque en el momento exacto y no me dio tiempo para a puntar a otro lado, pensé que te molestaría mi torpeza, pero hasta creo que te gusto y creo también que solo fue eso lo que te gusto, pues no volviste a buscarme en muchos meses y te confieso que fueron meses infinitos de auto-tocamientos nocturnos pensando en ti, y fueron interminables la veces que busque tu olor a sexo sobre los cojines de mi sofá, y aunque te hiciste esperar mucho, era lógico que tendrías que volver. Sonó mi celular-como ahora suena el tuyo- y lo conteste de inmediato, eraz tú, realmente me sorprendiste, y no se por que pero se me puso dura ni bien te escuche hablar, parece que mi sexo esta aprendiendo a reconocer la voz de mis amantes. Me dijiste que habías roto con tu chico, que necesitabas hablar con alguien y claro, yo tenía que ser alguien, por eso me ofrecí de inmediato; que excusas tan tontas pones para tirar, pensaba, y talvez estaba equivocado pues cuando te vi, no note que tuvieras ganas ni siquiera de besarme. Conversamos un poco de todo, en realidad tú hablabas y yo solo deseaba acostarme contigo, perdóname la franqueza pero me resultaba bastante complicado tratar de entenderte y a la vez imaginarme encima de ti. La tenía dura, y tú hablabas de no se que; no sabía que diablos hacer para cambiar de tema, así que te invite a comer pues imaginaba que tal vez era eso, que necesitabas algo de alimento para poder abrir las piernas con facilidad, y lo imagine mal, pues te tragaste todo el KFC que yo nunca he comido en mi vida y aún así tenías hambre. Salimos de ese frívolo local, donde he comido la ensalada más asquerosa de mi vida y te pedí irnos a un lugar mas tranquilo, después, tengo mas hambre, me dijiste con un gesto de mendigo y por supuesto que no pensaba gastarme mas dinero en esa inmunda franquicia, así que te lleve aun chifa, no era un chifa barato, ni siquiera era modesto, era un chifa mas bien caro, pero chifa al fin y esto por supuesto mato toda mi pinta de galán acaudalado que te fui vendiendo y extinguió tú mas ínfimo deseo de querer acostarte conmigo. En realidad fue otro gran error llevarte a ese lugar, y esto solo confirma que no soy bueno para estas cosas, gaste mucho más de lo que gaste en el anterior, pues ahora yo también me aventure a probar esos manjares que se fueron repitiendo con algo de prisa, y haciendo unos cálculos simples la cuenta bordeaba las tres cifras, estoy loco pensaba, estos son el polvo y la puta mas caros de mi vida. Íbamos terminando y yo la tenía nuevamente dura, cuando fuiste al baño a contestar un celular que solo tú escuchaste, yo te mire despreocupado, te desvestía con la mirada, luego volviste y me dijiste que tendríamos que posponer nuestros planes para otro día, que tu padre estaba furioso y que ni bien acabáramos ese opíparo banquete, servido a costa mío claro, te tendrías que ir. Te odie, todo mi deseo por poseerte se convirtió en un deseo de humillarte, no me podía contener si no me paraba en ese instante podría haberte lastimado. Me pare, fui al baño, no te pedí permiso para hacerlo claro; ya en el me mire en el espejo y me di vergüenza, y descubrí que a pesar de las ganas que tenía por arreglar las cosas acostándome contigo, nunca se podrían arreglar pues mi destino sería siempre vengarme de ti y ahora tenía una oportunidad mas que buena para hacerlo. Sabía que no contabas con mas dinero que el que te permitía desplazarte austeramente en un microbús, sabía además que deseabas que te preste algo de dinero, y entonces no se me ocurrió mejor idea que irme, dejarte sola con la comida a medio terminar y además con una cuenta inmejorablemente grande, que no la pagarías ni con tu cuerpo (que no es muy bueno), como quería que me la pagues a mi, y tú que eres tonta y quisiste ser mas lista que yo, no supiste aprovechar. Salí del restaurante fingiendo hablar por celular y llamando un poco la atención del personal de servicio, que viendo a mi acompañante cómodamente sentada, se despreocuparon un poco. Me preguntó, cual abra sido el momento exacto en que te percataste de mi ausencia, me hubiera encantado ver tú rostro incomodo al notar mi demora.
Estoy en el taxi rumbo al frío distrito donde vivo, o mejor dicho sobrevivo. Me rió solo ante la mirada extrañada del viejo conductor de ese estrecho vehiculo, siento mi celular vibrar y no lo contesto por que eres tú; ahora tú haces lo mismo no me contestas y tal vez también te ríes, pero tú tienes la culpa de todo, por haberte ido con otro cuando estaba enamorado de ti, por comer tanto, por impedir que esta tarde nos revolcáramos un rato, o por simplemente ser una tonta y confiar en mí. Tal vez nunca mas me vuelvas a dirigir la palabra, pero ya no me importa, me he vengado de ti y soy el hombre mas feliz del mundo.



