martes, 30 de junio de 2009

LA ELECCIÓN SERÁ DIFÍCIL

A mi viejo.


¿Qué hora será? cinco para las doce, muestra el despertador. Carajo, ya no llego donde mi viejo.
Es el día del padre. No es un buen día para mí, tal vez porque por ahora no quiero ser padre y también porque imagino que nunca lo seré. Después de descubrir que le he fallado a mi viejo una vez más, decido, en una sangrienta lucha con mi orgullo, llamarlo para disculparme y no contento con eso, tal vez enviarle un regalo. Debe estar donde mi abuela, pienso y llamo a su casa.
-¿Alo, buenos días? –contesta Mercedes, la buena señora que acompaña a mi abuela hace muchos años.
-Alo, buenos días Mechita- le digo tratando de afinar mi adormitada voz- te habla Diego, ¿estará mi abuela?
-Joven que gusto, ¿Qué ha sido de usted? –me dice la buena Mercedes- sí joven, ahoritita le paso.
Un breve silencio causado seguramente por la mano de la buena Mercedes, que precavida como ella sola, cubrió el teléfono para que no oyera los probables improperios que diría mi abuela al enterarse de la llamada de su nieto prodigo.
-¿Alo? –la fría voz de mi abuela al otro lado del teléfono.
-Alo abue, buenos días –le digo tímidamente- soy Diego.
-¡Que milagro que llamas, ingrato! –me dijo mi abuela- ¿a qué debo el honor?
-Bueno abue, llamaba para saludarte y saber cómo estas pues –le miento.
-Yo muy bien mi amor, de un lado para el otro –me dice con una voz amorosa que no recordaba- justito ahoritita estoy esperando a tu tíos para ir al cementerio a ver a tu abue. Por cierto, ¿Ya llamaste a tu papi no? ¿Has ido al cementerio a ver a tu abuelo, verdad amor?
-Sí abue, de hecho –le vuelvo a mentir, descubriendo que mi papá no esta con ella- lo llamé temprano y justo ayer también fui al cementerio, hoy día hay mucha gente.
-Bueno si amor, es verdad, pero a mi me llevan tus tíos y ellos deciden –me dice algo exaltada- mas bien cuando hables con tu papi dile que aunque sea le de un telefonazo a su madre. ¡Ay no se que habré hecho yo para tener unos hijos y unos nietos tan ingratos! ¿Le dices ya?
-Sí abue, no te preocupes yo le digo –la tranquilizo.
-Cambiando de tema precioso, ¿no creas que me he olvidado ah? –me dice más tranquila- aquí tengo tu regalo.
-¿Regalo de que, abue? –le pregunto desconcertado.
-¿Cómo qué de qué? de cumpleaños pues amor, cómo te haces el sonsito ¿no? –me dice.
-A sí claro, de cumpleaños, que mongo. –le miento totalmente desconcertado pues mi cumpleaños es en octubre- Un día de estos lo voy a recoger abue.
-Sí amorcito cuando quieras –me dijo- pero me das un telefonazo antes para decirle a Mechita que te prepare tus tallarines rojos.
-¡Umh! Me vas abrir el apetito abue –le digo- años que no como los tallarines de Meche.
-Si pues, con esa locura de vivir solo seguramente no te estas alimentando bien, –ahora su voz a cambiando, la siendo reprochándome- debes estar todo flaco y pálido. Ya eres mayor de edad amor, ya tienes que ser más responsable.
-Sí abue, tienes razón, pero no creas, estoy gordísimo –le digo tratando de calmarla.
-Si claro gordísimo, tonterías hombre. Aliméntate bien amor, no vas a llegar a mi edad si sigues así –me dice- Hablando de otra cosa, ¿Ya sacaste tu libreta electoral no amor? Ahora que andas solo, tienes que estar documentado, estamos rodeamos de tanto
cholo-delincuente que uno nunca sabe.
-Claro abue, ya saque mi DNI, ahora se llama así –le miento- y no te preocupes, yo se me cuidar.
-Me parece muy bien amor, tenemos que tener cuidado pues si sale el cholo de Humala, la guerra con Chile es inminente –me dice mortificada.
-Tienes razón abue, si sale Humala estamos fritos, yo ni loco voto por él.