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miércoles, 14 de enero de 2009

Papeles invertidos

Dedicado a J. R. "Ch", que fue mi amante por una noche, y que sera mi amigo por siempre.






Sebastian Gonzáles es un ex alumno del colegio Praga, que se desempeña prematuramente a sus diecisiete años, en un modesto empleo, que le deja ganancias suficientes para satisfacer sus antojos adolescentes y a veces más que eso. Este empleo entre otras cosas, le ha traído como consecuencia un distanciamiento notable y alargado de sus antiguos compañeros de clases; los cuales no trabajan, no estudian, o si lo hacen, lo toman deportivamente, como quien pasea al perro o va al gimnasio. Estos compañeros suyos, han incubado desde la infancia toda clase de vicios, malacrianzas y quien sabe que mas taras sociales, de las que por supuesto Sebastian como su amigo, no ha estado exento; mas, ahora que trabaja, o que según él lo hace, se ha apartado drásticamente de la collera escolar, y para ser mas específicos de toda vida social existente, la cual estando él, en el amanecer de la juventud, es extensa.
Sebastian es un joven que ha sabido hacerse extrañar entre sus compañeros de clases, no digamos que es un joven altamente imprescindible, pero de una u otra manera siempre ha mantenido un cierto liderazgo frente a los demás, el cual se ve reflejado en el respeto que ha sabido ganarse en el grupo. Otro que ha demostrado su innato liderazgo grupal es Joel Rodríguez, apodado quien sabe por qué como el “Chachis". El Chachis no era el prototipo de líder de cualquier banda, es mas, tampoco era el prototipo de hombre exitoso o de hombre al fin; tenía un linaje andino perceptible a millas, era mas bien flaco, de poco paso por la ducha, de andar desarreglado, de apariencia descuidada y sus dientes auriverdes reflejaban el no uso de cepillos dentales en meses, si no años, en fin todo este conjunto de características nada gratas, hacían posiblemente del Chaschis un hombre impopular e impresentable, pero él que era mas que listo, había sabido adaptarse al grupo y no contento con eso, ganarse un lugar bastante apreciable dentro de este. Sin contar que el Chachis era un experto en la organización de cualquier tipo de reunión, fiesta, reencuentro, actividad pro-fondos, etcétera; y cabe resaltar el éxito de estas actividades, siendo él, conocedor de medio mundo. Sebastian y el Chachis siempre se han llevado más que bien, ninguno de los dos recuerda el momento exacto en que la vida cruzo sus destinos, pero saben que desde que esto paso, solo les ha quedado llevarse bien y hasta el momento, lo van haciendo de maravilla; y aunque ellos no se han vuelto a ver la cara desde el final del quinquenio escolar, se siguen recordando con la nostalgia que solo se puede tener por alguien que se quiere.
Ha pasado mucho tiempo desde el momento en que se dejaron de ver, y han sido muchas también las ocasiones en que Sebastian ha sido invitado a esos reencuentros infaltables que tienen todas las promociones secundarias del mundo, mas él, con argumentos improbables se excusaba de no ir; pero esta vez, quizá por esas fatalidades de la vida, todo seria distinto. El reencuentro seria en casa de Gustavito Arce, un joven apuesto, mas bien alto y de una atractiva timidez, la reunión pintaba bien: poca gente, chicas lindas, chicos aun mas lindos, y sobre todo gente con dinero, o por lo menos con algo más de dinero que toda la promoción, obviamente estaría también el Chachis, que no era un chico lindo y mucho menos una chica linda y complicando aun mas su ya desastrosa situación, no contaba con mucho dinero. Sebastian estaba nervioso, pero ¿Porque estarlo? Tal vez intuía el futuro trágico de ese infortunado reencuentro, o tal vez el echo de su desaparición de escena por tan prolongado tiempo lo hacia buscar una manera de reintegrarse a un grupo del cual se había autoexiliado. Todo estaba pactado para las cinco de la tarde, y Sebastian, que es un joven puntual, estaba listo desde antes, y ya rumbo al encuentro pensaba, notoriamente fastidiado, que llegaría muy temprano. Pero no fue así, el denso trafico y uno que otro vehiculo agonizante que terminaba su vida sobre las bombardeadas pistas limeñas, hicieron que Sebastian llegue mucho después de la hora pactada. Lo bueno se hace esperar, pensaba mientras tocaba el timbre e imaginaba a sus compañeros abrazándolo, preguntándole que ha sido de su fatigada vida, y él, que nunca tuvo a la modestia como virtud principal, diciéndoles que todo esta perfecto, que la vida le estaba sonriendo, y que tiene unos excelentes planes a futuro. Pero al entrar, su imaginación cual copa de cristal atraída por la gravedad se despedazo a miles de partículas irreconocibles y sobre ellas, solo tres personas mirándolo, depositadas mas que sentadas sobre un largo sofá marrón y él aun pasmado, parado bajo el marco de la puerta mirándolos y fingiendo una sonrisa, que mas que sonrisa parecía llanto. Ingresó lentamente, aun sintiéndose engañado por los ojos, mantenía los labios estirados hacia ambos lados del rostro, paso a saludar a los solitarios espectadores, del que hubiera sido su espectáculo, mas no se sentó por que intuía que no estaría en esa casa por mucho tiempo. Conversaron lo mínimo, la charla estaba llena de monosílabos, de histriónicas sonrisas y de alguno que otro vaso de gaseosa, en eso, llego la persona en la que Sebastian guardaba su única esperanza: El Chachis. Y no llegó solo (pues él nunca andaba solo), trajo consigo a una decena de acompañantes que eran ni más ni menos los asistentes descritos mentalmente por Sebastian, chicas lindas y de poco beber, chicos apuestos de beber apresurado y así todo se fue convirtiendo en una irresoluble jornada alcohólica, de esas que no se realizaban hacia un buen tiempo.
Pero Sebastian notaba la falta de alguien en ese ambiente jubiloso y el Chachis era sin duda esa persona. Lo busco con la mirada y lo encontró arrinconado sobre la pared, ausente y en silencio, como nunca lo había estado, se le fue acercando y Chachis sin percatarse (o percatándose, nunca se sabrá) se dirigió al baño, entro y cerro la puerta, Sebastian lo siguió y lo espero afuera, aunque lleno de impaciencia por la demora toco la puerta y esta se abrió al parecer sola, entro al instante y encontró a Chachis sentado sobre el inodoro llorando inconsolable; Sebastian consiguió, con algo de esfuerzo, calmarlo y le pidió irse a un lugar mas tranquilo, el Chachis acepto resignado ofreciendo su casa, Sebastian dudo un poco antes de aceptar, pero su amistad (o su curiosidad) pudieron mas. El Chachis vivía en un barrio antiguo de Lima, en una casa más bien vieja, antidiluviana, de estrepitosas escaleras, las cuales parecían venirse abajo con el pisar de los dos amigos. Ingresaron a la casa, estaba algo entrada la noche, el Chachis le pidió a Sebastian que no hicieran ruido por un rato, hasta que su mamá concilie el sueño, así lo hicieron. Sebastian conocía a la madre de Chachis, era una mujer de aspecto simple, sin encanto alguno, pero de una fuerza de voluntad única; la conoció hace algunos años y desde ese momento ella le agarro un insólito cariño, es que Sebastian siempre se llevó bien con los padres de sus amigos, incluso mejor que con ellos mismos. Aprovecharon el tiempo para ir a comprar cervezas y comer algo, cuando regresaron trajeron consigo tres cajas de cervezas, que con el pasar de las horas, y entre charlas y llantos fueron vaciando su contenido. El Chachis le confeso a Sebastian el verdadero motivo de su llanto: me internaran en el ejército en una semana, le dijo entristeciendo. Sebastian curtido de mas de caja y media de cerveza, lo tomo como una broma y se rió a fuertes carcajadas, que molestaron a Chachis y este se defendió, es de verdad huevón y yo no me quiero ir, yo no sirvo para el ejercito, me van a hacer mierda, dijo con la voz mas que quebrada. No seas loco, tómalo como unas vacaciones, que daría yo por ir al ejercito y ver a tanto chico guapo, le dijo tratando de ser gracioso. No, no yo no quiero ir, por favor no dejes que mi papá me lleve te lo suplico Sebas, le dijo ahora, llorando y aferrandose a él como un niño. Sebastian acarició su maltratado cabello y lo echo a su lado e intento hacerlo dormir, pero para su sorpresa y en plena oscuridad, Chachis fue acercando el aliento a su rostro y termino frotando sus labios con los de Sebastian, y este percibiendo su rancio sabor del licor en sus labios, y aun sorprendido, correspondió sus besos sin dejar de acariciar su pelo, su rostro y ahora otras partes mas de su maltratado cuerpo. Conoció el minúsculo sexo del Chachis con las manos, percibiendo su pequeñez, bajando hacia el cegado por la falta de luz, y lo beso despacio, probando su desaseo y su inmundicia, lo lamió apresurado sacándose la ropa al igual que Chachis, luego corrieron a la cama, se echaron y frente a la inminente copula y comprendiendo Sebastian su posición en esta, le dio la espalda a Chachis invitándolo a entrar en él, pues lo esperaba ansioso, masturbándose y gimiendo, se esta haciendo esperar, pensaba, pero la penetración nunca llego, por eso volteó excitado besando nuevamente a Chachis y era este el que ahora le daba la espalda, Sebastian no lo comprendía, Chachis nunca tuvo fama de ser maricón, mas bien era rudo, y hasta parecía homofóbico, era por eso que verlo hoy, de espaldas, abriendo sus nalgas y ensalivándolas lo hizo despertar del trance en el que estaba, ese trance ocasionado por el alcohol y por no poderse contener ante los besos del Chachis, trance que pudo evitar, negándose como siempre a asistir a esa tonta reunión a la que nunca debió asistir…