-Claro mi vida, por eso ahoritita tienes que irte al partido a sacar tu carné, aprovecha que todavía nos quedan dos años en el gobierno. Tienes que meterte a cualquier ministerio y asegurarte amor. ¿Por cierto, estas yendo a la JAP no? –me recomienda y pregunta mi abuela.
-Ya no mucho abue, para que te miento –le digo- lo que pasa es que el trabajo no me da tiempo para nada.
-Esos trabajos son temporales amor y además son cualquier cosa, tienes que asegurarte en alguna entidad del estado, si quieres yo mañana mismo llamo al mismísimo Alan y le digo que te coloque- me dice.
-No abue, no te preocupes, que vergüenza con el presidente, estará bien ocupado con los problemas en la selva –le digo- mañana mismo voy al partido a tramitar el carné.
-¡Ay mi amor, que orgullo! –suspira orgullosa- contigo comienza nuestra cuarta generación aprista, tu abuelo estaría orgulloso de ti. Prepárate bien en la JAP amor y por tu inteligencia y viveza de seguro llegaras muy lejos, tienes en la sangre la política.
-Gracias abue, pero exageras –le digo- aunque te cuento que hace poco asistí a una reunión de juventudes que hizo Keiko y mi discurso fue uno de los más aplaudidos, luego converse con ella y me pidió que apoye su campaña del 2011.
-No lo puedo creer… –su voz había cambiando, era fría y seria- ¿Qué hacías tu reunido con la hija del dictador que no hizo tanto daño?
-Bueno abue, me invitaron, no tiene nada de malo escuchar sus ideas –me defendí- además no te he dicho que he aceptado, ni siquiera he pensado en eso.
-Sí tiene todo de malo. Sobre mi cadáver vas a apoyarla. Esa china felona quiere lavar tu cabecita y cómo se ha dado cuenta que eres súper inteligente te quiere jalar para su jauría –me dijo molesta- Se cree muy segura de ganar porque esta primera en las encuesta, pobre diabla, no sabe que es el presidente es el que maneja las encuestas para que se confíe y al final pierda.
-Es verdad, lo mismo hizo con Lourdes, pero abue, no te enfades, ni siquiera pensaba votar por Keiko. Ella lo único que quiere es sacar a su padre de la cárcel.
-Claro amorcito, todos son una sarta de delincuentes, rateros –me dijo- ¡Ay amor, del coleron siento que me ha subido la presión!
-Abue tranquilízate, ¿Cómo crees qué voy a votar por ella? –la trato de calmar- en la pelea también esta Toledo, el representa el mismo modelo económico, él podría ser una opción.
-Ay amor, como crees. –me dijo más calmada- Ese cholo lustrabotas es un ignorante, terminará por destruir con sus borracheras todo lo que ha logrado nuestro presidente.
-En eso discrepo contigo abue, -le digo- creo que Alan heredó el modelo de Toledo, por eso le esta yendo bien. En buenas cuentas, Toledo no fue tan mal presidente que digamos.
-Tú eres muy inocente para darte cuenta de las cosas, precioso. –me dice amorosamente- Cuando crezcas un poquito más te vas a dar cuenta de las cosas, de la maldad de la gente. Ese cholo es un malvado y además no da la talla.
-Tienes razón, abue- le doy por su lado.
-Y ya quítate esas cosas de la cabeza.- me dijo- Tu voto tiene que ser para el presidente.
-Pero abue, el presidente no puede ser candidato, la constitución se lo prohíbe –trato de explicarle.
-Ay amorcito, que constitución ni constitución –me dice- el mismito presidente me ha dicho que será candidato y él es un caballero, y los caballeros jamás le mentirían a una dama.
-Pero abue, con eso estaría violando la constitución y un caballero tampoco hace eso –le digo algo mortificado por la noticia.
-No amorcito, siempre hay formas –me dice- siempre las hay. Ahora me voy precioso, ya llegaron tus tíos y me están esperando en el carro. Te me cuidas ¿Si? y no te olvides de rezar. Bye Bye amor.
-Chau abue, cuídate – alcanzo a decirle.

Solo me queda decirle a toda la gente de mi generación, entiéndase a todos los que por primera vez ejerceremos el deber cívico de votar y elegir a la persona que administrará nuestra nación, lo hagamos a conciencia, sabiendo que de eso dependerá nuestro futuro, y sin exagerar, el de nuestros hijos.

Diego Granadino.

lunes, 22 de junio de 2009

¡SEBAS HA VUELTO!

Al ratón, por recordarme que pese a todo soy bisexual.

"No recuerdo todo lo que hicimos esa noche, pero no solo descubrí la madurez de su mente sino también de su cuerpo y especialmente la de su sexo, que estaba enorme. No recordaba haberlo dejado así, su ingreso fue doloroso pero lo disfruté..."


Sebas volvió después de mucho tiempo. Ni bien llegó fue a buscarme, tocó mi puerta y no me encontró. Está trabajando, si viene llega más tarde, si no ya no aparece hasta mañana joven, a veces se va donde sus papás o donde la señorita Fernanda, le dijo la empleada. ¿Qué habrá pensado en ese momento Sebas? me pregunto; ¿Diego trabajando?, se habrá preguntado. Sebas me esperó sentado en la vereda del frente, sabiendo que tal vez demoraría horas o que simplemente no llegaría, nunca lo sé, nunca tengo nada planeado. Él tenía la certeza que ese día estaría ahí, de que bajaría en la treinta y nueve de la Brasil y que entraría a Sáenz peña, el largo jirón diagonal y caminaría las cinco cuadras que llevan al mar, ese mar que me vio crecer, en el que fuimos felices. Así fue.
No creo en el destino, pero ese día pude haberme ido a cualquier otra parte, a ver a Fernanda, que anda más preocupada en nuestras células que se multiplican en su vientre que en mí (algo que también debería preocuparme a mí, pero a estas alturas ya nada de lo que haga me sorprende o preocupa), a casa de Claudia, Manuel o simplemente al fin del mundo, pero no, ni bien salí de la oficina, como por un mandato divino, me fui directo a casa.
La última vez que lo vi aun era novio de Fiorella. Me dolió mucho separarme de él, pero tuve que hacerlo, no tenía opción, era Fiorella o él. Las ganas de seguir teniendo sexo, y bueno no seré mezquino, el amor, hicieron que le dijera a Sebas que se fuese, que buscara a sus padres y que no vuelva más, pues solo nos haríamos daño. Él, que es la persona más orgullosa que he visto nunca, ni siquiera me lo reprochó, tan solo se fue y ya, nunca supe nada más de él pues antes de irse, y con el propósito de hacerme sufrir, borró todas las huellas del camino que me pudiesen llevar hasta él.
Los primeros meses de su ausencia fueron terribles, estaba realmente desesperado, obsesionado por volverlo a ver, incluso pensé en dejar definitivamente a Fiorella por él, me lo había jurado, si regresa me quedo con él, me decía. Pero fueron pasando los meses y me fui olvidando de esperarlo, de preguntar por él a todo el mundo, me olvidé hasta del peculiar sonido de voz.
Sebas no fue la única persona con la que engañé a Fiorella, pero si al que más quise, con el que más disfruté, con el que aprendí a jugar con fuego. Fiorella siempre supo lo nuestro pues yo antes de ser su novio, fui su gran amigo (esto mucha gente lo ha olvidado, incluso yo), se lo conté como se lo contaba todo, le dije que Sebas era un mocoso con el que me acostaba, que me gustaba mucho, y ella que es linda y me quería, me preguntaba por él o sobre las cosas que hacíamos, cosas que parecían divertirle. Pero cuando nuestra amistad se desbordo y peligrosamente se fue convirtiendo en lo que al final fue, las cosas cambiaron. Yo sabía que esto pasaría y ese era uno de mis grandes temores, por eso antes de comenzar a jugar a ser novios, le dije que yo no cambiaría en nada y no porque no quisiera si no porque no podía, que no dejaría de estar con chicos, no dejaría de pensar en ellos, de desearlos y claro tampoco de acostarme con ellos. Yo le dije todo esto con el propósito de que desista, de que se procure por su bien una vida sosegada lejos de mí y de mis desenfrenos amatorios, pero sorprendentemente no lo hizo y yo imaginé haber encontrado a la chica perfecta. Al final las cosas nunca sucedieron así. Fiorella terminó celándome de todo y yo, que soy un tonto, me fui acostumbrando a ese régimen dictatorial que a la larga me privó de todo, incluso de mí mismo.
Así fue como desapareció Sebas. El olvido fue muy cruel, lo desterró por completo de mi mente, ni siquiera dejó que pudiese recordarlo para producirme placer frotando mi entrepierna o para escribir algun artículo basado en nuestra historia y publicarlo en este blog, que es casi lo mismo.