Continuara

jueves, 8 de enero de 2009

A mi abuelo, en la eternidad

A Luis Ramiro Granadino Loayza, por haberme dado los mejores años de mi vida.




Querido abuelo:


Espero, al escribirte esta carta, no causarte ninguna molestia, ya que lo que quiero es manifestarte por medio de está, algunas cosas que por motivos que solo tú y yo conocemos, no he podido hacer y quizá ya no podré hacer jamás.

Quisiera comenzar diciéndote que te extraño como no he extrañado a nadie nunca, que tu desaparición física ha dejado en mí una soledad imposible de llenar con nada, ni con nadie. Quisiera decirte, que ver a diario tu cama vacía, intacta y tal cual como la dejaste, me hace suspirar y de vez en cuando, una lagrima circunda mi rostro entristecido desde aquel febrero maldito, en que te fuiste, sin estar yo cerca de ti. Ha pero solo de vez en cuado me permito humedecer los ojos, pues tu siempre me has dicho que los hombres no lloran, y aunque yo no estoy tan seguro de serlo, nunca haré nada que te haga pensar que no soy el nieto varón que siempre esperaste y que por culpa de la genética o no se bien por culpa de quien o que, no puedo ser.

Te deje morir, pensando que nunca morirías. Te olvide, pero se por mi abuela, que tú nunca me olvidaste, pues tus ultimas palabras fueron hacia mi; dopado e imaginándome a tu lado, y que yo, que soy un idiota y que no percibí en lo mas mínimo tu inminente deceso, no pude escuchar y ahora, que te fuiste, no podré escuchar jamás. No pude verte morir, pero estoy seguro, de que tú me veras por siempre, quizá desde el cielo: en el cual ni tu ni yo creemos, o donde se halla dispuesto tu alma, que es igual de sabia que tú, ha reposar por la eternidad; y me veras por siempre con ese ceño fruncido y con esa mirada tierna que delataba tu amor por mi, aunque tú, que eras frió, o decías que lo eras y que me inculcabas que lo fuera yo también, no querías delatar. Olvide tu agonía, acostándome con una mujer que me olvido mas rápido de lo que yo podré olvidarte a ti; pero tu nunca me reprochaste nada, estabas orgulloso de que tu nieto, por desgracia el mayor de los varones, tenga una novia; que gran error abue, debiste de reprochármelo, como lo hizo mi madre, desde el primer momento en que la lleve a la casa, quizá a ti si te hubiera echo caso; pero lamentablemente no fue así, y termine dejándote morir, por follar un rato, y justo así: follando, fue como me entere de tu muerte, cosas de la vida, o tal vez así lo quisiste tú.

Ahora entiendo que si en alguna oportunidad tus palabras fueron duras, y en algunos casos mas que eso, fue para que entendiera las cosas de la vida, que ahora que estoy solo, golpea aun mas mi sufrida existencia,y ten por seguro, que así mi carácter testarudo( notoriamente heredado de ti) haya reflejado no oír ninguno de lo reproches o consejos, que me brindaste a miles, hoy los recuerdo cada uno con una nostalgia infinita, y te juro abue, que daría todo lo que tengo en esta vida, que es poco pero es, por siquiera oír un monosílabo salido de tus partidos y secos labios.