Eran casi las siete de la noche, la fría brisa del mar me golpeaba de frente, yo caminaba hacia él observándolo a lo lejos, viendo su inmensidad, su majestuosidad, estremeciéndome con su sonido. A pesar de que he vivido en Magdalena desde siempre, nunca miré tanto al mar como esa tarde. Unos bulliciosos niños pateaban sin reparo una pelota sobre la pista, al mirarlos envidiaba su felicidad, su inocencia, su despreocupación. ¡Cuánto daría yo por volver a ser como ellos!, pensaba. Y en eso, pude reconocer a su único espectador. ¿Qué? ¿Sebas? Nicagando, me dije. El corazón a punto de estallar, la sonrisa enorme, la sensación de estar soñando. Pero ahí estaba él: sin inmutarse, sin sonreírme, sin quitarme la mirada de encima, esa mirada fría y provocadora que me conquisto hace mucho, cuando él tenía doce y yo quince.
No encontré sorpresa en su rostro, parecía que no nos hubiésemos dejado de ver nunca, parecía que nuestro secreto aun estaba intacto, que ninguna mujer había transgredido nuestras vidas y que, si lo deseábamos, volveríamos a ser los amantes fogosos que fuimos, aunque ahora, ya los dos con mucha más experiencia.
Sebas no se movió de la vereda, fui yo quien se acercó a saludarlo y mientras la distancia se acortaba, pude notar que el incontrolable pasó del tiempo se había llevado consigo todos esos rasgos del niño que conocí. Ahora tenía frente a mí a un adolescente distinto, tal vez más bello, pero desaliñado, mal vestido, totalmente descuidado. Él no era el Sebas que conocí. Nos dimos la mano, traté de disimular mi sorpresa, le hablé como siempre, como si nunca nos hubiésemos separado. Su voz era distinta y en eso, debajo de su mentón una cicatriz enorme; le pregunté como la obtuvo y me reveló que estaba en pandillas y drogas, pero que eso había sido lo ultimo, que ahora quería cambiar y que por eso me estaba buscando. Me dolió escucharlo decir eso, la vida siempre fue dura con él, primero el abandono de sus padres, luego la muerte de su abuela y ahora esto. Recordé que yo también estuve en drogas y que solo por la ayuda de alguien especial pude salir de ellas, por eso me propuse ayudarlo. Me senté a conversar con él, quería enterarme que fue de su vida, si tuvo enamoradas, si lo hizo con otros chicos, si fue feliz. Sus respuestas eran secas, como si no quisiera contarme nada, entonces no insistí, pero no me sorprendió enterarme que no acabará el colegio o que se dedicará a robar. Luego me dijo que tenía hambre, que si podía invitarle algo en mi casa; lo dudé un poco, pero luego casi por obligación acepté hacerlo pasar. Sabía que no podría con la tentación de tenerlo tan cerca, que tal vez esa noche y tal vez, todas las que me queden de vida, traicionaría a Fernanda con él.
Ya en mi casa, se devoró la media torta de chocolate que sobro del cumpleaños de mi mamá, se tomó mi última botella de yogurt y luego, confirmándome que era él y no un impostor, eructó de una manera prolongada.
El tiempo pasó volando, sin darnos cuenta habían pasado muchas horas. Vimos algo de televisión, en realidad solo cambiábamos de canal una y otra vez, yo estaba nervioso y presentía que él también. Estuve esperando que llegada una cierta hora Sebas se despidiera de mí y se fuera, pero esa hora no llegaba y el tiempo seguía transcurriendo. En eso sonó mi celular, era Fernanda preguntándome si la iría a ver, me puse nervioso, le inventé cualquier excusa para no ir, le dije cosas bonitas y me despedí rápido. Cuando colgué tenía a Sebas a mi lado cagandose de risa.
-Otra vez en las andadas Dieguin- me dijo.
-Pero esta vez es definitiva-le respondí sonriendo también.
-Eso dices siempre, lo mismo me decías con la otra chibola y ya vez- dijo Sebas.
- Sí, pero ella sabía todo mi pasado. Me paraba jodiendo contigo y con los otros huevones- le dije –en cambio la de ahora no sabe nada, y es mejor así.
-Dile la verdad huevón- dijo Sebas- si la quieres dísela, por que de todos modos se va a enterar.
-No es que no sepa nada- le dije, tratando de defenderme- de hecho algo sabe, pero piensa que es joda, que lo hago por llamar la atención. Además ya no me preocupo mucho, porque esa nota ya la dejé.
-Entonces que se joda por cojuda- dijo Sebas acercándoseme- ¿Estas seguro que ya la dejaste completamente?
De pronto lo tenía nuevamente tentándome, como cuando era un niño y me incitaba a que lo hiciéramos. No me hubiese perdonado perder esa oportunidad.
-Hace tiempo que no vuelvo a las canchas- le dije tratando de seguir su juego –pero mi regreso tiene que ser glorioso, con alguien especial.
-¿Alguien especial cómo quien?- me preguntó mirándome a los ojos y tomándome del cuello.
-Alguien cómo tú- le dije dejando que se abalanzara sobre mí.
No recuerdo todo lo que hicimos esa noche, pero no solo descubrí la madurez de su mente sino también de su cuerpo y especialmente la de su sexo, que estaba enorme. No recordaba haberlo dejado así, su ingreso fue doloroso pero lo disfruté, como disfruté también sus besos y las innumerables caricias que nos brindamos. Decidí que no nos cuidáramos, en realidad no lo decidí, así se dio, cuando pude reaccionar ya lo tenía sobre mí. Y ahora, escribiendo esta historia y viéndolo dormir desnudo sobre mi cama, empiezo a sentir miedo, pues quien sabe con cuantos o cuantas se habrá acostado.
Sebas se quedará conmigo hasta que el quiera irse, nadie lo sacará, mucho menos ahora, que quiero convencerlo de que nos hagamos la prueba de Lisa.

lunes, 15 de junio de 2009

EN ESPERA DE LA REGLA


Dedicado a FARR, espero tu llamada.

"...esto me hace pensar que esta loca y que la quiero, pues cualquier otro ser humano al enterarse que ha sido fecundada por células confundidas y enfermas como las mías, tendría que estar mas que alarmado..."


Este tendría que ser otro acontecimiento anecdótico dentro de los tantos que he tenido o que tengo y que además, siendo consecuente con mi vocación literaria (o destructiva), estoy dispuesto a compartir; pero este –particularmente- es un artículo que me preocupa escribir, es una historia impensable, que no estaba planeada, lo cual es contradictorio con mi personalidad calculadora y muchas veces manipuladora. Por eso tengo mucho temor al hacerlo, pues no sé exactamente que será lo que pase mañana lunes cuando Fer, como tantos de ustedes lo lea, pues como ya es conocido en mi circulo de amigos íntimos, a ella no le gusta aparecer o figurar en nada y mucho menos en este Blog venido a menos. Le molestará muchísimo que su privacidad se vea violentada por comentarios viperinos, que nuestra intimidad se vea ventilada y expuesta a gentes malintencionadas a las que ella –que no puede ser todo lo hipócrita que soy yo- odia y desprecia con una furia divina.
Pero eso no es lo que más me preocupa, lo que me tiene realmente en vilo es que hace mas de dos semanas Fer tendría que haber menstruado y que tal vez en una caprichosa venganza de la naturaleza aun no lo ha hecho. Ella, que es prudente, no me lo había comentado, pero la noche del viernes, frente al malecón de Magdalena, me confesó que la maldita regla no llegaba y que era probable que esté embarazada. Me lo fue diciendo tranquilamente, como si esto no le pesara –esto me hace pensar que esta loca y que la quiero, pues cualquier otro ser humano al enterarse que ha sido fecundada por células confundidas y enfermas como las mías, tendría que estar mas que alarmado- pero Fer estuvo serena, bromista y esto me aterra, pues creo que no estaría en sus planes deshacerse del bebe, algo que yo tal vez si estaría dispuesto a hacer.
No deseo que nadie pasé lo que estoy pasando (bueno tal vez si lo deseo, pero no esta bien decirlo) No saben lo terrible que es no saber si la maldita regla llegará o no, tener que ir imaginando el posible discurso que utilizaras para convencer a los padres de tu novia de que serás un joven responsable que sabrá cubrir las necesidades de su hija y de su posible nieto.
Realmente no sé que pasó, tal vez dejamos de cuidarnos un par de veces, aunque es cierto, con eso sobra, pero me jode que sea justo en este momento de mi vida, en el que por primera vez siento que me va bien, me jode que me tenga que pasar por casi lo mismo que mi padre, pero toda esa rabia se difumina al mirarla a los ojos, al saber que si mis temores fuesen ciertos ella sería la madre, la madre mas linda del mundo, una madre a la que no voy a abandonar nunca. Voy a apoyar la decisión que tomé, la que sea, no la cuestionaré, solo me preocuparé en hacerla feliz, procuraré ya no causarle molestias y si para esto es necesario cerrar este Blog, pues así será.
El decírselo a mis padres será un problema que prefiero evitar, además no creo que les importe mucho, les importaría si es que tal vez su presupuesto se viera afectado, pero eso nunca pasará, felizmente tengo un trabajo hace mas de un año, que bien o mal me ha procurado ahorros y uno que otro placer, así que mis padres no tendrán que enterarse de nada, por lo menos por ahora.
No sé si fue un error no protegerme, tal vez estábamos tan seguros de nosotros mismos que decidimos jugárnosla y esto solo me demuestra la confianza y al amor que puede sentir Fer por mí, pues de otra manera, y siendo ella una chica tan precavida, no hubiese dejado que una porción prolongada de mi cuerpo entre en ella. Fue tal vez la emoción de las primeras veces, yo no hacía el amor hacía mucho tiempo, y quiero aclarar que hacer el amor no es depositar una cantidad reducida de semen en un orificio femenino o masculino (nunca se sabe conmigo) si no conocer el cielo en esos momentos, a veces fugaces, es morir de a pocos en sus brazos, es sellar un pacto de complicidad eterno, irrompible, que perdurará en la memoria por siempre, así los protagonistas quisieran olvidarlo.
Me encantaría tener un hijo con Fer, pero no sé si ahora me encuentre preparado. Tal vez nunca lo estaré pues nunca he estado preparado para nada, esta en mis genes, en mi forma de ser, en mi manera de pensar. No quisiera cometer los errores que cometieron mis padres, no quisiera que mi hijo pague culpas ajenas, que sufra por mis errores, que se avergüence de sus padres. Quisiera que sea feliz, que descubra en sus padres unos cómplices eternos que lo apoyarán por siempre incluso cuando se encuentre equivocado.