Cada vez que escribo, siempre pienso en ti. Y si llego a escribir en realidad alguna vez, siempre estarás presente en mis relatos, como estarán presentes en mi, esas largas horas de enseñanza: de cuentos, de historias, de fabulas; y te prometo que si algún día llego a ser abuelo, que lo dudo, intentare imitarte, recopilare tus historias, esas que tanto me divertían, y las retransmitiré a mis nietos, aunque claro, nunca como tú, que eres un genio, que siempre lo serás. Cada vez que veo la hora en mi reloj o en algún otro, me acuerdo de ti y de tus carajeadas, ante mi terquedad de no entender que el palito mas chico marcaba la hora y el mas largo los minutos y no en viceversa como decía yo, totalmente convencido de que fuera así; cada vez que me amarre los zapatos, te recordare, enorme como eras, tratando de atar mis pasadores destruidos por el uso, y yo suplicándote que no lo hicieras tan fuerte, por que sentía que me estabas rompiendo los pies. Cada vez que oiga palabras como: Valentía, responsabilidad, disciplina y generosidad, me acordare de ti, no muerto como te vi en ese frió congelador, si no vivo, maldiciendo a curas y monjas y a todo que se jacte de ser religioso, insultando a mi abuela por su cucufateria, besándome la frente y pidiéndome disculpas por mi padre, que me hacia llorar desde lejos, lo que nunca me hizo llorar nadie que estuviera cerca. Me acordare de ti también, cada vez que este frente a una computadora y recuerde las innumerables veces que me llamabas para ayudarte en algo tan simple como levantar un lapicero o tan complicado para ti, como lo era vestirte, y yo que siempre andaba complaciendo a mis amigos del Chat, antes que a cualquier otra persona del mundo, hacia renegando y pidiéndote que no vuelvas a molestar, a lo que tu contestabas proféticamente: “tú me vas a cambiar de ropa hasta el día en que me muera”; y así fue, te vi después de semanas, si no meses, tu cuerpo punzado, quien sabe cuantas veces, estaba desnudo, helado, como no te vi nunca, y tal vez no hubiese querido verte así, pero te cambié despacio, con toda la paciencia del mundo, observándote inerte, pálido, hinchado, sobre una mesa fría, pero nunca tan fría como lo estabas tú. Ahora te vestí y te peine, como lo hacia siempre, la diferencia era que esta, seria la ultima vez.

Papito, me hubiera encantado conocerte aun mas, y tal vez que tu me conocieras a mi. Pero ya es tarde, ya no estas aquí, y en realidad, hay muchas cosas de mi vida que prefiero que no sepas, por que me avergüenzan, y si las supieras no tuviera nunca, el coraje o la sinvergüencería de mirarte a la cara.

Solo quiero decirte una cosa abue: Siempre estaré orgulloso de haber tenido un abuelo como tú y siento mucho no haber podido ser el nieto mayor (y varón) que tu merecías, y lamento también no haber siquiera echo el intento de serlo, pero abue, yo se que tú algún día me entenderás y me perdonaras por ser un marica, y porque cuando intente no serlo junto a una mujer, me olvide de ti.

Abue, te prometo que no me olvidare nunca mas de nadie, por una mujer o en todo caso, nunca se sabe conmigo, por un hombre. Te prometo también que velare por mi abuela como lo hubieras echo tú, que tratare, ojo solo tratare, de entender a mi padre, y que seré el profesional que siempre soñaste que fuera, y aunque quizá no pueda ser el militar que me instabas a ser, dado que soy un verdadero cobarde, seré un profesional que deje en lo mas alto tu apellido importado, del que te sentías orgullosisimo, y que nunca, pero nunca, me volveré a olvidar de ti y si es que no nos volvemos a ver nunca mas quiero que sepas que eres el mejor padre del mundo, y que te amo mucho...


Cuídate, y si puedes, cuídame a mí también.


Tu nieto que te quiere y nunca te olvidará


Diego

PDT: Leere esta carta el día de tu misa.

UD. ES LA VISITA NUMERO:



micodigo

lunes, 5 de enero de 2009

Historia de navidad II

A Gabriela Damian, con todo cariño.