Son las tres de la mañana y hasta el momento Fer no me ha llamado, no sé que decisión tomará, solo espero que si toma alguna, más que por amor, por respeto me la haga saber, pues no quisiera volver a pasar lo que pasé alguna vez: eso nunca, no lo esperaría de ti.
Solo quisiera decirte algo, pues sé que estas leyendo esto, te amo y te voy amar pase lo que pase, solo eso...

Diego.

lunes, 8 de junio de 2009

LA TERCERA NO FUE LA VENCIDA

A la doctora Cachetada, que no sé quien es, pero a cuyas terapias me han recomendado que asista.

"Yo quería que ella sufriera al verme morir asfixiado,desangrado, cercenado, que ella se sintiera culpable de mi triste final y no se sorprendan, suelo tener esos arranques terroríficos; pero analizando la situación lo hice en un intento desesperado por que vuelva conmigo..."


Me intenté quitar la vida por primera vez, el día en que mi abuela no me dejó asistir a la fiesta de cumpleaños de mi amigo Joseph, el chico más popular del San Francis, y al cual buscaba imitar siempre. Ir a esa fiesta me permitiría –en mi reducido razonamiento- congeniar con el grupillo influyente del colegio y con eso poderme autodenominar como “chico popular” –que era, en mi época escolar- uno de mis mayores anhelos. A mis cortos once años, este hecho debió ser tomado en cuenta, pero como a veces papá y mamá, siempre ocupados en sus cosas, se olvidaban de mí, todo pasó como si nada y un par de años después, cuando me expulsaron de Trilce, intenté –con algo de más suerte- terminar con mí existencia. Esta vez la cosa pasó a mayores y tal vez resignados, mis padres tuvieron que asistir conmigo a sesiones aburridísimas en donde una psicóloga, la cual por cierto necesitaba más ayuda que yo, pues era una solterona que vivía rodeada de gatos negros a los cuales besaba y acariciaba exageradamente, como si esto le produjera algún placer sexual. Era la primera psicóloga que visitaba en mi vida y siempre tuve la impresión de yo era más listo que ella y desde un inicio comencé a mentirle y a no confiarle mis cosas, pues gracias a papá, que siempre es tan imprudente con sus comentarios, descubrí que todo lo que yo –en mi inocencia o estupidez- le confiaba, les era retransmitido y en muchos casos exagerado en secreto, para agravar mi estado clínico y agravar también sus no baratos honorarios. Por eso no volví a decirle la verdad a esa señora, que de vez en cuando me inspiraba lastima, sobre todo cuando descubrí que todos sus gatos eran machos y tenían nombres de varón como: Manuel, Gerardo, Renato. Pero un día mis padres dejaron de asistir conmigo y fue en ese momento que comencé a tenerle miedo. Ya no me pedía que me siente frente a ella, si no a su lado y de esa manera me interrogaba por horas, acercando su rostro al mío exageradamente y fue en uno de esos interrogatorios en que me formuló por primera vez, una pregunta que me harían cientos de personas luego y reconozco que aunque siendo yo, un mentiroso titulado y consagrado, la forma tan directa con que la hizo y esa mirada penetrante que me tenía inmovilizado, hicieron que me costara algo de trabajo responderle. ¿Te gustan o te han gustado los hombres? Obviamente le dije que no y probé mi teoría