Manuel aun estaba dormido, quien sabe que abra estado haciendo mientras Paolo se divertía sobre Carmen. Tenia el sexo afuera y dormía enroscado sobre el sofá de su sala. Paolo sonrío al verlo en ese estado y salio de la casa sin hacer ruido, aun no podía creer lo que había echo esa noche, pero ¿Jimena lo merecía?
Es veinticinco de diciembre, un sol radiante anuncia una mañana prometedora. Paolo no tiene más que nueve soles en los bolsillos y sabe que no le alcanzarán para nada. Hace simples cálculos mentales y se convence de que estaba en problemas: tenia que salir con Jimena, imposible con nueve soles. Además, y no se si para complicar aun mas las cosas, es navidad, y claro, Paolo tendría que haberse tomado la molestia de comprarle a Jimena algún obsequio, pero no lo hizo. Es que Paolo siempre fue así: descuidado, olvidadizo y además, y esto complica mas las cosas, siempre andaba con poco dinero.
Ahora Paolo entra a su casa, todos duermen. Cierra la puerta despacio y se dirige en silencio al baño ha mojarse la cara, y con eso, devolverle la vida a su adormitado ser. Ya en el baño se ve frente al espejo que ahora refleja: un rostro trasnochado, con claros signos de no haber dormido nada, un rostro adolorido, preocupado, avergonzado, un rostro que solo pueden tener las personas que han hecho algo malo y que son conscientes de ello. Se moja varias veces, intentado con eso, borrar los signos que dejan las amanecidas en el rostro. Luego se dirige al cuarto de su madre, la ve dormir profundamente y ve también sobre su cama una gran cantidad de regalos, que sin duda eran de ella. Jimena ya tiene regalo, pensó. De inmediato busco el más adecuado, había: blusas, carteras, zapatos, nada del gusto de Jimena, pensaba Paolo. Se sintió perdido, esa era la única alternativa para encontrarle un regalo adecuado a Jimena, pero tuvo suerte, aun envuelta en papel de regalo encontró una billetera de cuero blanco. Le encantara, pensó. La guardó y salió del cuarto tal y como entro: rápido y en silencio.
Ahora solo faltaba obtener el dinero que pueda financiar el encuentro con Jimena, esa en realidad, era la tarea más difícil. Paolo no era bueno pidiendo dinero, nunca sabía justificar un fin para la cantidad solicitada, o simplemente siempre andaba peleado con sus padres, y por lo tanto estos se negaban a dárselo. Pero esta vez, en la que realmente necesitaba una cantidad considerable de dinero, no escatimaría esfuerzos por conseguirla. La robare, pensó. Y así lo hizo. Sin escrúpulo alguno se dirigió al cuarto de su abuela, que siempre dejaba su cartera en su mesa de noche. Será fácil, pensó. Y comenzó acercarse con la cautela de un ladrón profesional, y es que solo en estos momentos uno va descubriendo que no solo nace con el don de sumar o escribir bien, si no también el de hurtar bien, y en este caso, Paolo lo estaba haciendo de maravilla. Ya frente a la mesa de noche, a la cual llego reptando, Paolo tomo la billetera de su abuela, la abrió y vio entre otras cosas: papeles con signos ilegibles, monedas de tiempos incalculables, y una foto suya de cuando era un niño, un niño que jamás hubiera pensado robarle dinero a su abuela, pero que hoy lo hacia, y es que eso hace el amor o lo que Paolo, que no sabe nada del tema, llama amor. Paolo, sin pensarlo dos veces, coge un billete de cincuenta y de uno veinte soles, deja la billetera tal y como la encontró, o por lo menos intenta dejarla así, y se dirige con más prisa que antes a su cuarto y coge la ropa que se pondrá mas tarde cuando se vea con Jimena. Paolo es listo, sabe que si se cambia en su cuarto, su madre descubrirá que él estuvo hay esa mañana, y por lo tanto no tendría que pensar mucho para dar con el autor del robo del dinero de la abuela, así que no dejara ninguna huella de su paso por la casa, esa mañana soleada de veinticinco de diciembre.
Jimena se ha despertado temprano, no tanto como Paolo, pero si considerablemente temprano para ser un día festivo. No había podido dormir la noche anterior, pero pensar en Paolo y en el encuentro amoroso previsto para mas tarde, la impacienta y la hace buscar una manera de escapar del riguroso castigo dado por sus padres. Y estaba en eso, cuando se le ocurrió la idea de acompañar a su madre a visitar a su hermano que moría de cáncer en el Hospital Loayza, y luego ya fuera de su casa, irse con Paolo y no volver nunca, o por lo menos y para ser más realistas, al anochecer. Y así lo hizo. Le hizo saber a su madre el deseo ferviente de visitar a su tío enfermo, este gesto fue bien recibido por esta, que atribuyo el cambio de actitud de su rebelde hija, a un milagro navideño. Jimena se arreglo lo mejor que pudo y salio del brazo de su madre a visitar al tío en enfermo, que quien sabe quizá se halla muerto de tanta bulla, la noche anterior. Paolo hacia mucho que no estaba en casa, se había ido primero a buscar a Manuel, y al no tener respuesta por el intercomunicador, se fue a tomar desayuno a uno de esos puestos ambulantes que son causantes de tantas emergencias hospitalarias. Tomaba un café y devoraba, con un hambre bien ganada, un pan con relleno, esperando la llamada de Jimena. Esta no demoro mucho en llamarlo, ni bien salio de su casa Jimena busco la manera de liberarse por un momento de su madre y corrió al primer teléfono público a llamarlo. Esté contesto al instante y lo primero que le dijo fue que la amaba y que no había dormido nada la noche anterior pensando en ella. Jimena le dijo casi lo mismo, y le dijo también que se encontraran en una hora en el Hospital Loayza, porque había conseguido la manera de salir de casa visitando a su moribundo tío. Paolo se rió a carcajadas y felicito a su novia por esa gran idea, nunca se me hubiera ocurrido, le dijo. Jimena se rió también y con una voz algo apenada dijo, pobre mi tío, y se despidió diciendo que lo amaba. Paolo estaba orgulloso de Jimena, quizá no era muy buena para las labores escolares, pero elaboraba siempre unos planes macabros para beneficiarse así misma. Paolo enrumbo sin apuro al hospital, había en la calle mas gente de la que el pensaba, y cuando se iba acercando mas al nosocomio esta se multiplicaba, acaso solo en navidad la gente se acuerda de los enfermos, pensaba. Y también le venia a la mente el hecho de que los visitantes de ese hospital, estén hay por la misma razón que él, que es, la de un amante desesperado en busca de su prisionera novia. Al llegar todo estaba como lo imagino, gente por montones, con bolsas, paquetes y Dios sabe con que otras cosas más. Este es el peor sitio donde uno puede esperar a su novia, pensó. Se sentó donde pudo, pero en un lugar visible, cerca de la puerta principal y esperó. Jimena no tardo en llegar, sostenida del brazo de su madre busco al instante con la mirada a su trasnochado novio. Lo encontró le guiño el ojo e ingreso a paso ligero al hospital, no sin antes hacerle unas señas indicándole que espere. Esta hermosa, pensó Paolo. Jimena demoro mucho en salir, causado la molestia de Paolo, pero ni bien lo hizo calmo con un prolongado y sobrexcitado beso, toda maldición vertida sobre ella y sobre su madre a causa de su demora. Vámonos rápido, que mi mamá piensa que estoy en el baño, le dijo Jimena tomándolo del brazo y llevándolo en dirección a la avenida Alfonso Ugarte. Ya en la avenida, tomaron un taxi, en realidad Paolo no sabía a donde irían, pero Jimena, que siempre lo tenía planeado todo, ya sabia donde irían. Le pidió al taxista que los lleve a la avenida José Granda, cerca de la huaca Palao. Dentro del taxi, la espera se hacia infinita, y mientras se besaban con una incandescente fogosidad, el taxista los observaba por el retrovisor, Jimena le preguntaba a Paolo como había pasado su noche, Paolo no demoraba en entristecer el gesto y decirle que la paso muy mal sin ella. Jimena por esas palabras lo besaba y lo comenzaba a tocar hay abajo, donde las chicas decentes nunca tocarían a sus novios. Ha Paolo le incomodaba el hecho de tener a un taxista de espectador, así que procuraba no dejarse llevar por sus bajos instintos. Cuando llegaron, Paolo pago el taxi y bajaron con la prisa de dos jóvenes que no aguantaban el deseo de estar juntos. Jimena le dijo que irían al hotel de siempre, pero esta vez, por ser una fecha especial, irían a la habitación más cara. Claro como tú no la pagaras, pensaba Paolo. Y lo pensaba injustamente por que muchas veces cuando como hoy no podían aguantar el deseo del uno por el otro de poseerse, fue Jimena, que siempre tuvo más plata que Paolo, la que financio las jornadas amatorias. Ni bien llegaron, pidieron el cuarto mas caro, que en realidad no era caro, pero era mejor decir que si lo era. Eran visitantes conocidos así que no les costo mucho registrarse y mentir una vez mas, diciendo que el DNI aun seguía en tramite. Paolo ingreso con Jimena al cuarto no sin antes pedirle a la recepción gaseosas y piqueos, mas no condones, pues siempre se venia afuera, así que seria un gasto tonto, pensaba. No esperaron siquiera un minuto después de haber cerrado la puerta para desvestirse y besarse todo