con el hecho de que hasta ese momento había tenido nueve novias. Mi rostro comenzó a arder, supe que fue mala idea aceptar que mis padres que llevarán donde esa loca y los odié no solo por eso, si no por que osaron contarle a esa desconocida algunas de mis conductas, que tal vez le hubiesen hecho pensar eso, que posiblemente era verdad, pero en ese momento y mucho menos a ella, no estaba dispuesto a revelárselo. Yo estaba realmente ofendido, pues todas las preguntas que siguieron, fueron relativas a ese tema y en su clásico consejito final trató de animarme a que me aceptara a mi mismo, a que le gritara al mundo mi verdadera forma de ser, yo solo la miraba y le deseaba lo peor: ¿Quién mierda serás tú, vieja bruja, para decirme lo que tengo que hacer?, pensaba. Nunca mas volví a su consultorio y siendo franco, no creo que sus sabios consejos me hubiesen ayudado en algo, pues hace algún tiempo, sumergido en una profunda depresión causada por que mi novia de ese entonces me había dejado, intente quitarme la vida por tercer vez.
La tercera es la vencida, me dije. Yo quería que ella sufriera al verme morir asfixiado,desangrando, cercenado, que ella se sintiera culpable de mi triste final y no se sorprendan, suelo tener esos arranques terroríficos; pero analizando la situación lo hice en un intento desesperado por que vuelva conmigo, quería que mi estado lastimero logré ablandar su corazón de concreto y pueda perdonarme la canallada que le hice, pero no lo logré y claro, tampoco me maté, pero quedaron nuevamente demostradas dos cosas, que soy un idiota y también un cobarde, pues coño, hay que tener unos huevos de carajo para matarse.
Estuvo mal hacerlo, lo sé, y me juzgarás si es que nunca te haz enamorado, pero yo que sí lo estuve o lo estoy, podría volverlo a hacer, no una sino muchas veces mas. Ahora sé que no hubiese valido la pena mi muerte, a ella no le importaron mis amenazas y mis suplicas, todo lo contrario, le parecieron graciosísimas, aún recuerdo su humillante risa al verme con mi correa en el cuello, y fue ese desinterés suyo el que me salvo la vida, fue el que me ayudo a descubrir que no era la chica de mis sueños, que podría vivir sin ella. Fue difícil, fueron meses de lucha con la nostalgia, con las personas o lugares que me recordaban a ella, luché en silencio y poco a poco le fui ganando a la memoria, que un día dejo de recordarla y ese día murió ella y renací yo.
Todavía no he tenido los suficientes huevos para matarme, pero les aseguro que lo haré, no sé si de golpe o paulatinamente, pero sé que lo haré, pues tengo, reposando en mi mente y en mi alma, un peligroso instinto suicida, un coraje escondido que esta siendo aplastado por mi cobardía, por mis ganas de vivir un poco mas la vida y por que tengo la certeza de que algún día seré escritor, un escritor de adeveras, no uno que solo hace artículos para su blog, solo en ese momento dejaré de ser un cobarde, solo en ese momento podré morir en paz.

lunes, 1 de junio de 2009

EL INTELECTUAL MEDIOCRE

A mí mismo, aunque no me lo merezca.

"Tal vez no gane ningún premio, pero le robará, de eso sí estoy seguro, unas cuantas lagrimas a mis padres y ese será mi mayor reconocimiento..."