lugar del cuerpo posible de besar. Jimena mostraba sus imponentes senos, que sin lugar a duda era uno de sus principales encantos. Paolo los besaba, los chupaba, los mordía, nunca antes Paolo beso sus senos como ese día, y por eso Jimena estaba mas que excitada, y siguiendo con el programa Paolo tendría que pasar a besar otras partes escondidas del cuerpo de su amada, por eso la beso en la boca y fue deslizando sus delgados labios por ese cuerpo blanco como la leche y fue llegando a su aterciopelado vientre, desde donde se percibía un remoto abismo, al que Paolo fue besando cada vez con mas fuerza, besando y chupando, como si de eso dependiera de existencia, como si fuera la ultima vez que lo hiciera, como si intuyera que luego de ese día, serian pocas las oportunidades en que lo haría. Jimena abrió las piernas, con Paolo aun besándola hay abajo, esté comprendió la señal y en vista de que el protocolo así lo exige, ingreso en ella con toda la delicadeza de un ceramista, sus sexos se frotaban uno con otro y Jimena gemía y arañaba la espalda de su amante, que ahora movía su pelvis cada vez mas fuerte y le decía que la amaba, que nunca se acostaría con otra mujer, aunque en el fondo pensaba en Carmen, y se imaginaba haciéndole el amor a la luz del día, en ese mismo lugar, sobre esas sabanas celestes y de pronto, y quizá ayudado con el recuerdo de Carmen, Paolo olvido sacar su sexo para eyacular y se vino todo dentro de Jimena, que seguía moviendo su pelvis en busca de mas placer, Paolo no se lo hizo saber y siguió moviéndose abruptamente, aunque quizá la flacidez de su sexo lo iba delatando. Paolo fingió venirse y corrió al baño, a Jimena le molesto que hiciera esto, hubiera preferido que te vengas, le dijo. Paolo se disculpo desde el baño y le pidió que lo acompañara a que se dieran una ducha. Jimena accedió y se dirigió al baño mas entusiasmada por reanudar los frotamientos sexuales, que por bañarse. El agua estaba mas que fría, el sexo de Paolo se redujo a la más mínima expresión, siempre me pasa, se excuso con Jimena, está se rió y comenzó a besar su sexo de una manera casi profesional, una manera netamente artística, que consiguió, con algo de esfuerzo, levantar al pequeño Lázaro que ahora crecía a dimensiones difícilmente alcanzables. Jimena no perdió el tiempo, se sentó sobre él, y comenzó a cabalgar como una verdadera Amazona, y era ahora, Paolo quien emitía sonidos onomatopéyicos, y con eso, aumentaba considerablemente la excitación de la indomable Jimena. El agua helada que brotaba desde la ducha, había dejado de ser un impedimento para el sexo, y se había convertido en un factor que acrecentaba el clímax entre los amantes y fue también el factor que hizo que Paolo olvidara nuevamente sacar su sexo antes de venirse en Jimena, pero trato de arreglar las cosas, quizá tardíamente, y le pregunto a Jimena, luego de venirse en ella, si podría vaciarse, ella en lo mas alto de su clímax acepto, con la condición de que no pare de entrar en ella una y otra vez. Paolo lo había echo otra vez.
¿Acaso no mide el riesgo que esto puede significar? ¿Acaso no recuerda a cada momento el fracaso de la relación de sus padres con su inesperada llegada? ¿Acaso no se había jurado a si mismo, que no cometería los mismos errores que sus padres, y que no tendría hijos hasta que halla terminado por lo menos de estudiar una carrera decente? ¿Acaso estar enamorado significa dejar de pensar con la cabeza y dejarse llevar por lo que dicen lo huevos?
¡Que le costo a Paolo adicionar a su pedido de Snack y bebidas, un par de condones que no le hubieran costado ni la mitad de lo que le costo lo otro! ¡Paolo, eso es lo que siempre ha querido tu padre, que te calientes por algún culito bonito, que la llenes, que la embaraces, y con eso que te tragues todas tus palabras e insultos en contra de él! ¡Paolo, eso es lo que siempre han querido los que dicen que nunca vas a triunfar y ser nada en la vida, y a los que tu respondes siempre diciendo que ya verán y que algún día cuando seas alguien te cagaras de risa de ellos! ¿Paolo, que dirá tu madre? Que siempre te ha cubierto en todo. ¿Pero te podrá cubrir de esto?
Jimena y Paolo ahora duermen mojados sobre ese silencioso colchón, testigo de sabe Dios, cuantas jornadas amatorias y embarazos no deseados. Jimena abraza a Paolo y quizá dentro de ella ha comenzado una vida, o quizá no. Pero lo único que le queda claro a Paolo, es que ese no fue un buen día para él y quizá para nadie.



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