Acabo de terminar de escribir el penúltimo capítulo mi novela. Nunca pensé que pudiese lograrlo, nunca pensé que me sería tan fácil. Ya esta próximo el final y eso en vez de alegrarme, me entristece. Quisiera tener mas anécdotas, memorias o simplemente ideas con las que pueda rellenar algunos capítulos mas de mi libro, pero no puedo (y ciertamente, tampoco quiero esforzarme), pues las no pocas drogas que he ingerido, las infinitas horas en las que pudiendo dormir no lo he hecho y esas ganas naturales que tengo de no hacer nada que sugiriera algo de esfuerzo, me lo impiden.
Desde los catorce años soñaba con escribir una novela y tal vez el culpable tan precoses delirios fue Vargas Llosa, que con su novela La tía julia y el escribidor, inició en mí una serie de procesos mentales difíciles de explicar, que me llevaron un día de enero, el del cumpleaños de papá, a decirle a toda la familia que sería escritor, que sería como Varguitas. Por supuesto, la noticia no fue bien recibida por la familia, que me incitaba desde que tengo uso de razón (ósea desde hace muy poco), a estudiar medicina, como todos los miembros de la familia. Mi papá fue el más reacio, con sus acostumbrados comentarios hirientes, trató de avergonzarme frente a la familia diciendo que los escritores eran unos ganapanes, viciosos, muertos de hambre y principalmente, y era lógico que esto resultara siendo lo peor, unos maricones. Esto, como casi todo lo que me han dicho mis padres, en vez de acomplejarme o asustarme, me impulsó a que discretamente siga leyendo al genial Vargas Llosa y a que en secreto intente escribir algunos cuentos, de los cuales, por culpa de mi padre, no ha quedado rastro alguno.
Papá fue muy drástico cuando se enteró que persistía con la manía de escribir, sabía de mi carácter obstinado y tenía que ponerle coto a esa locura, por eso, desapareció todas las novelas de Vargas Llosa de la casa (novelas que recién ahora y con una inversión elevada de dinero he podido volver a comprar), me quitó el acceso a la computadora y me inscribió a una serie de cursos de verano, que me permitirían, en su razonamiento, ocupar mi tiempo y olvidarme de mi nueva vocación. No lo logró, que me encuentre escribiendo estas líneas es un ejemplo de eso, pero esa acción pudo calmar la profunda excitación literaria que sentía en ese momento y la hizo descansar por meses hasta que el día en que murió mi abuelo, me prometí y le prometí a su cuerpo putrefacto, que volvería a escribir.
Mi abuelo no murió hace mucho, un año y medio tal vez, y con su muerte reavivo mis ganas de escribir, de escribir sobre él.
Me ha salido una novela de los cojones. No sé si es buena o mala, solo sé que me salió de adentro. Tal vez no gane ningún premio, pero le robará, de eso sí estoy seguro, unas cuantas lagrimas a mis padres y ese será mi mayor reconocimiento (o venganza), será el galardón que espero por años y será el estandarte con el que les demostraré a los incrédulos, que pese a todo pude ser escritor, tal vez uno malo, pues nunca estuvo en mi genética ser bueno en nada, pero escritor al fin.
Mi novela es el más grande tratamiento psicológico que me hayan realizado antes, es la carta más grande y ofensiva que le haya escrito a alguien y es sobre todo, el trabajo al que le he puesto mas empeño en mi vida y por ende el que más sacrificios me ha procurado. Sacrificios de toda índole, desde el más simple entretenimiento, hasta el tener que dejar de lado algún tipo de placer sexual, que es por supuesto de lo que más me arrepiento. A causa de esta novela también, mi devastado cuerpo se ha ensanchado sin medida y aunque muchas veces he tratado de ponerme a dieta, sentarme por horas frente a la computadora crea en mí un hambre voraz, que termina por destruir cualquier régimen alimenticio, y claro, en un tiempo no muy lejano, terminará por destruirme a mí.
Luego de esta novela no sé si tenga ganas (o vida) para escribir otra. No tendría nada que decir, todo lo que se me ocurre o lo que no, por eso miento, lo escribo aquí en este blog austero, que nunca tendrá los visitantes que tiene el del amigo Renato Cisneros, pero al cual recurro todos los lunes para emanciparme y para cumplir de a pocos ese sueño que me inquietaba hace algunos años, el de ser un escritor conocido.
He discutido, para variar, hace algunos días con papá. Él me recrimina, con argumentos discutibles, esa obstinación mía por escribir, por dejar de lado, momentáneamente, cualquier actividad académica, cualquier centro de estudios, y me ha pronosticado pitonisamente, con ese léxico envidiable que maneja, que seré “un intelectual mediocre”, cosa que no discuto ni discutiré, pues, aunque me apene, es verdad. No podría ser de otra forma siendo su hijo. Mi ascendencia genética me ha condenado a serlo. Pero la gran diferencia, papi, es que yo no estaré condenado nunca a ser algo que no me apetece ser. Seré siempre lo que quiera y a hora lo que quiero(o a lo que estoy condenado), aunque les duela, es a ser un intelectual mediocre, que es al fin y al cabo, mucho mas divertido que ser un padre fracasado.

Diego Granadino


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